"México en la red", Joana Bonet

Hace unos meses, en los estudios de la Ser, conocí a Judith Torrea, la única periodista extranjera que vive aún en la ciudad más peligrosa del mundo, "en mi Juaritos", decía, con ese tono entre el apego y la convicción que a menudo utilizan las misioneras cuando son interrogadas en lugares inhóspitos. Torrea había renunciado a buenas ofertas de trabajo en Nueva York. Su pasado como redactora en la revista People,testigo del glamur y la decadencia - que suelen ir de la mano-,unido a su posterior labor periodística desde Ciudad Juárez - premiada con un Ortega y Gasset-conforman un perfil interesante. Pero ella, tan alta como valiente, no ha querido renunciar a seguir escribiendo crónicas de la vida diaria desde el estado de Chihuahua, donde a diario se cometen entre 6 y 16 crímenes. Una elección meditada y sólo entendida, como el caso de las misioneras, por esa voz interior llamada vocación. Fuera de micro me contó que no podía tener pareja, apenas amigos, y que cometía una imprudencia cuando dejaba algún rastro personal.

Me acordé de Torrea la semana pasada, con la noticia del asesinato de la periodista del diario Primera Hora,María Elizabeth Macías Castro. Fue decapitada, y junto al cadáver sus asesinos dejaron un mensaje: "Aquí estoy por mis reportes y los suyos". Macías había denunciado a los narcos desde su cuenta de Twitter. Aún no había cumplido los 40. Pocos días antes mataron a dos reporteras de la agencia Contralínea. A Marcela Yarce le dispararon en el clítoris y la dejaron morir desangrada. A Rocío González le reventaron los pezones a tiros y después la ejecutaron. Sé que es demasiado cruento lo que acabo de escribir, y me pregunto por qué no retrocedo con el cursor y borro. Pero aunque sea en una esquina del periódico, su memoria no merece ser callada.

5-X-11, Joana Bonet, lavanguardia