democracia española: Esperando a... Montesquieu
Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, es uno de los grandes pensadores políticos de la Ilustración, que defendió a ultranza la separación de los poderes del Estado. A Alfonso Guerra se le atribuye haber proclamado la frase “Montesquieu ha muerto”, cuando en 1985, aprovechando la mayoría absoluta del PSOE, reformó la ley del Poder Judicial. Desde entonces, nadie parece tener demasiado interés en resucitar al esforzado barón, pues el poder político continúa contaminando la Justicia, al repartirse los nombramientos de jueces del Tribunal Constitucional de acuerdo con afinidades ideológicas. Sin embargo, la renovación del alto tribunal en la figura de Enrique López despertó serias reticencias del resto de magistrados, cuando la votación acostumbra a ser un mero trámite. Tuvo que ser el presidente Pascual Sala quien desempatara en su favor para evitar la crisis. Seis magistrados consideraron que el candidato no reunía “el reconocido prestigio” jurídico que se exige para ser miembro del Constitucional.
Enrique López es un personaje popular, no sólo por simpatías políticas, sino también por dimensión social. Últimamente se han publicado biografías suyas en las que aparecían curiosas referencias, como la de ser conocido con el sobrenombre de “George Clooney”, el ser la actual pareja de la presentadora Silvia Jato ( Pasalabra, primera época) o el haber destacado como tertuliano en Intereconomía. A sus 50 años cuenta con buenos anclajes en el PP y es colaborador habitual de FAES, pues constan más de medio centenar de colaboraciones suyas en ese think tank. Por cierto, en su biografía figura haber sido portavoz del Consejo General del Poder Judicial, donde mantuvo actitudes extremadamente críticas sobre la reforma del Estatut de Catalunya, el matrimonio homosexual o el diálogo con ETA.
Pero lo que le hace poco idóneo para el cargo es haber sido sólo ponente de 64 sentencias en veintiún años de vida laboral. El juez de la Audiencia de Barcelona, Santiago Vidal, manifestaba esta misma semana su extrañeza ante el nombramiento de López por su escaso currículo, señalando que un magistrado como él ha dictado 7.000 con tres años más en los tribunales. Alguna asociación judicial estudia presentar recurso ante el Contencioso, que podría anular el nombramiento.
El desprestigio de las instituciones, que sin ninguna duda es uno de los principales problemas de nuestra democracia, no mejora con casos como el del juez Enrique López. Urge buscar fórmulas para salvaguardar el poder judicial de las apropiaciones partidistas. pero nadie parece estar por la labor. Montesquieu, si no ha muerto, al menos es evidente que no goza de buena salud. Los políticos harían bien en recordar una de sus mejores frases, que dice: “Para ser realmente grande, hay que estar con la gente, no por encima de ella”. Pero no aprenden.
23-VI-13, M. Carol, lavanguardia
