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perfil de Luis Bárcenas, de la financiación del mayor partido político español

Más temido que respetado, pues conocía y conoce los secretos del PP, sobre todo en lo que a sus finanzas se refiere, Luis Bárcenas fue durante años una institución en el partido. De los más antiguos del lugar, empezó a trabajar allí en 1982, cuando era AP. Pasaron los tesoreros, hasta cuatro, pero él se mantuvo allí como gerente: era el que sabía, hacía y deshacía, salvo un pequeñísimo lapso de tiempo en la etapa de Hernández Mancha, de 1987 a 1989.

Bárcenas llega al PP (AP), a los 26 años, de la mano de un amigo de estudios y aventuras, Luis Fraga, sobrino del fundador del partido. El entonces tesorero, Ángel Sanchís, lo incorpora a su equipo y lo hace gerente. Desde entonces, todos el dinero del PP pasa por Bárcenas, que no es político ni quiere serlo, sino un profesional que incluso se pasa en el control del gasto y es capaz de echar atrás una factura de una comida si le parece demasiado elevada, dicen quienes han trabajado muchos años con él. Cuando Fraga vuelve a la presidencia del PP en 1989, tras el fallido experimento de Hernández Mancha, nombra tesorero a Rosendo Naseiro, que recupera a Bárcenas como gerente. Naseiro tiene que dimitir, ya en época de Aznar, por el caso de corrupción que salpicó a las cuentas del PP, pero Bárcenas sigue con su sucesor, Álvaro Lapuerta, a quien por fin sustituye como tesorero en el 2008. Nadie le puso cara, fuera del PP, hasta que Rajoy le lleva en las listas al Senado por Cantabria en el 2004, para que esté aforado y preparar su ascenso.

Bárcenas fue el creador de un cuerpo de gerentes, dependiente de Madrid, que hacía que las cuentas del partido en cada una de sus organizaciones territoriales fueran controladas por personas que dependían orgánicamente del gerente nacional, de Bárcenas, y el tesorero de turno. Controlaba todo el partido desde su despacho de la calle Génova, y Bárcenas no recibió de los tesoreros con los que trabajó más que elogios a su gestión, lo mismo que la dirección del PP, que lo despidió, cuando ya estaba imputado en el caso Gürtel, en el 2010, agradeciéndole su lealtad “al partido y a sus dirigentes”.

La vida económica del PP no ha sido sencilla, pero todas las operaciones pasaron por Bárcenas, que como gerente consiguió que las deudas que tenía la antigua AP no las heredera el PP.

Bárcenas es también artífice de la operación por la que el PP adquirió en 1996 la sede en la que estaba de alquiler desde 1983, Génova 13, un edificio de 6.000 metros cuadrados que adquirió a la aseguradora Mapfre por 37 millones de euros, que paga con un préstamo de Banesto.

Su labor no fue sencilla ni tranquila, porque a lo largo de sus 28 años al frente de las finanzas fueron varios los casos de corrupción, financiación ilegal incluida, que salpicaron al PP. El más grave fue el caso Naseiro, que no acabó con ningún dirigente popular en la cárcel por problemas de forma, pero las irregularidades quedaron acreditadas. Bárcenas, entonces gerente, no salió salpicado y siguió en su puesto, hasta que 20 años después estalla el caso Gürtel, y su nombre empieza a ser conocido fuera del partido.

La dirección del PP, con Rajoy a la cabeza, tardó un año en deshacerse de Bárcenas. Hay quien cree que por lo que sabe. Para entonces, los tribunales ven en Bárcenas indicios de fraude fiscal y cohecho, que aunque después se archivan, se han vuelto a reabrir.

Baltasar Garzón, en su inicial investigación, habla de que podría haber recibido 1.353.000 euros a cambio de adjudicaciones de contratos a empresas de Correa, cabecilla de la trama Gürtel que salpicó al PP en Valencia y Madrid.

20-I-13, C. del Riego, lavanguardia

No era bueno que los documentos de Bárcenas salieran fuera de la órbita de control del partido”. Con este argumento explican fuentes del PP que su extesorero mantuviera durante tiempo indefinido un despacho en la sede del PP, aunque según esas fuentes hace casi un año que no va por allí. A la intención de tenerlo controlado dicen que se debía el exquisito trato que ha recibido Bárcenas hasta ahora de la dirección del PP, desde que en el 2010 se le obligó a dimitir y pedir la suspensión cautelar de militancia por su imputación en el caso Gürtel.

 

Y es que Luis Bárcenas, de quien hoy todos reniegan, se marchó con el aplauso del PP. A pesar de la imputación, un comunicado oficial del PP le despidió en abril del 2010 con el “reconocimiento público a la magnifica gestión que durante estos años” como gerente y tesorero. El PP le agradecía “la lealtad que ha demostrado al partido y a los dirigentes” y proclamaba a los cuatro vientos el convencimiento de que “demostrará su inocencia”. No fue la primera defensa de Bárcenas. Ya un año antes, cuando la implicación era notoria y Bárcenas tuvo que dejar temporalmente sus funciones como tesorero, el PP hacía otro comunicado que subrayaba su “inocencia” y manifestaba el reconocimiento “a los 28 años de servicios de Luis Bárcenas al partido, que han sido ejemplo de profesionalidad y buen hacer”.

