Biden negocia con Qatar para enviar gas a Europa si Rusia invade Ucrania

El presidente estadounidense prevé recibir al emir del pequeño y rico país árabe

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Ciudad Industral Ras Laffan, sede prinicipal de producción de gas natural licuado de Qatar, al norte de la capital del emirato, Doha.

AFP

El pasado 6 de septiembre, el secretario de Estado Antoni Blinken acudía a Doha para entrevistarse con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani. La visita tenía por objeto hablar de la situación en Afganistán, país con el que Qatar mantiene una relación privilegiada, y agradecer la ayuda en la evacuación de decenas de miles de personas tras la retirada de las tropas estadounidenses en agosto. Pero el viaje de Blinken suscitó interrogantes al tiempo que volvía a evidenciar la enorme, por no decir desproporcionada, influencia de la pequeña y riquísima nación árabe.

Ahora aquella visita se entiende mejor, a la vista de las conversaciones que Washington está manteniendo con Doha para negociar un posible envío masivo de gas licuado a Europa si Rusia invade Ucrania y, con ello, desbarata el suministro de combustible a buena parte de los socios de Estados Unidos en el viejo continente.

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Las tal vez ya largas negociaciones de Estados Unidos con Qatar, de las que este sábado informaban el Financial Times y la agencia Bloomberg, tendrán su momento culminante en un próximo encuentro del presidente Joe Biden con el emir qatarí en la Casa Blanca, previsto para finales de este mes.

El posible envío de grandes cantidades de gas licuado desde Qatar hasta los países europeos que más lo necesitaran no solucionaría por sí solo el problema de abastecimiento que se plantearía en muchos países europeos en caso de guerra en Ucrania. Pero sí serviría para paliar el drama de una gravísima crisis energética en el continente. Una crisis difícil de sobrellevar si se desencadenara en pleno invierno, con eventuales episodios de apagón de gas y un alza en los precios mucho mayor del que ya sufre la UE.

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Qatar es el primer productor de gas natural licuado del mundo. Pero sólo el 5% de las provisiones del combustible llegan a Europa. El 75% de la producción se destina a países del noreste de Asia con déficit, como Japón y Corea del Sur. Y los contratos de estas provisiones son de largo plazo, lo que dificulta las exportaciones de urgencia a otros países.

La buena noticia es que, con más del 12% de las reservas probadas del fluido en el mundo, Qatar no deja de aumentar sus extracciones de gas. Su enorme yacimiento del Campo Norte, el que convierte sus reservas en las terceras del planeta por detrás de las que poseen Rusia e Irán, prevé incrementar su producción en un 64% de aquí al año 2027.

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La fuerte dependencia europea del gas ruso que riega gran parte del continente a través de gasoductos con paso por Ucrania es la principal explicación de las divergentes perspectivas con las que los socios afrontan la crisis creada por la acumulación de tropas rusas –entre 100.000 y 130.000 efectivos por ahora– en las fronteras con ese país. España es un importador menor de gas ruso, pero Alemania no puede vivir sin él. Y del desenlace del conflicto depende el futuro del importante y controvertido contrato ruso-germano para activar el gasoducto Nord Stream 2: un conducto de 1.225 kilómetros que, construido a lo largo de cinco años con un coste de 11.000 millones de dólares, no atraviesa Ucrania sino que pasa por debajo del Báltico. Esa vía reduce la dependencia que Moscú tiene de Kíev y por tanto elimina un obstáculo a la invasión del país.

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Mientras, Ucrania recibió este sábado90 toneladas de armamento enviadas por EE.UU. para apoyar la defensa de “primera línea” del país frente a una invasión que Biden ha dado por segura. El cargamento constituye la primera de varias remesas de ayuda militar por un total de 200 millones de dólares que el líder estadounidense aprobó en diciembre. La embajada de EE.UU. en Kiev dijo que el envío prueba su “firme compromiso con el derecho soberano de Ucrania a la autodefensa”.