Francisco Javier Gómez de Liaño, exjuez indultado por Aznar, es ahora el defensor de Luis Bárcenas

   Un antiguo magistrado de la Audiencia Nacional, exvocal del Consejo del Poder Judicial, indultado por José María Aznar en el año 2000, tras ser condenado por prevaricación, asume la defensa de un preso que podría complicar la vida al expresidente y principal dirigente del Partido Popular durante catorce años (1990-2004). Catorce años en los que Luis Bárcenas se movió a sus anchas por los despachos de Génova, 13, distrito postal 28004, Madrid.

Un cuadro de costumbres fenomenal. Asume la defensa de Bárcenas el indultado de Aznar, a su vez amigo del albacea del preso de Soto del Real. El abogado Javier Gómez de Liaño es colaborador del diario El Mundo, cuyo director declaró el jueves como testimonio de la causa. Es el albacea. Antes de entrar en la cárcel, Bárcenas le entregó unos papeles –un estadillo de la presunta contabilidad B del Partido Popular, en el que aparece el nombre de Mariano Rajoy, pero no el de Aznar–, y le habría confesado algo mucho más grave: el PP se habría financiado durante veinte años mediante continuas aportaciones de empresarios que esperaban algún tipo de recompensa administrativa. Esta afirmación, el albacea la transcribió sin entrecomillados, detalle importante, puesto que el cobro de dinero a cambio de favores administrativos es delito de cohecho. El preso, el abogado y el albacea forman hoy una unidad de destino. Madrid se está poniendo interesante. Lo primero que ha declarado el nuevo defensor es lo siguiente: “Aquí mando yo”.

    Francisco Javier Gómez de Liaño y Botella (Ourense, 1948), estuvo a punto de meter en la cárcel a los principales directivos del grupo Prisa, al asumir en 1997 una denuncia por un presunto delito de apropiación indebida. El Partido Popular pisaba fuerte y la lucha por la hegemonía en el sector de los medios de comunicación era feroz en Madrid. Estaba en su máximo apogeo. Corría el dinero, manaba la publicidad, las deudas no eran asfixiantes y cabía la posibilidad de un gran grupo español de comunicación con fuerte influencia en Latinoamérica. Conviene tener clara esta potencialidad para ponderar la dimensión y crudeza de las luchas políticas en España durante los últimos treinta años. Salvo Gran Bretaña, ningún otro país europeo tiene detrás un idioma con más de 400 millones de hablantes.

Gómez de Liaño fue denunciado, procesado, condenado por prevaricación y apartado de la carrera judicial. El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional rechazaron los recursos. El Gobierno le indultó con la condición de no reincorporarse a la Audiencia Nacional. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos estimó su reclamación sobre la parcialidad del órgano que le juzgó, sin anular la sentencia.

13-VII-13, Enric Juliana, lavanguardia