*Gobernar y desobedecer*, Agustí Colomines

 Barcelona. Lunes, 13 de diciembre de 2021. elnacional.cat

1. El activismo sin estrategia es pura reacción. La estrategia, en cambio, es un arte. El arte de proyectar, coordinar y dirigir grandes movimientos para conseguir una finalidad. La independencia de Catalunya, por ejemplo. ¿Quién puede negar que el independentismo no tiene una estrategia clara incluso desde antes del 1-O? La unidad entre los partidos es inexistente. Lo curioso es que Esquerra y Junts compartan gobierno, puesto que, por el momento, no coinciden en casi nada sobre en qué fase estamos, por lo tanto, en el diagnóstico, ni hacia dónde ir. No es que los republicanos y los independentistas ofrezcan grandes soluciones. Unos y otros están estancados. Esquerra ha caído en la trampa del PSOE y su apuesta por el diálogo es tan solo retórica. Junts se contenta con blandir la bandera de la independencia como si se tratara de resistir ante el asedio borbónico de 1714. Las ideas sin estrategia abocan al activismo. Y vuelta a empezar, cuando el activismo sustituye a la estrategia. Durante la década soberanista, las multitudinarias movilizaciones anuales del Oncze de Setembre tenían un sentido. Mostraban al mundo, al Estado y a nosotros mismos la fortaleza del movimiento de liberación nacional. Consiguieron arrastrar a mucha gente hasta el soberanismo, si es que no directamente hasta el independentismo. Esta década ya está acabada. Será difícil volver a llenar las calles con tanta gente, a pesar de que el día 18 haya que esforzarse y acudir a la manifestación a pesar de que el cuerpo nos pida quedarnos en casa. No es que las calles hayan dejado de ser nuestras, como se proclamaba con orgullo en otoño de 2017, es que la gente pide más. Ahora sabemos que para enfrentarse al Estado hay que prepararse mejor. Después de años de despreciar las movilizaciones, el Estado se dio cuenta de que al fin habían servido para fortalecer la resistencia popular contra la represión durante la jornada del 1-O. El independentismo también sacó una lección: que solo con manifestaciones no se derribará el Estado. Entonces se perdió la oportunidad de organizar un Maidán, el epicentro de la revolución ucraniana, a la catalana. El año 2011, los “indignados” ocuparon la plaza de Catalunya de Barcelona con determinación. El independentismo debería haber hecho algo parecido y ocupar las plazas mayores de toda Catalunya a partir del 3-O. No se hizo y no sabemos cuál habría sido el resultado. Ahora es imposible aspirar a seguir esta estrategia. Es el momento de gobernar y desobedecer con astucia. Denunciar y reorganizar la base desde la confianza. Volver a levantar la pared. 

2. Un gobierno tiene que gobernar y no ponerse al frente de las manifestaciones. Cuando un ministro o un conseller es incapaz de responder políticamente, con recursos jurídicos y acciones legislativas concretas, a la invasión judicial de sus competencias es que no vale. El consejero de Educació, Josep González Cambray, nombrado a propuesta de Esquerra, de momento no ha hecho más que mandar una carta a los directores de las escuelas de Catalunya, que es poco más que una arenga para alentar a los responsables de los centros a resistir. No les ha ofrecido ninguna solución. La gesticulación no resuelve ningún problema. Lo suyo hubiera sido que el conseller ofreciera a los docentes algo más que buenas palabras y la típica visita de obras como la que realizó a la escuela de Canet. El marketing no resuelve los problemas. Este caso demuestra que este gobierno no tiene una estrategia compartida y, por lo tanto, que no sirve ni siquiera para gestionar la exigua autonomía. El asunto del 25 %, como mínimo, de castellano en las escuelas ha coincidido con un viaje por tierras norteamericanas de la consellera de Acció Exterior i Govern Obert, Victòria Alsina, nombrada por Junts. Puesto que la consellera se trasladó a Washington y a Ciudad de México para conmemorar el 50.º aniversario del discurso de Pau Casals en Naciones Unidas, tenía la oportunidad de alabar al gran músico y a la vez emprender alguna acción para defender internacionalmente la lengua. Casals se lo habría agradecido. Pero no lo ha hecho. El Govern ha preferido actuar como hace siempre, que es dar dinero para las grandes causas. Esta vez ha decidido donar 290.000 euros a la Organización Panamericana de Salud para reforzar la atención sanitaria en Haití después del terremoto. No digo que no se deba ser solidario con todas las desgracias, aunque la solidaridad empieza por un mismo. En Washington trescientos mil euros pueden servir para que un grupo de presión defienda el catalán ante el mundo. Falta visión estratégica para pensar algo así. La dirección general de Coordinació Interdepartamental, que ocupa el Dr. Marc Ramentol, desplazado de Salut porque ya no está bajo el control de Esquerra, debería haber coordinado la acción de los dos departamentos, Educació y Exteriors. No lo ha hecho porque las conselleries son compartimentos estancos que no colaboran y el Govern tiene un president, pero no tiene un líder.  

