"El Estado y la dieta Dukan", Màrius Carol

El Estado necesita una dieta de adelgazamiento urgente -como podría ser la Dukan que se anuncia "fácil y para toda la vida"- a fin de acabar con su obesidad mórbida. Un plan de pérdida de peso, que vaya más allá de una mera operación bikini para pasar el verano. No se trata de que al paciente se le vea mejor, sino de que el especialista actúe sobre su volumen para que no se muera de sobrepeso. No es una cuestión de estética oficial, sino de salud del sistema. El Estado devora la cuarta parte del PIB, así que o eliminamos el exceso de calorías o cualquier día reventarán sus costuras.

Algo así acaba de declarar Mónica Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, quien ha criticado en una entrevista en el diario Expansión que el ajuste del Gobierno vuelve a pagarlo el contribuyente con más subidas de impuestos, sin que se reduzca "el gigantesco sector público, que ha crecido muchísimo en los últimos nueve años". La empresaria madrileña propone terminar con las duplicidades y triplicidades en las administraciones, eliminar agencias, fundaciones o aeropuertos sin aviones (se podría añadir también los AVE en marcha a ninguna parte), que es donde se destina buena parte del dinero del contribuyente: "El 60% del ajuste se hace por la subida de impuestos y tan sólo el 40% por la reducción del gasto. No vemos que el Gobierno sea valiente y ataque donde tiene que atacar".

La sensación de que el Gobierno detrae recursos a las empresas y familias para destinarlos a actividades improductivas empieza a estar en el relato de la crisis, así que ya no es una leyenda urbana. El programa del PP no ofrecía dudas sobre la necesidad de cerrar organismos públicos que generan tanto coste como ineficacia. El propio ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, anunció al poco de llegar al Gobierno su compromiso de eliminar en pocos meses 450 organismos autónomos, fundaciones y empresas públicas. Pero el recorte ha resultado hasta el momento poco relevante y al despertar a la realidad "el dinosaurio todavía estaba allí", como en el cuento de Monterroso.

No debe ser fácil para el ejército de expertos funcionarios en el Gobierno actuar sobre un sector en el que han crecido laboralmente. Pero ellos mejor que nadie saben que es una verdadera enfermedad del Estado el exceso de grasa acumulada en los últimos años. Un Estado que ha servido muchas veces para que los partidos en el poder lo consideraran oficinas de colocación de sus amigos, conocidos y saludados, que diría Josep Pla. El problema del déficit público en España es más de crecimiento desbocado del gasto que de caída de recaudación. Esto lo saben los inversores internacionales y los burócratas de Bruselas. Un Estado con 3.381 empresas públicas, 613 fundaciones y 1.029 consorcios merece salir en el Guinness, pero no el crédito de los mercados.

25-VII-12, Màrius Carol, lavanguardia