"La voladura de la campaña", José Antonio Zarzalejos

La campaña electoral catalana ha registrado unas digresiones sobre su eje central que enturbian casi por completo la trayectoria de quince días de dura pero democrática dialéctica política. No seré yo quien incurra en el escapismo de las visiones conspirativas, pero desde una perspectiva amplia, considerando lo que está en juego, hay piezas que no encajan en el puzle y reclaman una observación recelosa. La publicación en el diario El Mundo de informaciones según las cuales un informe en "borrador" de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) vincula a las familias del president Mas y de Pujol con prácticas que podrían constituir ilícitos penales, resulta sospechosamente oportuna. Basta que el asunto resulte verosímil -más aún cuando se vincula al llamado caso Palau-para que el efecto político sobre los dirigentes nacionalistas aludidos sea como una bomba-racimo sobre su reputación. Cabe preguntarse por qué emerge ahora ese "borrador" y qué significado tiene denominar así al informe policial. Cabe preguntarse también si estamos ante un "borrador" especulativo o, por el contrario, es consistente para alcanzar el grado de definitivo y, por lo tanto, listo para ser remitido a la fiscalía o a la instancia judicial competente.

Sea como fuere, alguien -varios- han decidido poner en circulación esta historia que contará con el aplauso de muchos, pero con la aversión de otros -también muchos- que observan en esta operación obvios propósitos de lo que se denomina una guerra sucia. Las elecciones del 25-N tenían que producirse en un contexto, que aunque tenso, no se desbordase. Las graves acusaciones sobre Mas y Pujol rebasan determinadas convenciones políticas y vuelan la campaña. Entiéndaseme bien: ni creo ni dejo de creer en las informaciones publicadas. Los concernidos por ellas sabrán cómo defenderse. Simplemente planteo una cuestión de fondo: por qué ahora y por qué así. Y llego a una conclusión inquietante pero no del todo sorprendente: en la política española vale todo. He de añadir que se veía venir, que cada vez resultaba más previsible un quiebro de esta o parecida naturaleza para así desplazar los elementos nucleares del debate. Ha sucedido y, en términos políticos, constituye un terrible error. Sin perjuicio de que si hay ilicitud en acciones y decisiones, se depuren responsabilidades. Lo que ocurre es que el grado de concreción de estas es tan limitado como lo es un mero "borrador" de una unidad policial especializada...

En mi opinión, resultaba necesario y benéfico para todos que esta campaña no fuese turbia, sino transparente desde el punto de vista argumental, bien trabajada en sus ideas-fuerzas mejor competida en lo dialéctico y planteada, desde los medios y los partidos -los ciudadanos están dando ejemplo- con una especial responsabilidad histórica. No está siendo así y la campaña bien ha sido sometida a una voladura controlada, bien ha derrapado en curvas mal peraltadas. Todo este cuadro de situación remite a una característica habitual en la vida pública y periodística española: el desprecio del fair play como signo de identidad democrática.

18-XI-12, José Antonio Zarzalejos, lavanguardia