el cardenal Rouco Varela, actor dominante en la política española

La relación sociedad-Estado en España e Italia discurren por vías en dirección contraria. Relevantes historiadores coinciden en señalar que España fue construida por el imperio de los Habsburgo. Primero, la superestructura; primero el Estado, después la idea y el sentimiento de nación, aún hoy, contradictoria y a la defensiva. En Italia ocurre al revés: el hundimiento del imperio dio lugar a una gran fragmentación de los dominios territoriales, a un ir y venir de fuerzas dominantes, así en el norte como en el sur; a un extraordinario mosaico político que se unificó tardíamente en 1861, contra la voluntad del Papa de Roma. Pío IX, confinado en la ciudadela vaticana, prohibió a los católicos italianos que participasen en las instituciones del nuevo Estado. Esa prohibición fue relativa -como tantas cosas en Italia- y, al cabo de un tiempo, los católicos se dotaron de una formación política propia, el Partido Popular Italiano, que después de la Segunda Guerra Mundial se transformaría en la célebre y hegemónica Democracia Cristiana.

La comparación con España vuelve a ser interesante. El catolicismo español, siempre muy pendiente de la protección del Estado, nunca llegó a constituirse en fuerza política autónoma. Juan Herrera Oria lo intentó en los años treinta, pero no le salió bien. En 1977, los obispos, encabezados por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, se negó a dar su apoyo a la federación democristiana que encabezaba Joaquín Ruiz-Giménez. Tarancón no quiso que la Iglesia tomase partido durante la transición y, años después, el papa Juan Pablo II se lo reprochó severamente. Los dos únicos partidos democristianos están radicados en Euskadi y Catalunya. El Partido Nacionalista Vasco y Unió Democràtica.

16-III-13, Enric Juliana, lavanguardia

La voluntad de poder del cardenal Antonio María Rouco Varela es uno de los hechos notables de la vida pública española. Voluntad de poder, escribía Friedrich Nietzsche, es la permanente ambición de lograr los propios deseos; la demostración de fuerza en cada momento oportuno. Der Wille zur Macht. Aunque Nietzsche no es un autor muy celebrado en el mundo católico, el arzobispo de Madrid conoce bien la filosofía alemana. Rouco culminó sus estudios en Munich (derecho y teología) en los años sesenta. Y no es necesario ser un entusiasta de El Anticristo, Ecce Homo y Así habló Zaratustra –Nietzsche, filósofo del ímpetu y de la vitalidad, acabó sus días abrazando un caballo enfermo en las calles de Turín–, para poseer voluntad de poder. Ese es un atributo autónomo de los dictados de la razón. Hay personas que ya nacen con él. Rouco Varela (Vilalba, Lugo, 1936) pertenece a esa estirpe. Ayer lo volvió a demostrar.

Rouco leyó la cartilla al presidente del Gobierno español a la misma hora en que Mariano Rajoy y su esposa, Elvira Fernández, eran recibidos por el papa Francisco en Roma. A la misma hora. Once y cuarto de la mañana. El nuncio de la Santa Sede, Renzo Fratini, siempre presente en la apertura de las asambleas plenarias de la Conferencia Episcopal, asistió a la escena, no muy acorde con los cánones de la diplomacia vaticana.

Rouco reprochó ayer a Rajoy tibieza, ausencia de proyecto y escaso apoyo a los postulados católicos en materia de costumbres. No es la primera vez que lo hace. En el 2008, el arzobispo de Madrid formó parte de la coalición que intentó defenestrar al actual líder del Partido Popular, tras su segunda derrota frente a José Luis Rodríguez Zapatero. Bajo la atenta mirada de José María Aznar, encabezaba la cordada Esperanza Aguirre, flanqueada por el diario El Mundo y la emisora Cope, propiedad del episcopado. Rajoy se cuadró y logró sobrevivir. Con los tambores de la crisis aún lejanos, pero ya audibles, intentó negociar un armisticio con Rouco. El de Pontevedra y el de Vilalba se reunieron a cenar en casa de una periodista de Madrid y la reunión acabó mal. Ambos se detestan. Desde que tomó posesión del cargo, Rajoy aún no ha recibido oficialmente al presidente de la Conferencia Episcopal. Y a tenor de lo ocurrido ayer, ese encuentro puede que no tenga lugar. El mandato de Rouco expira el próximo mes de marzo.

La Iglesia española se halla en situación de cambio. Nuevo pontificado y tiempo de jubilación de los arzobispos de Madrid y Barcelona, que ya han cumplido los preceptivos 75 años. Nueva presidencia del episcopado y relevo en las dos principales diócesis. Los tiempos están en manos de Roma.

Rouco, voluntad de poder, Der Wille zur Macht, envió ayer tres mensajes en uno: a Rajoy, a Roma y a los sectores católicos españoles a los que no les acaba de gustar el nuevo Papa. Rouco agota su mandato abriendo la puerta a la oposición silenciosa a Francisco.

16-III-13, Enric Juliana, lavanguardia