Después del 1-O ya se ha llorado bastante. Esta ya no puede ser una fase dominada por los reproches y los lamentos

3. Cada semana, como quien dice, el conseller Giró nos regala una buena noticia. Dentro de la desgracia, claro. O sea, dentro de los límites de una autonomía cada vez más depauperada. Días atrás, el Ministerio de Hacienda español mandó a las comunidades autónomas una propuesta para calcular la población ajustada, que es el sistema mediante el cual se nivelan los recursos de la financiación autonómica siguiendo criterios como la población, el gasto en sanidad o en enseñanza, por ejemplo. El cálculo de la población ajustada es siempre el centro de la polémica sobre la financiación autonómica porque polariza las opiniones sobre si beneficia más o menos a unas comunidades u a otras. El Departament d'Economia de la Generalitat denunció enseguida que los criterios de población ajustada “no se corresponden con la realidad de Catalunya”. El conseller destacó que la propuesta ministerial no tiene en cuenta el peso demográfico real de Catalunya dentro de España y otros fenómenos diferenciales, como el coste de la vida o la paridad de poder adquisitivo. Por enésima vez queda demostrado que el centralismo empobrece a Catalunya y que la autonomía es un ineficaz instrumento de autogobierno. A pesar de que Catalunya tiene, según el BBVA Research, unas buenas perspectivas de crecimiento para el año próximo, la dependencia crónica de la economía catalana de las decisiones del Estado es un lastre. Si a eso le añadimos, además, la mordaza legislativa, entonces la situación se vuelve dramática. Hace un par de meses, el Tribunal Constitucional anuló el decreto ley, aprobado en noviembre de 2020, que regulaba la rebajaba el IRPF para los trabajadores con las rentas más bajas y con más precariedad laboral. Si un gobierno no puede decretar una medida como esa es que no es un gobierno de verdad. Pero el conseller Giró encontró la forma para regatear al Estado, como ya hizo con la cuestión de los avales. Ha decidido introducir una enmienda en los presupuestos, aprovechando que todavía están en trámite, para recuperar y ampliar los mínimos exentos, de modo que se puedan beneficiar las rentas de hasta 35.000 euros. Para hacerlo, se creará un nuevo tramo de base liquidable hasta los 12.450 euros al que se le aplicará un tipo impositivo del 10,5 %, que rebaja el anterior, y también se modificará la escala autonómica del importe, incidiendo en los contribuyentes de menor renta. El conseller Giró asegura que de este modo el TC lo tendrá difícil para cargarse la propuesta. Espero que tenga razón. De momento, y por eso les cuento el caso, el conseller, nombrado a propuesta de Junts, ha hecho lo que no han hecho los otros dos consellers con el maldito 25 % de castellano en las escuelas. Buscar soluciones sin recurrir al voluntarismo ciudadano.   

4. Muy a menudo me preguntan qué podemos aprender del caso escocés. La gente busca esperanza en cualquier parte, sobre todo después del desengaño que ha sufrido por la decepción provocada por los políticos. Setecientos mil independentistas se quedaron en casa el 14-F y esta reacción, que solo en parte puede atribuirse a la pandemia, hay que tenerla en cuenta. La confianza es básica para que una causa triunfe. Para ganar unas elecciones, no. En este caso basta con obtener un diputado más que tu contrincante. Los escoceses confían en su gobierno. Este es el único ejemplo que tendrían que copiar los gobernantes catalanes. Sturgeon gobierna y se enfrenta a Londres porque sabe perfectamente que no es su aliado. Ni ahora ni en el pasado, cuando gobernaban los laboristas. Reforzar el estado o el gobierno opresor no es jamás una opción. Al contrario. Hay que debilitarlo al máximo, aunque hacerlo comporte las críticas feroces del unionismo y el neoautonomisme. Uno debe saber aguantar las andanadas. No sé dónde leí que llorar envejece. Puede que sea cierto. Aunque a veces una buena llorera libera mucho. No obstante, después del 1-O ya se ha llorado bastante. Esta ya no puede ser una fase dominada por los reproches y los lamentos. El enemigo es resistente y se une cuando encuentra un buen motivo. Lo acabamos de ver con la cuestión del catalán. Para los medios de comunicación españoles, los padres de Canet que defienden la inmersión son calificados de nazis porque así se repite el tópico sobre la maldad de los independentistas. El tuit de un loco se magnífica y venga, fiesta, fiesta, puesto que acabar con la diversidad lingüística ha sido desde siempre el objetivo de los españolistas. A falta de un gobierno que defienda el catalán con medidas legislativas reales, la única decisión que puede tomar un maestro que esté obligado a dar las clases en castellano es actuar solo. Puede optar por hacer lo mismo que los maestros que en la declaración individual que todos los docentes presentan a principios de curso marcan la cruz para manifestar que dan las clases en catalán y después resulta que las imparten en castellano. Es la falsificación que demuestra que el modelo de inmersión lingüística es, en realidad, una falacia. Nadie les recrimina nada ni la inspección lo controla. Y si lo hace, lo pasa por alto. Así pues, marcar la casilla del castellano y luego ir a tu aire es una acción voluntarista, poco épica, pero muy eficaz para defender la lengua. Aseguraba Erich Fromm, el gran psicoanalista y sociólogo alemán de principios del siglo XX, que un acto de desobediencia realizado como un acto de libertad es el principio de la razón. Ante la falta de estrategia de los políticos, por lo menos pongamos por nuestra parte un poco de ingenio.