"Julio Iglesias en Valencia", Quim Monzó

El próximo 7 de julio, Julio Iglesias actuará en el auditorio del Palau de les Arts Reina Sofia de Valencia. El hecho no tendría nada de especial -Iglesias es cantante, los cantantes acostumbran a actuar y el auditorio del Palau de les Arts es un lugar idóneo para hacerlo- si no fuese por un detalle: el Palau está frente al juzgado de instrucción número 19 de Valencia, que hace tiempo que intenta encontrar al cantante para entregarle una citación judicial y no consigue saber dónde hacerlo. Los detalles los daba, el sábado,el Levante: "El caso en el que el artista ha de declarar está relacionado con la investigación por presunta malversación de fondos públicos, falsedad documental y delito fiscal por la firma y ejecución de un contrato B con el Instituto Valenciano de la Exportación por el que el cantante cobró al menos seis millones de euros libres de impuestos por representar a la Comunitat Valenciana".

La solución parece fácil, pues. Sólo hay que esperar a que el cantante aparezca en el escenario y entonces un ujier -o el mismo juez, Luis Carlos Presencia Rubio- puede darle la citación en mano. El atrevimiento de Iglesias podría ser considerado una forma de tentar a la suerte. ¿A quién se le ocurre actuar justo frente al juzgado que te está buscando? Pero la experiencia permite pensar que nadie le dará la citación porque, desde que el juzgado de instrucción número 19 considera a Julio Iglesias ilocalizable, el cantante ya ha actuado en el País Valenciano: fue el julio del año pasado, en Gandia. Entonces la oposición pidió al juez que aprovechase la oportunidad para darle la citación pero el juez, como si oyese llover.

Los amantes de la lírica dirían que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen, pero ese es un recurso demagógico y sudado. A mí más bien me recuerda a aquellos niños que, en mi niñez, cuando en la clase de Química hablaban del ácido sulfúrico, iban luego a una droguería y compraban un potecito, para verificar si eran ciertas las propiedades corrosivas de las que hablaba el maestro. A continuación iban a una tienda con umbral de mármol -había muchísimos, de mármol, a finales de los 50 y principios de los 60- y, disimuladamente, dejaban caer una gota. El día siguiente volvían, a ver si la gota había agujereado el mármol. Si no lo había agujereado bastante, dejaban caer otra. Al día siguiente volvían, a verificar los cambios, con la certeza de que, en caso de que los tenderos los viesen, saldrían corriendo y no los pillarían. Esto de Julio Iglesias va por ahí. No hay más que fijarse en que el Palau de les Arts -ese donde actuará, justo frente al juzgado que lo busca- es obra del arquitecto Santiago Calatrava, imputado en el caso Palma Arena y uno de los grandes beneficiarios durante el califato de Francisco Camps. El círculo se cierra tan magistralmente que, cuando acabe su recital, Julio Iglesias recibirá una ovación más que merecida.

22-V-12, Quim Monzó, lavanguardia