"Alta velocidad, baja rentabilidad", Màrius Carol

Los gobiernos de España –del PSOE o del PP– han presumido de ser el país que invierte más dinero en ferrocarriles de alta velocidad, sin importarles su nula rentabilidad económica y social. El Estado lleva gastados 50.000 millones, una parte de ellos procedentes de fondos europeos, que son una cifra descomunal que no se permiten sus socios alemanes o franceses, con mucha más población y un PIB muy superior. Ni la gravísima crisis que estamos padeciendo frena las inversiones. Los presupuestos presentados el viernes, que recortan el gasto de todos los departamentos casi un 17%, salvan el AVE a Galicia. El mismo día se licitaron otros 701 millones.

La ministra de Fomento, Ana Pastor, argumentó sobre el AVE a Galicia que resulta “de justicia”, lo que es un argumento más que discutible. En Estados Unidos una inversión así sería considerada un disparate, pues en este país una infraestructura sólo es financiada con dinero público si demuestra que resulta rentable para la comunidad. Por esta razón, el Estado de California desestimó establecer una línea de alta velocidad que uniera San Francisco y Los Ángeles, a pesar de que están separadas casi por la misma distancia que Barcelona y Madrid, mientras sus áreas metropolitanas triplican la suma de población de las dos grandes ciudades españolas.

En unos tiempos en que se recortan servicios básicos, darle prioridad al AVE es un tanto temerario, aunque el ministerio argumenta que de otra manera se perderían las ayudas de la UE. En cualquier caso, los estudios sobre la viabilidad de la alta velocidad a Galicia resaltan que apenas transportará un millón de viajeros, y que, de acuerdo con las demandas de pasajeros existentes, sólo admitirá tres trenes cada día en ambos sentidos. Una capacidad de frecuencias muy pobre, seguramente la más baja de cuantas se han puesto en marcha. Se da la circunstancia que una línea de AVE de 500 kilómetros requiere de ocho a diez millones para ser rentable, cifra a la que todavía no llega ni el Madrid-Barcelona, con casi seis millones de usuarios.

Es cierto que esta obra el Gobierno del PP se la ha encontrado a medio construir y que, siendo gallegos la titular de Fomento y el presidente del Gobierno, tendría un coste político pararla. Pero en tiempos de crisis se imponen las prioridades. El problema del AVE no sólo es su construcción, sino el coste posterior de su alto mantenimiento y el déficit económico previsible de la línea.

El secretario de Estado de Transporte de Estados Unidos, Ray La-Hood, quedó admirado con la red de alta velocidad española cuando vino a España, pero en el momento en que vio los números dijo una frase definitiva: “Ustedes son ricos, nosotros no nos lo podemos permitir.” Ahora que nos sabemos desplumados, resulta doblemente ridículo que sigamos presumiendo de AVE.

4-IV-12, Màrius Carol, lavanguardia