"Kompromat" + "Marrón glacé", Enric Juliana

KOMPROMAT

En Rusia lo que acaba de ocurrir en la campaña electoral catalana es tan habitual que tiene nombre propio: kompromat. Una contracción rusa -como agitprop, komintern o politburó- de komprometiruishiy material: material comprometido, susceptible de ser utilizado contra un adversario demasiado molesto. Material verdadero, material falso o mitad y mitad. Material acumulado por la policía política, verdadero centro de poder, desde hace más de cien años, del país más inmenso de la Tierra. Primero fue la Ojrana zarista, después vinieron la NKVD leninista y el KGB estalinista, y ahora garantiza el orden el FSB, entre los Urales y Vladivostok, entre el capitalismo Matrix y las viejas matrioscas.

El kompromat se ha convertido en una táctica de combate frecuente en la Rusia postsoviética. La periodista rusa Masha Gessen lo cuenta muy bien en El hombre sin rostro (Editorial Debate), reciente e interesante biografía de Vladímir Putin, el gélido y eficaz coronel del KGB destinado en Alemania Oriental en tiempos de la URSS que ha conseguido ser el hombre más poderoso de una Rusia en la que autoritarismo y democracia están alcanzando una futurista combinación. La Rusia del kompromat nos habla de los tiempos que vienen o pueden venir en una Europa acogotada por la crisis.

Lo cierto es que la policía vuelve a tener un papel relevante en la política española. No estamos en la Rusia posmoderna regida por ágiles excomandantes del servicio secreto -aún no-, pero el kompromat a la española comienza a ser frecuente. Todos recordaremos las declaraciones de María Dolores de Cospedal, en enero del 2011, acusando al PSOE de utilizar a la policía para espiar al PP. El pasado 20 de septiembre, justo un mes antes de las elecciones en Galicia, era detenido el alcalde socialista de Ourense, Francisco Rodríguez, por presunto tráfico de influencias. Dos jueces han puesto Lugo y Ourense patas arriba. Y la gente aplaude (con motivo). La detención, sin embargo, se produjo justo un mes antes de las elecciones autonómicas. El PSOE gallego ya no levantó cabeza.

El último kompromat es de libro. Ni un mes, ni una semana ante de la campaña electoral catalana: justo en medio. Komprometiruishiy material firmado por un experiodista deportivo que se hizo célebre con la frase: "Hay que parar a Messi por lo civil o por lo criminal". Como tarjeta de presentación no está mal. Un kompromat castizo que va a tener recorrido. Avezados comentaristas políticos de Madrid se llevan estos días las manos a la cabeza. Es tan evidente el posible efecto bumerán, que los demás partidos -incluido el PP- prefirieron no tocar el tema en el debate del domingo en TV3. Este kompromat va más allá del 25 de noviembre: obstruye el camino del diálogo y acabará en manos de la Audiencia Nacional. Hace exactamente una semana me lo predijo un entrañable amigo portugués que conoce muy bien España: "Sigo con atención el tema catalán y me pregunto en qué momento entrarán en escena los alguaciles y las audiencias".

20-XI-12, Enric Juliana, lavanguardia

MARRÓN GLACÉ

El “borrador” ahora resulta ser una suma recortes. Un puzle. Un ensamblaje. Un pastel con diversos ingredientes: cuatro informes policiales judicializados –es decir remitidos en su momento al juez que instruye el caso Palau, publicados por la prensa y en los que no aparecía el nombre de Artur Mas–, comentarios de internet, recortes de prensa, escritos anónimos... “Una hipótesis de Asuntos Internos es que no se descarta que una o varias personas elaboraran un borrador de informe a partir de múltiples elementos”, señalaba ayer una fuente del Ministerio del Interior. En pocas palabras, no encuentran el documento y se admite la hipótesis de un recorta y pega con membrete de la Policía. Un traje a medida para la campaña electoral. Un Kompromat, que dicen en Rusia. Komprometiruishiy material. Material comprometido para hundir a alguien en el momento oportuno. Releo la biografía de Vladímir Putin escrita por Misha Gessen (El hombre sin rostro) y me sorprendo ante la analogía. Un Kompromat castizo. Un marrón.

En el viejo caserón del paseo de la Castellana están lógicamente preocupados: no encuentran el documento que acusaría a Mas de un grave delito, han de barajar la hipótesis del puzle y sólo faltan cinco días para las elecciones en Catalunya. Si el Gobierno no conoce el documento y no sabe quién lo ha ensamblado, algo muy raro está pasando en España en un momento de gran expectación internacional. Mal momento para los Kompromat de andar por casa. Dos imágenes, dos marcos, están en juego. El de una clase dirigente catalana irremediablemente corrupta y envuelta en la bandera, o la de un aparato del Estado –o una fracción del mismo– que actúa a la desesperada para alterar el resultado de los comicios en Catalunya, por miedo a la victoria soberanista. Lanzar al aire una moneda con esas dos caras a cinco días de unas elecciones electrizantes es una temeridad que no encaja con una visión mínimamente estratégica del futuro de España. Eso es obra de aventureros. Es demasiado rústico. Los rusos lo hacen mejor. Es demasiado elemental. No hay que ser un lince para presuponer el efecto bumerán. Ese Kompromat pastelero obstaculiza las vías de diálogo a partir del 26 de noviembre, multiplica la sospecha general sobre todo el estamento político y coloca a la prensa internacional en posición de alerta: ¿qué pasa en España? Así se entiende el silencio de los candidatos en el debate de TV3 y las declaraciones de Alicia Sánchez-Camacho, ayer: “Creo en las palabras de Artur Mas”.

Papeles, papeles, papeles. En ocasiones hay quien conserva papeles de una anterior legislatura. Papeles que son glaseados cuando llega el momento oportuno. En Madrid hay gente seria, muy seria, que se está llevando las manos a la cabeza ante la posible castaña. Castaña confitada.

21-XI-12, Enric Juliana, lavanguardia