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En conjunto, y frente a los acuerdos más o menos expresos entre los seis partidos del arco constitucional (PLI, DC, PRO, PSIDI, PSI, PCI), la contribución parlamentaria de los radicales era, como señaló Pannella en agosto de 1976, “una contribución apasionada y dura sobre las cosas más importantes (…) en las luchas para la conquista de nuevas libertades, de nuevos derechos”. Aunque autónoma, esta actuación exigía como complementaria la acción en el país, para evitar su aislamiento e inutilidad.

Mientras en el Parlamento se formulaba y desarrollaba esta estrategia, el Partido Radical mantenía sin cambios las formas y contenidos de acción de los años anteriores al éxito electoral. Como prueba de esta continuidad, el Congreso celebrado en Nápoles en noviembre de 1976 rechazó toda tentación electoralista, recomendando que no se presentaran candidatos radicales en las elecciones previstas para el año siguiente, para no impedir la actuación en torno a “los compromisos prioritarios de las luchas radicales”. Y en lugar de limitar la actividad del partido, y de depositar sus esperanzas en los diputados recientemente elegidos, decidió relanzar la campaña de referéndums en torno a varios temas ya presentados en 1973 (la abrogación del Concordato, de las normas del Código Penal sobre delitos sindicales y de opinión, la desaparición de los Tribunales militares …), y a nuevas cuestiones, como la ley “Reale” sobre le orden público o las leyes sobre el financiamiento público de los partidos. El Congreso recordó

también la necesidad de continuar las acciones no violentas de desobediencia civil - definida como “Método constitutivo de la acción radical” -, en especial en defensa del “aborto libre y gratuito” y de la legalización de las drogas blandas. El deseo de pasar del “antagonista radical al protagonista socialista”, como señalaba el lema del Congreso, obligó a plantear directamente la actitud radical ante los temas económicos, escasamente abordados en los años precedentes; y a defender frente a ellos, no la búsqueda de “una respuesta ideológica unívoca y totalizadora”, sino la individuación de los problemas y la lucha por objetivos concretos, siguiendo las formas de acción utilizadas en las luchas por los derechos civiles. Por primera vez se definía la necesidad de enfrentarse a los problemas ecológicos y se proponía la creación de “formas alternativas y autogestionadas de producción” impulsadas por el partido, a la vez que se reclamaba el estudio de posibles referéndums sobre temas económicos concretos. Con ell

o, el Congreso empezaba a cubrir uno de los campos hasta entonces abandonados por los radicales, cuya escasa preocupación por las reformas económicas había sido criticada en diversas ocasiones por el resto de la izquierda.

Además de su sentido tradicional como forma de democracia directa y como instrumento para liquidar los rasgos fascistas o autoritarios de la legislación vigente y ampliar los derechos civiles, la campaña de referéndums de 1977 tenía un importante significado coyuntural: representaba la plasmación de la lucha radical a favor de una alternativa de izquierdas frente a los intentos del PCI, tras su triunfo electoral de 1976, por crear un clima de normalización política y social que permitiera el éxito del “compromiso histórico” (46). Como diría Pannella, el PR no estaba a favor del compromiso, sino de un “enfrentamiento histórico de clase u de liberación social”, tan alejado del maximalismo revolucionarista como de la espera y la renuncia a toda iniciativa. En el referéndum se concretaba “la cía del lápiz y la mesa a la revolución”, enfrentada a la pasividad de los partido mayoritarios e la izquierda, y también a las actitudes violentas que en esta año alcanzarían un gran impacto en el movimiento estudiantil y j

uvenil, y sobre todo en el sector de la “Autonomía organizada” (47).

