y mientras tanto, sigue la partida de mus en/de la España Foral
El País Vasco es una de las válvulas de seguridad del actual momento español. La paradoja es tremenda. La nacionalidad que parece más próxima al pronunciamiento independentista tiene todos los visos de acabar actuando de mecanismo estabilizador. En las próximas líneas intentaré explicar por qué.
En primer lugar, hay que tomar nota de un hecho relevante. Por decisión expresa de Mariano Rajoy y Antonio Basagoiti, el tiempo de pausa electoral puede durar muy poco en España. En medio de la peor crisis desde la muerte del general Franco, el Partido Popular ha retirado su apoyo al Partido Socialista Obrero Español en el Parlamento de Vitoria, dando por acabada una experiencia inédita y muy deseada durante años en Madrid: la configuración de una mayoría de gobierno no nacionalista en Euskadi. Lo más probable es que haya elecciones anticipadas en otoño y, a tenor de las encuestas, lo más posible es que el Partido Nacionalista Vasco pueda formar gobierno, con el apoyo del PP o del PSOE, o aliándose con la izquierda nacionalista, que podría concurrir bajo el paraguas de la coalición Sortu, si así lo autoriza el Tribunal Constitucional.
Después de tres años de descanso en el banquillo, el PNV regresa ofreciéndose como como fuerza central estabilizadora, frente a los españolistas y esos chicos que están gobernando la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de San Sebastián de una manera que inquieta a no poca gente de la clase media vasca, incluidos bastantes abertzales. La gestión no es su fuerte y, entre otros asuntos, manejan el padrón fiscal de Gipuzkoa en tiempo de crisis.
Con Arnaldo Otegi como cabeza de cartel, los abertzales podrían ser la fuerza ganadora, pero el Tribunal Supremo acaba de decidir que Otegi pase un tiempo más en la cárcel. Si Sortu, el formato más genuino de la antigua Batasuna, es legalizada -y probablemente lo será-, puede haber problemas de acomodo para el sector más moderado, esa Eusko Alkartasuna en la que incluso hay gente afiliada al Opus Dei, como el actual diputado a Cortes por Amaiur, Rafael Larreina. Con poco margen para el victimismo, Sortu -o Bildu, o Amaiur- difícilmente ampliará su espacio electoral, y ello explicaría la disposición del Ministerio del Interior a acercar presos de ETA al País Vasco, contrariando al sector más duro del PP y al núcleo más intransigente de las asociaciones de víctimas del terrorismo. El PNV y el PP están de acuerdo en dos cosas: el tiempo del lehendakari socialista, Patxi López, que aspira a suceder a Alfredo Pérez Rubalcaba al frente del PSOE, debe acabar lo antes posible, y debe disminuir el clima de excepcionalidad en el País Vasco para no alimentar electoralmente a su facción política más extrema. Hay, sin embargo, otros puntos de acuerdo menos conocidos. PNV y PP pactaron en fecha reciente el consejo de administración de Kutxa Bank -entidad nacida de la fusión de las tres principales cajas de ahorros vascas-, bajo la presidencia de Mario Fernández, vicepresidente en la administración Garaikoetxea (1982-85) y empresario con excelentes contactos en Madrid. Kutxa Bank probablemente esté llamada a tener un mayor papel en las finanzas españolas. Más adelante veremos por qué.
Bajo estas premisas recomienza la gran partida de mus vasca. Una partida a lo grande, con las obras del AVE a toda velocidad en los presupuestos generales del Estado del 2012. ¿Un relato complicado? Pues aún lo vamos a complicar un poco más. Tomen nota. El PNV está preocupado por la reclamación catalana de pacto fiscal y por la intensidad del debate que propulsa Artur Mas sobre el reparto territorial de la solidaridad interna española. Públicamente no se habla de ello, pero esa preocupación existe en Sabin Etxea, sede central del partido en Bilbao, en la medida en que coincide con el deseo alemán de una mayor homogeneización fiscal de la zona euro. El PNV sabe que España está abocada a una revisión del modelo autonómico y teme que el estrés fiscal de los catalanes se acabe traduciendo en una merma del generoso cupo, el secreto mejor guardado de la Hacienda pública española.
Sigan tomando nota. Un financiero vasco, José Ignacio Goirigolzarri, acaba de tomar el mando de Bankia, con el acuerdo del Gobierno. El último superviviente del linaje vasco del BBVA tendrá acceso a las caja negras del PP madrileño y valenciano cuando proceda a abrir en canal el banco recién nacionalizado. Lo sabrá todo. Goirigolzarri es rico, independiente y goza de un gran prestigio profesional. Nacido en Bilbao y formado en Deusto, también es un hombre bien comunicado con la élite del PNV. Una vez saneada con dinero público, Bankia acabará saliendo a subasta. Y quizás sea esa una buena oportunidad para Kutxa Bank. (Y para otras entidades, por supuesto).
Y, por último, el debilitamiento de Patxi López avivará la inconclusa pugna en el PSOE. Revisados los errores del congreso de Sevilla (esa Pasionaria de 140 caracteres), Carme Chacón volverá a la carga a lomos de un caballo alazán andaluz y con una biografía de próxima aparición, escrita por buena mano.
En la UVI, España sigue jugando al mus.
13-V-12, Enric Juliana, lavanguardia
