"El Estado de las autonomías se hunde", Enric Juliana

El ciclo electoral concluye y España entera se adentra, ahora sí, en el tétrico corredor de la recesión y los recortes sin excepción. Mejor dicho, casi sin excepción, puesto que en el clúster confederal vasco-navarro se oyen menos lamentos, pese a que la crisis también zarandea a la España foral y a su industria inteligentemente especializada. Se acabó el tiempo de los disimulos, de los aplazamientos y de los eufemismos para evitar un polvorín social durante una campaña electoral insomne que ha durado más de quince meses. El ciclo comenzó el 28 de noviembre del 2010 en Catalunya y concluirá el próximo 25 de marzo del 2012 en Andalucía. La modesta España se enfrenta ahora a uno de los años más difíciles de su historia reciente.

El ciclo electoral concluye, pero las urnas aún no se han abierto en Andalucía. Los tiempos se están cumpliendo escrupulosamente. En esto, España es alemana. Sabiendo que iba a perder, el PSOE le endosó el presupuesto del 2012 a Mariano Rajoy. Y el PP ha decidido que su prioridad estratégica, a corto plazo, es la conquista de Andalucía. Dominar todo el campo posible.

Hace una semana se llevaron los números a Bruselas. Se presentó, con apreciable éxito, la revisión del tope de déficit. El Directorio se reservó una corrección de cinco décimas (5.000 millones más de ajuste) para que nadie en Europa tenga duda de quién manda. Y ayer se aprobó en el Congreso el techo de gasto. Los detalles del Gran Ajuste no se conocerán hasta el 30 de marzo, cinco días después de las elecciones andaluzas y 24 horas después de la huelga general convocada por CC.OO. y UGT contra la reforma laboral. La política en España sigue siendo bastante previsible. No hay filigrana. El juego de fuerzas se basa en el mus, en el amago, en la virulencia verbal, en los reglamentos y en el halo trágico de los tribunales. Toda España sabe que vienen muy mal dadas, pero hasta el día 30 el país no acabará de entrar en detalles: congelación o recorte del sueldo de los funcionarios, supresión de empresas y organismos públicos, posible introducción del copago sanitario... Después vendrá la tremenda repercusión del recorte en el ámbito autonómico o regional, donde el temblor de piernas es en estos momentos generalizado. El Estado de las autonomías, tal como se gestó a partir de febrero de 1980 -bajo el grito andaluz de "¡Nosotros no vamos a ser menos!"-, se está derrumbando. Su prestigio se halla por los suelos y muy pronto oiremos -desde las propias autonomías en riesgo de quiebra- solicitudes de recentralización y homogeneización administrativa. El espectáculo será digno de ver. Y puesto que todo comenzó en Andalucía, el cierre del bucle dependerá de lo que pase el día 25. Con Javier Arenas Bocanegra presidiendo el palacio de San Telmo de Sevilla, España quedaría dibujada de la siguiente manera: PP, País Vasco y Catalunya. Si la alianza de izquierdas consigue un diputado más, Alfredo Pérez Rubalcaba se dejará crecer las patillas e instalará el puesto de mando en Sierra Morena.

El techo de gasto fue aprobado ayer con los votos de PP y del diputado navarro de UPN. CiU y PNV se abstuvieron. Los neocentralistas de UPyD hicieron otro tanto. Y la izquierda en bloque votó en contra. Ninguna novedad. El ministro Montoro dijo que los 5.000 millones de recorte extra no se cargarán sobre las castigadas espaldas de las autonomías -la siguiente vuelta de tuerca será en el 2013- y el ministro Guindos preanunció la subida del IVA el año próximo.

El ciclo electoral concluye. Los recortes comenzaron en Catalunya -la primera en ir a elecciones- y Catalunya acaba de anunciar nuevos y dolorosos ajustes. El estrés fiscal es hoy, sin duda, el argumento central de la política catalana. Su recorrido político real está por ver. La hipótesis de unas elecciones anticipadas dentro de un año bajo la bandera del pacto fiscal es perfectamente plausible.

14-III-12, Enric Juliana, lavanguardia