aquí no paga ni Dios

Veamos el percal con la lupa de mirar las impertinencias. No es que la Iglesia no pague el IBI, es que no lo pagan los partidos, los sindicatos, algunas oenegés, las entidades religiosas, y así un largo etcétera que recala en la más insólita de las excepciones: ¡la duquesa de Alba! Es decir, una de las terratenientes más grandes de Europa, con una fortuna ingente, que además acumula el contingente mayor de ayudas al campo, encima no paga el IBI. Pero es que en este mismo país la familia de un dictador tampoco pagaba impuestos hasta hace dos días, y nunca ha dado explicaciones del patrimonio acumulado gracias a la dictadura.

Y tampoco pasa nada si los equipos de fútbol deben millones a Hacienda, porque para eso alimentan el circo del pueblo. Y si hablamos de las sicav, esa fórmula para no pagar impuestos cuando se es demasiado rico, la cosa llega al clímax. De manera que la pregunta no es si la Iglesia debe pagar. La pregunta es ¿quién puñetas paga impuestos en España? Y la respuesta es de manual: la clase media y, por supuesto, la baja, ambas sometidas a la mirada estricta del gran hermano fiscal, cuya capacidad para asfixiarlas es inversamente proporcional a la capacidad de perseguir el gran fraude fiscal.

Es decir, lo único realmente controlado y fiscalizado es el colectivo de ciudadanos que tienen una nómina o una pyme o son autónomos, y que no sólo mantienen la buena salud de la economía, sino también los números públicos. España extorsiona tanto a la clase media como parece odiarla, de ahí que sea la única que no tenga excepciones de nada. Por eso la primera decisión de Rajoy fue subir el IRPF, lo único en lo que pareció tener autoridad. En cambio, amnistías fiscales para grandes defraudadores, nada de tocar a los de Bankia, no hacer la reforma de la Administración pública, ni posponer los AVE pendientes, y así hasta el infinito. La clase media es el banco de sangre del Estado. Y el Estado se ha convertido en un vampiro.

30-V-12, P. Rahola, lavanguardia