recortar lo que no debería recortarse: peor el remedio que la enfermedad
puestos a reducir el gasto público, se deberían pedir al menos dos criterios: el primero sería una priorización y el segundo, y básico, que las medidas que se tomen efectivamente supongan una reducción del gasto. En la priorización quizá no todos nos pondríamos de acuerdo. En términos de mejorar la competitividad de la economía, gran parte de la ciudadanía piensa que la investigación y el desarrollo son fundamentales. Y en la formación del capital humano, la educación preescolar y la primaria sientan las bases de la igualdad de oportunidades.
Estos son dos ejemplos de partidas que deberían protegerse contra los recortes y priorizarse. Sin embargo, el Ministerio de Hacienda sigue con las orejeras puestas recortando a granel. Da lo mismo si son churras o merinas: lo único importante es que se reduzca el gasto. Aceptemos que no todos tenemos los mismos criterios de priorización y que el Gobierno, a pesar de que no lo parezca, también tuviera el suyo. Si fuera así, sería un criterio realmente extraño, pero démosle el beneficio de la duda. El problema es que Hacienda ni siquiera cumple el criterio más básico y en el que todos estaríamos de acuerdo si el objetivo es equilibrar las cuentas públicas: que efectivamente el recorte produzca una reducción del gasto. Por ejemplo, la reducción de sueldo a granel que se ha hecho en las universidades es un sinsentido.
La eliminación de la paga extra de los funcionarios reduce el gasto público. Pero la reducción del salario del personal investigador contratado en las universidades con fondos de la UE, de Estados Unidos o de cualquier otro país no reduce en nada el gasto público español. El único efecto, además de recortar la renta de unos investigadores contratados que tienen un salario muy modesto, es crear un excedente en el proyecto de investigación que tendrá que devolverse a la UE o el organismo financiador de Estados Unidos.
Por tanto, ningún beneficio para las arcas públicas españolas y un enorme perjuicio para el futuro de la investigación en España. Los investigadores afectados comprueban la enorme inestabilidad de la financiación de la I+D en España y ven con sorpresa como no existen criterios razonables de contención del gasto pues se afectan partidas que no tienen impacto sobre el objetivo final. Todos ellos son candidatos a irse de España a investigar en algún país serio. En fin, un disparate que pone en entredicho que efectivamente exista un mínimo plan de reducción del gasto más allá del recorte a troche y moche.
31-XII-12, José García Montalvo, catedràtic d'Economia UPF, lavanguardia
