"Cervantes en Barcelona", Suso de Toro

Hoy día no se valoran mucho los buenos modales aunque creo que son imprescindibles, sin embargo a veces por malinterpretarlos hacemos el tonto. Cuando invitan a uno a asistir a un acto solemne en principio le hacen una cortesía, sin embargo este año decidí devolver la invitación a uno de estos actos. ¿Hago mal, es descortesía devolver una invitación a la entrega del premio Cervantes?

Creo que no. En primer lugar, porque aunque la invitación sea personal creo que no tiene tal carácter, el Ministerio de Cultura es una institución y este nombre de autor sólo es uno más incorporado mecánicamente a una extensa lista. No por ello dejo de agradecer la invitación pero, en la confianza de que a nadie importa, alivia mi culpa. ¿Pero por qué este año, al fin, tras años de dudas e incomodidad me he decidido a devolverla? No debido a la figura galardonada, José Manuel Caballero Bonald, escritor de mérito y una figura de andaluz grave que me resulta particularmente simpática. No porque uno desconfíe de los premios a la figura de un artista en vez de a su obra pues, aunque crea que el mérito de un escritor está en sus obras, comprendo que todas las comunidades humanas tienen la necesidad de referentes a quienes tomar como modelo. No porque gobierne este partido o aquel otro, además de sectario sería injusto. Tampoco porque lo entreguen los Príncipes, ahora que está en discusión la monarquía, sería una pose oportunista por mi parte y el respaldo de la Casa Real al premio sólo demuestra que es un premio de Estado. Y de eso se trata, de que en el ritual de entrega del premio sería un absurdo convidado de piedra, pues imagino que cuando se decidió incluirme en la lista de invitados lo fue en calidad de escritor y es un premio que explícitamente me excluía.

El premio Cervantes es un premio de Estado, el mayor galardón que el Reino de España otorga a un escritor y su naturaleza está en que el escritor o escritora galardonados, además de merecer un reconocimiento por su trayectoria, haya escrito su obra en lengua castellana, lo cual no es mi caso pues, considerando que no hacía mal a nadie y que ejercía un derecho ganado, escribí mi obra de ficción en lengua gallega. Me pregunto si no hay algo de involuntaria mala educación por parte del Ministerio en invitarme a un premio del que previamente me excluye.

Me hago más preguntas. ¿Es constitucional excluir de los posibles beneficios y protección del Estado a algunos ciudadanos discriminándolos en razón de su lengua, reconocida en la misma Constitución? El Título 1 del Artículo 14 dice que “todos los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Es posible que me corrija un jurista pero entiendo que ese principio de no discriminación se refiere no sólo a las leyes aprobadas en las Cortes sino a todo el funcionamiento del Estado. La Constitución dice formular un Estado democrático, por tanto discriminar por la lengua no es democrático y, estando ésta reconocida, creo que tampoco es legal. Entiendo que los escritores en lengua catalana, vasca y gallega son discriminados, basándose en una interpretación sesgada y mezquina de la Constitución, sin otra razón que defender los intereses particulares de una ideología nacionalista para excluir a una parte de la ciudadanía.

Se me objetará que la finalidad del premio es promover el prestigio del castellano o español en el mundo, cosa inteligente y loable, pero no es legítimo ni legal hacerlo sobre la discriminación de los ciudadanos españoles que tienen otra lengua por propia. Cuando el Rey dice solemnemente “nuestra lengua” refiriéndose al castellano, hay unos cuantos millones de ciudadanos, o súbditos, que piensan en otra lengua distinta. No se trata entonces de premiar o realzar la creación literaria española sino solamente la escrita en castellano. Pero, a cambio de excluir a los escritores españoles en otras lenguas, se extiende el reconocimiento a escritores de otras nacionalidades. Un escritor de nacionalidad noruega, canadiense, mexicana, italiana, argentina, australiana..., que escriba en lengua castellana puede recibir el galardón, pero un señor o una señora de esas mismas nacionalidades que lo haga en catalán, vasco o gallego no. Un amigo mío natural de Inglaterra, de nacionalidad británica y escritor en lengua gallega se quejará con razón de la deslealtad de este Estado.

Sin embargo, como el premio se dota con los presupuestos del Estado también esos escritores excluidos contribuirán con sus impuestos a dotarlo, quiéranlo o no. Particularmente, como alguien que ejerció su profesión y cotizó durante años como trabajador autónomo en la categoría de escritor, me sentí perjudicado en mis intereses. Tanto da que me interesase ese premio o no, que considerase que tenía posibilidades de recibirlo o no, el trato que me dio el Estado fue perjudicial para mis intereses profesionales y me discriminó. Entiendo que el Estado cometió abuso y probablemente fraude. Alguien aprovechará para señalar lo miserable del planteamiento pero a mí me parece que lo miserable es atreverse a hacer una discriminación tan descarada y además celebrarlo con boato. Claro que eso ocurre porque muchos ciudadanos españoles ya hemos aceptado hace mucho tiempo como naturales esas reglas del juego, estamos acostumbrados a ser ciudadanos raros y de segunda. Los escritores y los ciudadanos en general catalán, gallego o vasco hablantes somos huéspedes en este Estado, se nos hace saber muy claramente que no es nuestra casa.

Pero incluso dentro de nuestra propia reserva somos huéspedes los indígenas. El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya acaba de reconocerle a una persona, que las informaciones presentan como argentino afincado en Catalunya desde hace once años sin especificar si su nacionalidad es argentina o española, el derecho a que todas las clases a las que sus hijos asistan se impartan en castellano. Extender esa interpretación de la ley impediría que la TV catalana emitiese en catalán si un hijo de ese señor estuviese viendo ese canal. Eso sí es reinar, allá donde fueres el mundo se pone a tu servicio, no creo que en el país de donde procede el demandante traten de ese modo a un niño catalán que quiera recibir clases en su lengua. Pero esa persona simplemente se acoge a la ley y a sus intérpretes y aprovecha en su beneficio la realidad política española: el Estado mima y lo protege a él y a sus hijos, en perjuicio de los catalanes en su propio país. La pregunta no es por qué los catalanes quieren tener un Estado que sea suyo, la pregunta es cómo han tardado tanto en planteárselo en serio.

España es así y no va a cambiar y, en consecuencia, no trata con respeto a los escritores catalanes, gallegos o vascos, que reciben del Estado el salario de los negados, de modo que nada pintan en los actos que los discriminan.

Me habría gustado que esta columna la hubiese escrito un escritor español en lengua castellana, a todos nos gusta ser tratados con dignidad. Eso sí, en la fiesta cívica que es el Sant Jordi estará como siempre Cervantes, quien a través de Don Quijote le hizo un reconocimiento humilde y admirado a la ciudad de Barcelona, y estarán las letras y los libros en cualquier lengua. Sea ésta imperial o no.

23-IV-13, Suso de Toro, lavanguardia