España, un país incapaz de acabar su Guerra Civil

Que el silencio no se interprete como aquiescencia. Si los historiadores como Ángel Viñas venían callando cuando revisionistas de toda laya, contaminados muchos por la ideología, reorientaban la historia de España endulzando el franquismo o satanizando la II República –en algún caso con el jaleo de historiadores conservadores de prestigio como el caso del texano Stanley G. Payne–, cuando esas reinterpretaciones se colaron –y no de forma ocasional, sino generalizada– en la obra magna Diccionario Biográfico Español, capitaneada por el presidente de la Real Academia de Historia, Gonzalo Anes, se les antojó que la cosa pasaba ya de castaño oscuro y se propusieron poner los puntos sobre las íes.

El Diccionario Biográfico Español fue presentado con toda la pompa y circunstancia el 28 de mayo del pasado año, en presencia del rey Juan Carlos y la ministra de Cultura, a la sazón, Ángeles González-Sinde. Anes había planeado que así como la labor del también asturiano Víctor García de la Concha al frente de la Real Academia de la Lengua dejó como gran legado la publicación de la Gramática, el Diccionario panhispánico de dudas, la suya en la de Historia pasaría a los anales por la consecución de este volumen, una obra que las grandes potencias europeas realizaron a partir del siglo XIX y de la que la historiografía española carecía.

Tal empresa contó, no obstante, con voces críticas puesto que, ya que no se había hecho cuando tenía pleno sentido académico, no veían la oportunidad de semejante obra en los tiempos de la Wikipedia, que, dicen sus defensores, según los tests practicados posee un grado de fiabilidad mayor que el de la mismísima Enciclopedia Británica, toda vez que el escrutinio global y permanente entre aficionados genera información de más calidad y ponderación que el soliloquio del erudito.

Con un presupuesto de 6,4 millones de euros, a lo largo de los años la Academia de Historia fue encargando los artículos a especialistas en cada uno de los periodos afectados. Sin embargo, el criterio fue más bien político, y así, en la voz Franco se negaba su condición totalitaria –reconocida por el mismo caudillo en su discurso de la victoria– y se hacía pública loa de unas poco conocidas mañas de gran estratega y político moderado. En la voz Aznar, impulsor cuando presidente del diccionario, se afeaba a los socialistas las críticas por el caso Prestige y se aplaudía su logro de sacar a España de la segunda división internacional, mientras que en la dedicada a Santiago Carrillo se le acusaba de practicar el terror revolucionario y de negarse a reconocer sus matanzas. En el Diccionario Biográfico el término dictadura sólo se emplea para hablar del gobierno del socialista Juan Negrín. La ministra interesó
que se corrigiera ese sesgo. No se ha hecho y Ángel Viñas no ha querido callarse. Por si el silencio se toma por asentimiento.

Llega mañana a las librerías En el combate por la historia. La República, la guerra civil y el franquismo (Pasado & Presente) elaborado por 34 historiadores bajo la dirección de Ángel Viñas, en su mayoría catedráticos y profesores de universidad, todos acreditados por una destacada investigación y por la publicación de meritorios trabajos de historia contemporánea de España. Casi mil páginas que concentran los avances históricos de última hora en una materia, el periodo de los años treinta a la muerte de Franco, que sigue despertando interés y pasión.

El título de la obra la define como un combate por la historia. Y es de eso, precisamente, de lo que se trata. Desde la llegada de la democracia a España y, sobre todo, desde que se abrieron a los historiadores los archivos municipales, provinciales y estatales, la República, la Guerra Civil y la etapa de la dictadura de Franco han pasado de ser una historia escrita por los ganadores a una realizada por los investigadores. En ese proceso, ha quedado claro que ni la República fue un caos, ni la Guerra Civil fue una acción para salvar a España de las fauces soviéticas, judías, masónicas y separatistas, ni la dictadura fue una etapa en la que la paz, el progreso y el orden fueron restablecidos por una augusta figura, la de Franco, caudillo de España por la gracia de Dios. Todo lo contrario, los investigadores han profundizado en aquellas etapas para concluir que el dictador frenó la evolución lógica del desarrollo integral del país, los estudios sobre el general Franco han ido empequeñeciendo su figura hasta bordear el ridículo, la guerra fue una contrarrevolución dirigida a restablecer el poder de los ultramontanos del XIX y la República, con sus luces y sus sombras, pretendió, aunque fracasó, situar a España a la altura de sus vecinos europeos.

Frente a estos avances históricos, un grupo de periodistas, publicistas e ideólogos de la España imperial, autodeclarándose revisionistas y bajo una supuesta equidistancia, declaran la República en responsable única de la Guerra Civil, o equiparan falsamente las cifras de víctimas de uno y otro bando, o convierten la dictadura en una etapa de “extraordinaria placidez”, en palabras del ex ministro Mayor Oreja cuando se opuso a una resolución de condena del régimen franquista por el Parlamento Europeo. Se trata, en definitiva, de abrir una batalla guerracivilista mediática –con el concurso de algunos diarios y emisoras– para volver a convertir la historia reciente de España en un arma de intoxicación masiva a base de manipular y tergiversar lo que los historiadores, con trabajo y dedicación, han hecho aflorar sobre ese acontecer en los últimos decenios. En definitiva, intentan recuperar los mitos cimentados durante la dictadura para compensar el alud de investigaciones históricas que han puesto al régimen franquista en el lugar que le corresponde.

Aunque las ventas de estos productos –historietografías las califican– han obtenido cifras notables en el mercado, los historiadores han rechazado entrar en el trapo para desautorizarlas. Sin embargo, la publicación por la Real Academia de la Historia de un Diccionario Biográfico Español, especialmente en el tomo en el que aparece la voz Franco ha movido a un grupo de historiadores, bajo la dirección del editor Gonzalo Pontón y del historiador Ángel Viñas, a elaborar un contradiccionario que compara aquella literatura con la historia elaborada a partir de la documentación y de la crítica consecuente. Se trata, en definitiva, de denunciar la tergiversación que pretende la perviviencia de los mitos sobre la cruzada de la liberación, la ilegitimidad de la Segunda República y del gobierno del Frente Popular, la conspiración comunista, la espontánea rebelión del pueblo español el 18 de julio, como la de 1808 contra el invasor francés, la bendición de un caudillo providencial por la gracia de Dios, o la falsedad del bombardeo de Gernika, entre otros.

Los autores son Julio Aróstegui, Carlos Barciela, Julián Casanova, Carlos Collado Seidel, Matilde Eiroa, Antonio Elorza, Francisco Espinosa, Josep Fontana, Ferran Gallego, Gutmaro Gómez Bravo, Eduardo González Calleja, Fernando Hernández Sánchez, José Luis Ledesma, Juan Carlos Losada, José-Carlos Mainer, Jorge Marco, José Luis Martín, Ludger Mees, Ricardo Miralles, Enrique Moradiellos, Xavier Moreno Julià, Juan Carlos Pereira, Paul Preston, Fernando Puell, Josep Puigsech, Hilari Raguer, Alberto Reig, Ricardo Robledo, José Andrés Rojo, Josep Sánchez Cervelló, Glicerio Sánchez Recio, Joan Maria Thomàs, Ángel Viñas y Pere Ysàs.

8-IV-12, P. Vallín/J.M. Sòria, lavanguardia