Tanto es así que el PP no dudó en pagarle los altos emolumentos de su abogado, para que le defendiera en el caso Gürtel, el penalista Miguel Bajo –que sigue representándolo–, durante cerca de un año, y sólo dejó de pagar la minuta cuando abandonó la militancia. El PP no sólo le pagaba el abogado, Bárcenas siguió cobrando su sueldo y mantuvo su despacho y la secretaria en la planta sexta de la calle Génova. Una de las platas de la dirección.

Según excompañeros de Bárcenas en la dirección, primero mantuvo su despacho, aunque ya no ejercía de tesorero, y después se le cambió a otro, en otra ala de la misma planta –“más discreto”–, adonde estuvo acudiendo de forma asidua. No obstante, todos ellos coinciden en que hace casi un año que las visitas son muchísimo menos frecuentes. Desde entonces, toda la documentación de Bárcenas se guarda en una sala de reuniones con armarios, bajo llave, en otra planta. En la sala Andalucía. Allí está la documentación que tenía Bárcenas en el despacho y que se revisó en la auditoría que el PP hizo de sus cuentas tras estallar el caso Gürtel. Los “papeles de Bárcenas”, los llaman, huella de 28 años de trabajo en el PP.

Según las fuentes consultadas, este supuesto trato de favor a Bárcenas garantizaba que la documentación del partido, la más comprometida, el “centro neurálgico del PP”, como son sus finanzas, no saliera de la sede. “No era bueno que saliera fuera de la órbita de control del PP”, se justifican. Esas mismas fuentes aseguran que Bárcenas ya no disponía de secretaria en el PP, pero que si alguien pregunta por él es atendido por su antigua secretaria, que sigue trabajando en la gerencia del partido, ahora a las órdenes de Carmen Navarro. Navarro sustituyó a Romay Beccaría, que a su vez sucedió a Bárcenas como tesorero. Romay Beccaría fue nombrado presidente del Consejo de Estado cuando Rajoy llegó al poder.

19-I-13, C. del Riego, lavanguardia

En el decálogo sobre Luis Bárcenas difundido por el Partido Popular hoy entre sus filas destaca una rotundidad que no se han aplicado la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y otros dirigentes, como Javier Arenas y Rodrigo Hernando. El "no me consta" utilizado en sus intervenciones a lo largo de la mañana, no aparece en el argumentario. Y sí se afirma que "no se ha producido el pago de sobresueldos a cargos del partido ni en la etapa actual ni en las anteriores", en respuesta a la información de que el PP pagó sobresueldos en dinero negro a parte de su cúpula durante 20 años.

En el argumentario también se intenta desvincularse de Luis Bárcenas, aunque mantiene coche oficial, despacho y secretaria en la sede del PP: "Dejó de ser tesorero, senador y militante del Partido Popular como consecuencia de un procedimiento judicial que está en curso".
18-I-13, eldiario.es

Luis Bárcenas pagó durante años sobresueldos en negro a parte de la cúpula del PP. Las cantidades que contenían los sobres oscilaban entre los 5.000 y los 15.000 euros mensuales, según han asegurado a EL MUNDO cinco fuentes solventes de las sucesivas direcciones del partido.

Luis Bárcenas controló esta práctica tanto durante los casi 20 años que ejerció de gerente del partido, como en el año escaso que permaneció como tesorero. El dinero procedía de comisiones cobradas a constructoras y compañías de seguridad y de donaciones anónimas.

Bárcenas ha amenazado con sacar a la luz esta contabilidad B si el partido no le ayuda a librarse de las consecuencias penales del caso Gürtel, que podría acarrearle una condena de cárcel.

El ex gerente y ex tesorero del PP Luis Bárcenas pagó durante años sobresueldos en dinero negro a la cúpula del partido y otros altos cargos. Los beneficiados con el reparto de sobres tenían un salario orgánico en A -en muchos casos, también uno institucional- y una cantidad adicional en B.

Desde que estallase el caso Gürtel a principios de 2009, Luis Bárcenas, que aparecía en la contabilidad paralela de la trama dirigida por Francisco Correa como Luis el cabrón, ha venido amenazando a las más altas instancias del PP con identificar a los perceptores de los sobresueldos si no le libraban de "comerse el marrón judicial". Al más puro estilo Diego Torres, advierte que, o le buscan un atajo para sortear la cárcel, o arrojará "las bombas atómicas" que obran en su poder.

Hay que recordar que el hombre que gestionaba las finanzas del partido está imputado por el Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional. El pasado miércoles se hizo público que llegó a tener, "junto a otras personas" cuya identidad no ha revelado, 22 millones de euros en el Dresdner Bank de Ginebra a través de una sociedad panameña. Un detalle: según su versión, esta cuenta opaca al fisco español data de antes de 1990, que es cuando se inició el abono de sobresueldos irregulares.

