cajón de sastre > "¿Quién abrirá el “salón” europeo?", Maja Hagerman

27 marzo 2012
Dagens Nyheter Estocolmo
presseurop

Beppe Giacobbe

Primero fueron los libros, luego la prensa y posteriormente Internet. Desde hace casi dos siglos, un espacio de debate virtual ha hecho que progrese la democracia. Pero una editorialista sueca se lamenta de que hoy nos falta precisamente un lugar de debate común para todos los europeos.

Hace 150 años, es decir, en la época de mi tatarabuela, ningún país europeo era aún una democracia. El sufragio universal no se introdujo hasta finales del siglo XIX y para las mujeres fue aún más tarde. Y Suecia no reaccionó muy rápido.

Esta reforma supuso una profunda revolución en todos los países. Si salió adelante fue sobre todo porque durante mucho tiempo aumentó la presión a favor del cambio.

Una presión que se ejerció fuera de la esfera del poder, en la prensa libre, en las novelas, en los escenarios del teatro y en los sindicatos. El desarrollo democrático estuvo precedido por una revolución mediática que no es muy distinta a la que conocemos actualmente.

La democracia empieza con el debate público

El ámbito de las ideas empezó a cobrar importancia. Unas personas que hasta entonces no habían logrado que se escuchara su punto de vista de repente tenían voz y derecho al voto. Acababa de abrir sus puertas un "salón virtual" inédito.

En la década de 1840, las nuevas ideas sobre la sociedad del futuro tomaban forma en la nueva esfera pública, en los periódicos, en las correspondencias.

Podemos comparar la fascinante aventura que supuso en el siglo XIX el surgimiento de este nuevo espacio de debate, la prensa libre, con la aventura actual de Internet. La sensación que nos rodea es la de una dimensión de la realidad a la que ahora podemos acceder.

La democracia comienza con el debate público. Ha habido que esperar a la primavera árabe para comprender realmente que Internet había abierto unas vías de comunicación que habían sido el origen de un proceso, incluso en la calle.

Pero ¿qué ocurre dentro de la Unión Europea? A menudo se escucha que actualmente no puede existir una moneda común como el euro sin contar con el respaldo de un poder central sólido que inspire confianza.

Con las nuevas reglas se ha ido reforzando gradualmente el gobierno central. Pero la democracia que Europa designaba con orgullo como su núcleo duro, aún sigue siendo demasiado discreta. ¿Dónde están los grandes debates que supuestamente tenían que unir a los europeos?

La Unión Europea se encuentra omnipresente en los medios de comunicación, a todas horas, cumbre tras cumbre, ordenada en diferentes secciones: los fracasos, la desconfianza, las catástrofes inminentes.

Inmersos en nuestras concepciones nacionales

La política europea se caracteriza sobre todo por las agresiones entre países. Y nosotros, los europeos, tenemos conocimiento de todo ello siguiendo los telediarios nacionales, leyendo la prensa nacional.

Vivimos totalmente inmersos en nuestras concepciones nacionales: desde por la mañana hasta por la noche, vemos reportajes en los que los griegos la emprenden contra los alemanes y los alemanes contra los griegos.

Entre los vendedores de prensa bien surtidos, donde las estanterías ceden espacio a los diarios extranjeros, buscaríamos en vano un diario de opinión europea.

Todo lo que podemos encontrar son revistas de historia, en alemán o en inglés, dedicadas al gran pasado de sus respectivas naciones: en un número especial, el diario Zeit se pregunta sobre "el alcance de la influencia de Federico el Grande", mientras que BBC History pregona: "Todo lo que debe saber sobre el Imperio británico".

Pero, ¿dónde se habla de lo que Europa tiene en común? De esta historia que existe a pesar de todo, más allá de las naciones individuales. Sí, las compañías ferroviarias eran nacionales, pero la experiencia vertiginosa de los primeros viajes en tren era algo común y los horarios de trenes acercaron a los países entre sí.

En las capitales de Europa se construyeron museos nacionales, más o menos en el mismo momento y con planos prácticamente idénticos. Del mismo modo, la lucha por el derecho al voto traspasó las fronteras. Y sin embargo, la historia se divide por origen étnico y por nacionalidad.

En las bibliotecas, la historia del arte sueco se encuentra por lo general en un estante y la del arte danés en otro, como si fueran radicalmente distintas. Lo mismo sucede con la música, la economía y la política, aunque en realidad, las ideas, el dinero y las melodías jamás se han detenido en las fronteras.

Europa debe enfrentarse a nuevas pruebas. Las comunidades ficticias imaginadas por los nacionalistas de ayer se han despertado y han comenzado a ladrar que es necesario "expulsar y enviar a sus países" a los que no tienen "nada que hacer aquí".

Nos preguntamos cuándo llegará el día en el que veamos cómo surge una gran comunidad europea, una esfera pública europea. Un día en el que los europeos empiecen a reclamar un diálogo público más allá de las cumbres europeas. ¿Quién abrirá la puerta de un nuevo "salón virtual" europeo? Un lugar en el que el debate no se limite a determinar qué país va a ganar Eurovisión.

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