entre la democracia de la propia decisión y la imposición del Estado

Cataluña podría pronunciarse en la próxima legislatura sobre su futuro, en un referéndum que el presidente de la Generalitat se ha comprometido a celebrar. El futuro puede ser la independencia o la permanencia en España, quizás con otras condiciones. En el club de las naciones sin Estado las opciones están abiertas: algunos quieren volar por libre como decidió Eslovaquia en una votación parlamentaria, o como se plantea Escocia con un referéndum; otros sólo piden más cuerda en la cometa, como Quebec, que ha rechazado en dos referéndums ser independiente de Canadá, o Flandes, donde crece el secesionismo pero no hay una hoja de ruta para la ruptura.

El primer ministro británico, David Cameron (a la izda.), y su homólogo español, el presidente Mariano Rajoy.ESCOCIA
Sí o no a la secesión, en el 2014 Si William Wallace levantara la cabeza, podría intentar repetir la proeza de hace 700 años, ahora sin espada y con la fuerza de su voto. El líder independentista escocés podría participar en el referéndum sobre la segregación del
Reino Unido que el primer ministro escocés, Alex Salmond, ha anunciado para el otoño del 2014. El momento elegido es altamente simbólico, siete siglos después de la batalla de Bannockburn, una épica victoria escocesa frente a los ingleses, en las guerras de independencia de Escocia en las que luchó Braveheart. Pero Salmond, líder del independentista SNP, con mayoría absoluta desde el 2011 en el Parlamento autonómico, no tiene la victoria asegurada en el plebiscito: los sondeos pronostican que el sí no llega al 40%. Por eso se da tiempo para intentar mejorar los resultados y “restablecer” la independencia. Escocia forma parte del Reino Unido desde 1707 por el Acta de Unión.

La convocatoria de la consulta está siendo objeto de intensas negociaciones entre los gobiernos escocés y británico. Londres quiere que se celebre antes, en el 2013, y que la pregunta sea clara: sí o no a la independencia. Edimburgo prevé incorporar una segunda pregunta, para que los votantes puedan también aprobar o rechazar una tercera vía –alternativa a la dicotomía independencia/statu quo– para elevar el techo de competencias autonómico, lo que se conoce en la jerga política como devo-max. El acuerdo se espera para finales de octubre. En las negociaciones, Salmond ha dado claras muestras de querer entenderse con Londres; una victoria del sí en el plebiscito, por legal que sea, no implicaría la independencia, que debe ser pactada con el Parlamento de Westminster. Y entre las muchas cartas en juego está la propiedad futura de los ricos yacimientos de petróleo del mar del Norte.

QUEBEC
El soberanismo se despereza La provincia francófona de Canadá ha sido durante años un referente para los soberanistas europeos, que han observado con lupa los vaivenes del fervor independentista de Quebec. Gobernado desde 1976 alternativamente por soberanistas y liberales, en Quebec se han celebrado dos referéndums de independencia –en 1980 y 1995– en los que se ha impuesto la permanencia en el Estado federal. En el primer plebiscito la derrota del sí fue amplia, pero en el segundo les fue de 50.000 votos; se acarició la secesión con el 49,4%.

A pesar de este resultado, el sentimiento independentista se enfrió en los años siguientes –en el 2003 los liberales recuperaron el gobierno–, aunque ha vuelto a la agenda política con el triunfo del PQ en las elecciones provinciales de este mes. Pero la victoria ha sido tan corta –54 de 125 diputados– que el futuro del gobierno de Pauline Marois estará en manos de la oposición. De hecho, Marois no ha previsto una hoja de ruta separatista y vincula la celebración de un referéndum a la seguridad de la victoria del sí, que los sondeos sitúan ahora en torno al 40%. La primera ministra de Quebec sí ha dicho que solicitará a su homólogo canadiense que otorgue más poderes al Gobierno provincial.

ESLOVAQUIA
A diferencia de lo ocurrido en otros países del Este, en los que las revoluciones y rupturas fueron traumáticas, la independencia de Eslovaquia, en 1993, se produjo de forma pacífica. Una independencia casi de terciopelo, como la revolució que derribó el régimen comunista en Checoslovaquia cuatro años antes. El nacionalismo eslovaco, latente durante los años de la participación en la estructura de Checoslovaquia, despertó con la caída del muro de Berlín y fue decisivo en la ruptura pacífica del Estado, en la que también pesaron las diferencias de criterio sobre la participación en la estructura federal. La división en dos países, Eslovaquia y la República Checa, fue el resultado de una votación parlamentaria pactada, que entró en vigor el 1 de enero de 1993.

MONTENEGRO
La antigua república yugoslava estrenó su condición de Estado independiente en el 2006, como resultado de un plebiscito en el que el 55,5% –suficiente para superar el umbral mínimo del 55%– apoyó la separación de la unión estatal que formaba con Serbia desde 1918. Esta pequeña república recobraba así la independencia que le había sido reconocida en 1878 en el congreso de Berlín. Serbia reconoció el resultado y el presidente Boris Tadic envió un mensaje de paz y prosperidad a los ciudadanos de Montenegro, en la sesión parlamentaria en la que se ratificó la decisión adoptada en el referéndum. La unión entre Serbia y Montenegro era todo lo que quedaba de la federación de seis repúblicas que conformaban la antigua Yugoslavia.

TÍBET
Invadido por China en 1959, Tíbet no reclama la independencia, aunque los tibetanos consideran que la región fue funcionalmente independiente durante gran parte de su historia, sino que se le reconozca una amplia autonomía cultural y política. Su causa pacífica despierta apoyos internacionales y ha sido reconocida con el Nobel de la Paz a su líder político y religioso, el Dalái Lama, exiliado desde 1959 en el norte de India, que para regresar a Tíbet pide garantías a China de que respetará la identidad de su pueblo. En las últimas negociaciones, en el 2008, los enviados del Dalái Lama propusieron una fórmula para lograr más autonomía de Pekín, cuya respuesta fue que no permitiría al Tíbet el tipo de libertad que otorga a Hong Kong o a Macao.

29-IX-12, S. Hinojosa, lavanguardia