´Gritos´, Xavier Aldekoa

Un bebé muerto. Supongo que no es una imagen que se asocie fácilmente con un grito. Pero lo fue. El verano pasado, el campo de refugiados de Dadaab, en Kenia, era para el mundo como el polvo que se esconde bajo la alfombra. Distante e incómodo. En el segundo día en el campamento, una madre que había caminado 20 días para huir de Somalia yacía con el cadáver de su hijo recién nacido frente a un almacén de comida con la puerta cerrada.

Aquel niño muerto gritaba sin voz. Chillaba por la mano de hierro del dictador Said Barré que oprimió a su pueblo, por el caos que llegó tras su caída y porque en 1993, el mundo echó cuentas y, como la suma de problemas era mayor al del interés, se olvidó de ellos. El fundamentalismo y la pobreza tomaron el relevo. El hambre también. En Dadaab aquel bebé gritaba que el mundo le había cerrado la puerta. La indiferencia mundial ante las advertencias de la crisis alimentaria fue asesina: se podrían haber evitado 50.000 muertes. Hoy se sabe que habrá más gritos que nadie escuchará. En primavera habrá hambre en el Oeste de África. Muertos mudos otra vez. Como los que hoy gritan en Sudán del sur o en la República Centroafricana.

Quizás en el futuro, algún nieto le pregunte a su abuelo cómo era posible que por el año 2011 se permitieran muertes por hambre u olvido. Puede que un día el sonrojo de ese abuelo al no saber qué contestar sea el de todos. Quizás entonces terminen los gritos.

19-I-12, Xavier Aldekoa, lavanguardia