"¿Democracia o bictadura?", José Ignacio González Faus

No hay errata en el título. Quiere aludir a una dictadura duplicada, donde los dictadores pueden cambiar según las elecciones, y el dictador no es una persona sino un partido; pero sigue la dictadura. Algo de esto evocaban los indignados del 15-M que ha celebrado su aniversario. Y algo de eso repite la revista canadiense Rélations que titula su número de mayo: “Notre démocratie: fiction ou réalité?”.

Democracia significa que el pueblo es soberano y decide él. Pero ¿quién decide en nuestro sistema? La respuesta catequética sería: “El pueblo a través de sus representantes”. Correcto, pero sigamos preguntando: nuestros parlamentarios... ¿representan al pueblo o a su partido? ¿No funcionan los partidos como pequeñas dictaduras donde “el que se mueva no sale en la foto”? Quien manda es el partido, no el pueblo, y la democracia ha degenerado en partitocracia. Los partidos (necesarios y antaño deseados) han asumido un papel que no les corresponde: suplantan la autoridad del pueblo en lugar de sólo representarla. Y eso prescindiendo de quién asigna el sueldo a los políticos: ¿el pueblo que es su patrón, o el contubernio partidario? Hace poco escribía Ignacio Sotelo que “la fragilidad de nuestro sistema democrático radica, en última instancia, en la fragilidad de la democracia interna de los partidos”. Carme Chacón reclamaba más democracia en los partidos como bandera de su aspiración a la secretaría del PSOE. Nada que objetar, mucho que aplaudir. ¿Significa eso que, de llegar un día al cargo, nuestra exministra liberará a sus parlamentarios de la disciplina de partido? ¿Que en cada votación los parlamentarios votarán lo que les dicte su razón y su conciencia, y no lo que imponga el partido? ¿Aunque eso suponga perder alguna votación y hacer las cosas más lentas y trabajosas?...

¿Qué nos exigiría hoy una democracia real? Una ley electoral menos bipartidista, listas abiertas en las elecciones, fin de la disciplina de partido, sueldo de los políticos no asignado por ellos y control popular del gasto público. Permítaseme en este contexto alabar la nueva “ley de transparencia” por tibia que sea: es curioso que medidas “de izquierdas” (como los impuestos a los más ricos y esa ley) las haya tomado un gobierno de derechas. Ello pone de relieve hasta qué punto el “izquierdismo simbólico” y el “socialismo asistencial” de Zapatero se quedaban cortos.

21-VII-12, José Ignacio González Faus