La bomba atómica que posee Luis Bárcenas, de 55 años y un auténtico pata negra del PP -empezó a llevar las cuentas con el efímero Antonio Hernández-Mancha en 1987-, se llama "contabilidadB del PP".

Y esa contabilidad B, que asegura tener a buen recaudo, recoge todos los salarios en negro que abonó durante años a la cúpula del partido y altos cargos de Génova 13. Hasta cinco fuentes diferentes han confirmado a EL MUNDO lo que Bárcenas relata entre bastidores. Que los sobres en negro a la cúpula iban desde los 5.000 euros al mes para los secretarios de área, a los 15.000 que percibían las más altas instancias. Existía un nivel salarial intermedio de 10.000 euros.

Esta costumbre procede de la época en que Manuel Fraga presidía Alianza Popular. En aquellos momentos, era tradición en todas las formaciones políticas el empleo de dinero en metálico para llevar a cabo la mayoría de las remuneraciones internas.

Con la llegada de Francisco Álvarez-Cascos a la Secretaría General del PP en enero de 1989, esta costumbre se estandarizó dentro de la contabilidad de Génova 13 que, a partir de entonces, tenía una vertiente oficial y declarada a Hacienda y otra en dinero negro plenamente sistematizada. Tras el Congreso de Sevilla de 1990, en el que se oficializó el relevo de Manuel Fraga por José María Aznar, el político asturiano prosiguió con su costumbre de los sobresueldos en B.

Álvarez-Cascos tenía como tesorero a Rosendo Naseiro, que tuvo que dimitir en 1990 por un escándalo de posible corrupción y, como gerente, es decir, como el auténtico cerebro en la sala de máquinas de la financiación, a Luis Bárcenas, un licenciado en Ciencias Empresariales por la prestigiosa universidad de los jesuitas Icade. El aparatchik andaluz ascendió en el partido gracias a la convergencia de tres factores: su gran dominio de los números, su discreción y su amistad con Luis Fraga, sobrino del fundador, con el que Bárcenas estuvo a punto de coronar el Everest en agosto de 1987 -se quedaron a 150 metros de la cima-.

Bárcenas era el encargado del trabajo sucio. Tarea para la que fue confirmado en su puesto por Javier Arenas, que aterrizó en la Secretaría General del PP en 1999. El democristiano sevillano permaneció en este puesto hasta el otoño de 2003, en que le sucedió un Mariano Rajoy, que ejercía de presidente de facto más que de secretario general real. Por una sencilla razón: el presidente continuaba siendo José María Aznar, pero de iure. Más que nada, porque era un político con fecha de caducidad (marzo de 2004). Según las fuentes consultadas, Rajoy nunca cobró esos sobresueldos.

En octubre de 2004, con la toma de posesión de Mariano Rajoy como presidente del PP y de Ángel Acebes como secretario general, tampoco se interrumpió la entrega de sobres a la cúpula del partido y a buena parte del organigrama de la sede nacional de Génova 13. Eso sí, el debate, que llevaba años abierto, aumentó exponencialmente en virulencia. El ahora presidente del Gobierno sí tomó la determinación de prescindir de la trama Gürtel a la hora de organizar los actos y las campañas del partido, al menos, a nivel nacional.

Fue María Dolores de Cospedal, abogada del Estado excedente, y a instancias de Rajoy, la que dijo "basta ya" al reparto de sobresueldos en B en el partido tras acceder a la Secretaría General del partido en el Congreso de Valencia de junio de 2008. La actual presidenta de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha adoptó en 2009 la draconiana decisión de poner fin a más de 20 años de salarios en negro y de declarar al fisco hasta el último euro que entraba y salía del partido, nóminas incluidas. Desde entonces, todas las personas que cobran sueldos orgánicos lo hacen pagando sus impuestos correspondientes.

Tres cuartos de lo mismo sucede con los dirigentes populares que compatibilizan sus cargos institucionales -presidencias autonómicas, alcaldías, Congreso de los Diputados o Senado- con los orgánicos. La diferencia entre la era Cospedal y las anteriores es que ahora ni un solo euro escapa a Hacienda.

También se tiraba de dinero negro para satisfacer con sobresueldos tanto a trabajadores cualificados del partido, como para fidelizar a los escoltas, tanto los que prestaban sus servicios dentro de la casa como los que se dedicaban a proteger a amenazados por ETA.

¿Y de dónde salían estas ingentes cantidades de dinero negro? El dinero para estos sobresueldos procedería, según varias fuentes consultadas, del pago de comisiones por parte de constructoras tras recibir contratos públicos o a cambio de adjudicarles obras en las numerosas sedes que el PP tiene a lo largo y ancho de la geografía nacional. La segunda vía de financiación procedía de las compañías de seguridad que trabajaban para el PP o para administraciones públicas que controlaba la formación de centroderecha.

20-I-13, E.U./E.I, elmundo