"Un país sobre escombros", Yuriko Koike
El próximo domingo, 11 de marzo del 2012, se cumple un año desde que Japón se vio golpeado por la triple tragedia de un terremoto, un tsunami y un accidente nuclear. De acuerdo con las cifras facilitadas por la Agencia de Policía Nacional japonesa, el gran terremoto del este de Japón dejó una estela de 15.848 muertos y 3.305 desaparecidos; se trata de de la mayor pérdida de vidas humanas debida a una catástrofe natural en Japón desde la Segunda Guerra Mundial. Prosigue aún la búsqueda de personas desaparecidas, la mayoría en el mar.
El número de edificaciones afectadas por el terremoto o el tsunami incluye 128.582 edificios totalmente destruidos, 243.914 parcialmente destruidos, 281 total o parcialmente quemados, 33.056 inundados (17.806 por encima de la planta baja) y 674.641 dañados de forma diversa. Unas 320.000 personas perdieron sus hogares y un 90% de ellas siguen viviendo en viviendas provisionales. El gran terremoto de Hanshin que golpeó el área occidental de Japón en 1995 se cobró 6.343 vidas, debido en parte a que la fisonomía laberíntica del tejido urbano dificultó el acceso de los servicios de emergencia. En el periodo subsiguiente al terremoto, la ciudad de Kobe se reconstruyó de modo espectacular y alcanzó un mayor nivel de seguridad.
Pese al cúmulo de dificultades, la recuperación de las secuelas de aquel terremoto avanzó a ritmo más rápido de lo esperado: ningún tsunami vino a complicar las tareas correspondientes y los esfuerzos de reconstrucción de los edificios pudieron centrarse en las construcciones derrumbadas por los efectos del seísmo. Además, el Gobierno aportó su poderoso liderazgo y los organismos oficiales reaccionaron con celeridad, garantizando así una rápida remoción de los escombros, entre otras operaciones.
De hecho, aparte de las medidas fiscales tras un terremoto, la remoción de los escombros constituye el principal obstáculo que dificulta o impide la reconstrucción posterior a los desastres naturales en cualquier lugar. La cantidad de escombros generada por el gran terremoto de Hanshin equivalió al volumen que Japón procesa normalmente en el periodo de unos ocho años. Gracias a la actuación mancomunada - en sentido material y económico-de municipios y áreas territoriales más extensas pudo hacerse frente a las dificultades derivadas de los daños causados en plantas de procesamiento y reciclaje. Y, afortunadamente, los planes de construcción del aeropuerto de Kobe en una isla artificial próxima a la costa permitieron garantizar la demanda de material de relleno.
En Japón, la eliminación de residuos se basa principalmente en la incineración, pero el empleo de tierra de relleno frente a la costa posibilitó el procesamiento de residuos con mayor rapidez. Aun así, las tareas en cuestión se prolongaron durante tres años, con un coste para el Gobierno central de 324.800 millones de yuanes.
En comparación con el gran terremoto de Hanshin, la reconstrucción posterior al gran terremoto del este de Japón avanza a paso de tortuga. La cantidad de escombros representa once años de tareas de procesamiento en la prefectura de Iwate y 19 años de procesamiento en la de Miyagi: se trata de enormes cantidades que exceden la capacidad de eliminación de las áreas en cuestión. El coste de la eliminación de residuos, que se calcula en 776.700 millones de yuanes, será más del doble del coste de las operaciones posteriores al gran terremoto de Hanshin.
A diferencia de la relativamente rápida operación de limpieza posterior al gran terremoto de Hanshin, sólo se ha procesado hasta ahora un 5% del volumen total de escombros provocados por el desastre del año pasado. En los emplazamientos destinados a escombros en las áreas afectadas se amontonan restos de materiales de construcción así como aparatos domésticos y muebles de hogar que forman pequeñas montañas en la superficie del terreno; cabe recordar aquí que la normativa sobre reciclaje en vigor desde 1995 estipula una clasificación de residuos según el tipo de material. Por lo demás, no constan planes de construcción de una isla artificial para aprovechar los escombros como en el caso del aeropuerto de Kobe.
Debido al tsunami, parte del material de desecho cabalgará prácticamente sobre las olas del Pacífico, alcanzando Hawái y la costa oeste de Estados Unidos en el plazo de alrededor de un año. Pero los daños causados por el tsunami han retrasado también notablemente las tareas de reconstrucción. Las autoridades locales están preocupadas por la distancia respecto de la costa de las nuevas áreas residenciales que habrán de construirse, así como el futuro de la población forzada a convivir con extraños en viviendas provisionales en zonas desconocidas.
Sin embargo, la razón principal del retraso de las tareas de reconstrucción es la preocupación por la radiación procedente de la planta Dai Ichi de Fukushima. El temor a la contaminación radiactiva ha suscitado una fuerte oposición entre la población residente de las áreas que de hecho necesitarían aceptar escombros; tal oposición se ha observado incluso en los casos en que este material pueda proceder de áreas muy alejadas de Fukushima. Además, aunque la incineración reduce notablemente el volumen de desechos, la concentración de cesio radiactivo ha ido aumentando durante el último año dificultando con ello la ubicación de emplazamientos definitivos de residuos.
Las autoridades locales de diversas áreas del país intentan persuadir a la población de que deseche sus temores sobre la radiación y permita la dispersión de escombros. No obstante, el enemigo invisible ha suscitado la lógica inquietud - sobre todo entre madres de niños pequeños-,tal vez una cuestión que concierne más a la psicología que a la ciencia. Como único país del mundo víctima de un ataque nuclear, la aversión de la población a la radiación es más intensa que en cualquier otro lugar.
Sin embargo, a excepción de las circunstancias especiales provocadas por la catástrofe de Fukushima, Japón no es ni mucho menos el único país que necesite abordar las consecuencias de un desastre antes de proceder a la reconstrucción.
Tailandia, que a principios de este año sufrió los efectos de prolongadas inundaciones, precisa asimismo de tierras de relleno para hacer frente a las tareas de reconstrucción. Las medidas de contención destinadas a impedir nuevas inundaciones y reparar las áreas dañadas no pueden siquiera comenzar hasta que no se proceda a la remoción de los escombros. Haití y Nueva Zelanda han topado con problemas similares.
La reconstrucción constituye un capítulo especial en el ámbito de los proyectos de obras públicas. La remoción de escombros, dada su exigencia de cuantiosa mano de obra, influye acusadamente en la creación de empleo, al menos a corto plazo. Cabría aplicar a tal circunstancia el apelativo de "economía de escombros". Es la fórmula ineludible a la hora de reconstruir: palada a palada.
8-III-12, Yuriko Koike, ex ministra de Defensa y consejera de Seguridad Nacional de Japón, lavanguardia
