"Inside job", Charles Ferguson
El autor del oscarizado documental ‘Inside job’ pide castigos reales para la delincuencia financiera
Charles Ferguson Traducción de Ramon Vilà Deusto. Barcelona, 2012 426 páginas Precio: 21,95 €
http://vimeo.com/24981578 (película en línea)
Justo Barranco, 28-X-12, dinero/lavanguardia
Los llamados ecosistemas de dosel son universos de flora y fauna que proliferan en las copas de árboles muy altos y llevan una existencia en buena medida independiente de los sistemas que ocupan los estratos inferiores del bosque. Tienen el mejor acceso posible a la luz solar y bloquean de paso el acceso al sol de todos los situados por debajo. El fenómeno es más complejo, ya que en esas copas de los árboles situadas a entre 30 y 50 metros de altura se encuentra buena parte de la biodiversidad del mundo entero, pero en todo caso es la imagen que el autor del oscarizado documental Inside job, Charles Ferguson, ha elegido para caracterizar la economía que predomina hoy: “Los colosales ingresos acumulados por la estrecha franja de una superélite situada en lo más alto de la pirámide de la riqueza ha generado una especie de economía del dosel a escala global que ha perdido todo contacto con las naciones y las personas de las que surgieron”, escribe en su nuevo libro, titulado en inglés Predator nation, pero traducido al castellano, para que no haya equivocación posible, también como Inside job.
Así pues, no se trata de la misma obra, aunque van en la misma línea, y en el libro profundiza más en las pruebas de que hay un nutrido grupo de banqueros que deberían estar en estos momentos entre rejas pero que siguen disfrutando de su libertad y de los cuantiosos bonus que han conseguido. De hecho, denuncia, siguen sin presentarse cargos penales contra ningún alto directivo financiero por la crisis, y eso que hubo “una conducta criminal generalizada”. Que ya comenzó antes: asegura que hay pruebas de colaboración entre grandes bancos estadounidenses y europeos en el fraude de Enron, en el blanqueo de dinero para los cárteles de la droga y el ejército iraní, en el ocultamiento de bienes de dictadores, connivencia para fijar precios y fraudes financieros varios. “En los últimos 30 años –desde que con la reaganomics comenzó la desregulación del sector, que continuaría con Clinton– el sector financiero estadounidense se ha convertido en una industria canalla”, denuncia. La desregulación ha creado un sector menos ético y más peligroso, capaz de crear crisis cada vez mayores y evitar cualquier castigo. Un sector cuya deriva deshonesta, con una cultura empresarial que “fomenta el fraude sistemático”, llevó como consecuencia natural al comportamiento que propició la burbuja.
Así las cosas, el autor cree que la imposición real de castigos por la delincuencia financiera a gran escala es un elemento clave de la re-regulación del sector: “Al Capone dijo una vez que se llega mucho más lejos en la vida con una palabra amable y una pistola que con una palabra amable sola”. De hecho, cree que en realidad el problema no radica en encontrar las mejores formas de regular los seguros de impago de deuda o de limitar el apalancamiento bancario. El problema es conseguir que los sistema político y académico de su país –y con ellos la economía y las regulaciones– sean más saludables, menos controlados por la oligarquía que dicta sus reglas y las teorías más adecuadas.
Unas reglas y teorías estructuradas en interés del mundo financiero o de los lobbys petrolíferos, de grupos que obtienen sus ingentes beneficios no de una mayor productividad sino de transferencias forzadas de riqueza del resto de la población. Unas reglas y teorías que han dejado las infraestructuras, el sistema educativo o las políticas energéticas del país muy lejos de las de una economía avanzada, creando además un enorme agujero en los presupuestos federales. Como el autor no quiere cargar las tintas sólo en los políticos, dedica un capítulo entero a los académicos que se han llenado los bolsillos ayudando al sector financiero, asegurando que la “revolución de la financiación hipotecaria ha reducido el carácter cíclico de la economía” o publicando artículos que hoy suenan tan divertidos como Estabilidad financiera en Islandia, por el que la Cámara de Comercio Islandesa pagó a Frederic Mishkin, profesor en la Escuela de Negocios de Columbia, 120.000 dólares en el 2006, antes de que cayera el país entero.
