"Un Madrid DF imposible", Enric Llarch

Uno de los obstáculos más insalvables para cualquier ensayo federalista enEspaña ha sido el modelo de crecimientode Madrid. Un modelo que data del franquismo pero que, con la democracia, ha sido impulsado hasta límites extremos. El federalismo no sólo representa un reparto en la política y en la gestión de gasto corriente, sino también de ingresos, de inversiones y de cualquier decisión con implicaciones territoriales. Sin embargo, el verdadero federalismo significa un reparto de poder económico y de centros de decisión entre los estados federados.

Durante más de treinta años, la respuesta española a la creación del Estado de las ha sido la de desarrollar una estrategia para hacer de Madrid una megalópolis de alcance mundial y convertir todo el resto de España en su hinterland. El famoso eje Berlín-París-Madrid-con la proyección sobre Latinoamérica- propugnado por Aznar y los dirigentes locales madrileños fue sólo la formulación conceptual de un proyecto tan real como poco explicitado.Los dirigentes políticos y las cúpulas empresariales de la España de matriz castellana -y de buena parte del resto- se sumaron encantados. No hace falta decir que, en este contexto, Barcelona y su tradicional proyección sobre el eje mediterráneo y el valle del Ebro son el principal adversario que batir. Y así tenemos el desarrollo radial del AVE, el corredor central de mercancías, las nuevas autopistas radiales de pago -porque las otras se tenían que saturar enseguida, y ahora están en quiebra- y toda la batalla del aeropuerto y de Iberia. Considerar España como rebosadero de Madrid hace que el Pocero impulse desmesurados desarrollos urbanísticos en Castilla-La Mancha. Lo hace desde el municipio físicamente más próximo a la ciudad de Madrid, mientras el aeropuerto de Ciudad Real se proyecta como segundo aeropuerto de la capital española. Y cuando desde Extremadura se indignan porque se cuestiona que llegue un AVE que no continuará hasta Lisboa, el argumento es que sin la alta velocidad no les llegarán empresas. Las empresas que no cabrán en el entorno inmediato de Madrid, claro está.

Esta proyección megalómana de Madrid ha ido acompañada del desarrollo de toda una serie de grandes empresas, algunas surgidas de la nada en muy pocos años, en torno a la creación de infraestructuras y de los procesos de urbanización y construcción, de la gestión de energía y suministros, de la financiación de todos estos proyectos y todos los despachos profesionales y las elites de la Administración y la política que están asociadas. El famoso palco del Bernabeu.

Cuestionar este modelo con un Madrid Distrito Federal y un verdadero federalismo es imposible: comporta ir contra todas las elites económicas y políticas conformadas en España durante los últimos treinta años. Unas elites que, si no tienen más remedio, acabarán dejando que Barcelona y Catalunya se marchen, pero nunca accederán al reparto del poder y la influencia que las han alimentado y las han hecho grandes. Cuando vean que Catalunya se va definitivamente, estas empresas serán las primeras en adaptarse a la nueva realidad para no perder el nuevo mercado catalán, revitalizado por su nueva condición de Estado independiente de Europa.

20-IX-12, Enric Llarch, lavanguardia