"¿Por qué nos mienten tanto?", Alfredo Abián

A Obama le ha faltado tiempo para declarar zona catastrófica a la mismísima Nueva York. Aquí, deberíamos esperar a que una comisión evaluara los daños y comunicara sus primeras conclusiones a los gobiernos de turno para que, en alguna de sus reuniones semanales, dictaminaran que un huracán había arrasado Barcelona, Madrid o ambas a la vez, y que se arbitraban medidas de ayuda excepcionales. Suena a broma, pero es lo que hay. Nos gusta mirar hacia otro lado, ocultar la cabeza bajo el ala, hasta que la realidad nos decapita. Si el Departamento de Trabajo estadounidense hubiese sido dirigido por nuestra ministra hispana del ramo, Fátima Báñez, probablemente estaría anunciando al mundo que la Costa Este saldría en breve de la crisis climatológica. Y lo habría hecho antes de que el ciclón arrancara el último roble sobre la fachada de nuestra propia casa. Tomemos un poco de té y pensemos. ¿Qué urgencia tiene la titular de la cartera de desempleo para intuir que España está saliendo de la crisis, que el año que viene se producirá un cambio de tendencia y crearemos puestos de trabajo? ¿A qué viene tamaño optimismo, cuando los analistas independientes hablan de un paro estratosférico en el 2013, que sitúan por encima del 27% y rozando los 6,5 millones de desempleados? ¿Acaso la ministra se ha transmutado en la Virgen de Fátima y quiere convencer a sus pastorcillos de que el sagrado corazón de la Inmaculada María vendrá en nuestra ayuda con carácter inmediato? Otro tanto sucede con el llamado banco malo. Nos están endosando a un zombi que intentará vender escombros inmobiliarios. Y si los números salen mal, que saldrán, no lo dude: pagaremos entre todos. Un interrogante final: ¿por qué nos mienten tanto?

31-X-12, Alfredo Abián, lavanguardia