"En el principio, la semántica", Ramon Mullerat

El presente periodo de la historia se caracteriza por poner a prueba la semántica. El filósofo inglés Michael Oakeshott, que se afanó por comprender los estilos políticos seguidos en Europa en la época moderna, sostiene que no sólo los hábitos y las instituciones de los gobiernos europeos actuales son aleaciones de elementos diversos, también el lenguaje o el vocabulario de la política es un híbrido.

Expresiones como libertad, democracia u orden tienen múltiples y a veces contradictorios sentidos. La conducta ambivalente –dice– se mueve entre dos formas opuestas. El discurso ambiguo es una “confusión de significados” y con frecuencia resulta de un comportamiento ambivalente. Pero, por otro lado, el uso de un vocabulario ambiguo puede suscitar una conducta ambivalente.

Los semantistas distinguen entre el significado denotativo, descripción literal de lo que realmente es, y el connotativo, que lleva una carga emotiva por asociación, compartido por miembros de un mismo grupo. Hoy, están constantemente en labios políticos y mediáticos términos que, originariamente claros, han devenido anfibológicos y equívocos. Internacionalmente, eje del mal, armas de destrucción masiva, daños colaterales, abismo fiscal. Localmente, desaceleración económica, rescate, nación, Estado de derecho, legitimidad política. Estos términos tienen valor distinto y aun contrario según el origen, extracción o creencias de quienes los usan. Quizá haya que dar la razón a Ramón de Campoamor de que “en el mundo traidor nada es verdad ni mentira: todo es según el color del cristal con que se mira”.

No hace mucho leía una tesis ( Law, morals and ethics) de mi admirado amigo Geoffrey Hazard, profesor emérito de la Universidad de Pensilvania y director del American Law Institute, que considera una señal de madurez que una persona devenga consciente de que su sentido de la realidad y de lo que es bueno o malo es diferente de las mismas ideas en las mentes de los demás. Muchas personas no llegan nunca a comprender esta verdad y persisten en la convicción de que el mundo es sólo como ellos lo ven. Cualquiera que ha alcanzado la madurez es consciente de la locura de esta visión miope, dice. Hazard recuerda la respuesta del presidente Kennedy a dos informes sobre Vietnam. Dirigiéndose a los asesores militares que los habían preparado, les espetó: “¿Están ustedes seguros de que visitaron el mismo país?”.

Es indispensable convenir en el significado de los conceptos. Si no, existe gran riesgo de emular el popular juego de los disparates. Además de buena fe, se exige mucho diálogo. Por eso, en el principio fue la semántica.

20-IV-13, Ramon Mullerat, lavanguardia