una primavera juvenil y antimachista sacude India

Una violación sádica y en grupo, en un autobús en circulación en Nueva Delhi, está provocando manifestaciones de rechazo hasta ahora inéditas en India. Ayer mismo, la policía tuvo que utilizar gas lacrimógeno y cañones de agua para contener a unos pocos millares de manifestantes –mayoritariamente estudiantes de los dos sexos– que pretendían acceder hasta el palacio presidencial. En otros lugares de la capital y por todo el país se están produciendo concentraciones desde hace cuatro días, reclamando reformas urgentes que pongan remedio a la inseguridad de la mujer y la impunidad de los violadores.

En Delhi se registran más de seiscientas denuncias por violación cada año, una cifra que casi multiplica por tres la de Bombay y por diez la de Calcuta, ciudades de población similar. El machismo está tan atrincherado en esta parte de India –el noroeste– que un político recomendaba recientemente rebajar la edad legal del matrimonio –18 años para ellos– para reducir las violaciones. Casi todos lo atribuyen de forma populista a la influencia occidental. En la que ha sido rebautizada como “capital de las violaciones” la seguridad es responsabilidad del Ministerio del Interior, por lo que la oposición ataca al gobierno de Manmohan Singh.

La víctima, una universitaria de 23 años que acababa de salir del cine con un amigo, fue violada en el falso autobús de línea por cinco pasajeros, que también la sodomizaron con una barra de hierro. Los dos jóvenes fueron apaleados, desnudados y abandonados en una cuneta, tras una hora de tormento. Fueron encontrados por un transeúnte mientras se desangraban. Ella se debate entre la vida y la muerte y, aunque no puede hablar, ha podido decir por escrito, primero, si han atrapado a sus agresores y, segundo, que quiere vivir. Cinco de los seis violadores, uno de los cuales es conductor de autobús, ya han sido detenidos y han reconocido que habían salido “de cacería”. La primera consecuencia del caso en cuestión es la prohibición, desde ahora, de que los autobuses lleven los cristales tintados o incluso cortinas. Y los políticos han prometido un juicio rápido.

En los diarios de ayer se podía encontrar la historia de una niña de tres años violada en un jardín de infancia de Delhi y la de una mujer violada en público por diez hombres y atada a un árbol en el estado de Tripura. La dosis de horror es cotidiana, pero las jóvenes de las grandes ciudades indias ya no se resignan.

23-XII-12, J.J. Baños, lavanguardia

La Puerta de la India ha sido cerrada a cal y canto a cualquier atisbo de primavera árabe. La salvaje violación de una estudiante –en curas intensivas desde hace nueve días– ha puesto en pie de guerra a los universitarios de Nueva Delhi. Pero el Gobierno indio quiere evitar a toda costa que sus concentraciones de protesta, ampliamente secundadas por las televisiones, conviertan la Puerta de la India, el popular arco de triunfo capitalino, en un remedo de la cairota plaza Tahrir.

Los últimos universitarios y periodistas fueron desalojados de sus inmediaciones el lunes. Además, para evitar concentraciones, fueron clausuradas ocho estaciones de metro cercanas, a un tiro de piedra del Parlamento, el palacio presidencial y los principales ministerios. Una novena estación, la de Connaught Place, también padeció el cierre de sus accesos, pese a ser el principal nudo de la red, con medio millón de pasajeros diarios. Asimismo, las carreteras que conducen a la acrópolis política de Nueva Delhi fueron bloqueadas, provocando caos y embotellamientos.

Las autoridades han aprovechado la batalla campal en que degeneraron las protestas entre el sábado y el domingo para laminar la protesta juvenil y expulsarla a zonas mucho menos lucidas de la capital. Una lástima, teniendo en cuenta que la movilización de estos jóvenes a favor de la dignidad y la seguridad de la mujer es una de las noticias más esperanzadoras que ha generado India en mucho tiempo.

Es cierto que a partir del domingo se unieron a la concentración agentes provocadores que prendieron fuego a las barricadas y replicaron la brutalidad policial. Se trataba, en muchos casos, de secuaces de fuerzas político-religiosas de oposición, ansiosas por secuestrar y capitalizar la indignación de los jóvenes. Varias chicas se quejaron de la actitud machista de estos sobrevenidos. También se dejaron ver el que fuera jefe del Estado Mayor del ejército hasta hace unos meses, general V.K. Singh, o el famoso gurú del yoga Baba Ramdev, que pide pena de muerte para violadores y corruptos.

El jefe de la policía de Delhi –al que hay que reconocer la eficacia con que detuvo a todos los presuntos violadores en pocos días– arguye que el problema de la violencia machista en la capital “no es sólo policial sino también sociológico”. Y recuerda que, a consecuencia del aborto selectivo de niñas y de las migraciones, en la capital hay apenas ocho chicas por cada diez chicos.

A ello hay que añadir el creciente abismo sociocultural entre jóvenes pobres (los presuntos violadores residían en barrios chabolistas) y jóvenes occidentalizados. Y la impunidad. Una joven manifestante lo resumía así: “Nosotras tenemos miedo de salir y ellos no tienen miedo de violar”.

25-XII-12, J.J. Baños, lavanguardia