En junio de 1977, tras tres meses de recogida de firmas con ayuda de Lotta Continua y de algunos grupos locales o militantes de otros partidos, los radicales presentaban más de 700.000 firmas para cada uno de los referéndums. Aunque ya en el tema del aborto se había superado en 1975 el medio millón de firmas exigido por la ley, en esta ocasión el éxito era más notable porque se trataba de ocho referéndums, algunos de ellos sobre temas poco conocidos por la opinión pública, y porque no se había contado con el apoyo de ningún órgano de prensa de gran tirada. Pero estos brillantes resultados se vieron alterados por la negativa del Tribunal Constitucional a admitir cuatro de los ocho referéndums, medida que trajo consigo una nueva situación crítica para el PR. En respuesta, la secretaría nacional, Adelaide Aglietta (que poco después fue designada miembro del jurado en el proceso contra un grupo de brigadistas rojos), decidió cerrar la sede central del PR, como protesta ante las dificultades para el desarrollo de

la actividad militante. Aún así, y gracias al obstruccionismo parlamentario, se consiguió salvar dos referéndums, cuya celebración produjo resultados bastante positivos para el PR: pese a encontrarse aislado y enfrentado al resto de los partidos parlamentarios, llegó a conseguir un 46 por ciento de votos en el referéndum contra las normas sobre el financiamiento público de los partidos.

Las actuaciones del grupo parlamentario radical, el éxito parcial de los dos referéndums abrogativos de 19878 y los buenos resultados en las elecciones administrativas de Trieste y del Trentino en este mismo año, permitieron al PR enfrentarse con esperanzas a las elecciones del 3 de junio de 1979, a pesar de la crisis mencionada, y de la clausura durante la primera mitad de 1978 de la actividad política nacional del partido. Aunque algunos observadores habían considerado que el éxito electoral de 1976 era un fenómeno momentáneo que no tendría continuidad (como había ocurrido en 1946 con el movimiento del Uomo qualunque), y pese a que el PR no había conseguido en los tres años transcurridos aumentar su presencia organizativa en el país, salvo la excepción de la red de radios radicales, los resultados superaron incluso las previsiones más optimistas. Para el Parlamento, las listas radicales consiguieron 1.264.085 votos (3,5 por ciento del total, frente al 1,1 por ciento en 1976) y 18 escaños (48): entre los el

egidos, junto a los líderes tradicionales del PR, como Pannella, Teodori o Mellini, se encontraban algunas figuras surgidas en las luchas de los años 70 (Cicciomessere, Aglietta, Marisa Galli, Adele Faccio, Emma Bonino, Franco de Cataldo), intelectuales de prestigio como el novelista Leonardo Sciascia o la escritora y feminista Maria Antonietta Macciochi, expulsada poco tiempo antes del PCI, y líderes de grupos de la nueva izquierda, como Mimmo Pinto, dirigente del movimiento de parados de Milán, o Marco Boato, figura destacada de las luchas estudiantiles antiautoritarias de 1968 en la Universidad de Trento, e integrado después en Lotta Continua. En el Senado, para el que se presentaron el algunas circunscripciones listas conjuntas del PR y de Nuova Sinistra Unita (NSU), con un 2’5 por ciento de los votos se lograron dos puestos, ocupado por Gianfranco Spadaccia y Sergio Stanzani. Y en las elecciones para el Parlamento Europeo, celebrado siete días después, las listas radicales consiguieron un 3’7 por ciento

de los votos (1.285.056 votos) y tres escaños para Pannella, Bonino y Macciochi. El éxito era tanto más notable si se tiene en cuenta el estancamiento o incluso el retroceso del resto de la nueva izquierda: el Partido di Unitá Proletaria (PDUP) sólo consiguió 502.389 votos (1’4 por ciento) y seis puestos en Parlamento italiano, más uno en el Parlamento europeo; y Nuova Sinistra unita tuvo que conformarse con 294.951 votos (0’8 por ciento), lo que no le permitió entrar en el Parlamento italiano.

Los análisis del voto radical realizados tras estas elecciones confirmaban y matizaban algunas características aparecidas tres años antes. La mayor influencia del PR seguía ejerciéndose en el Norte y en las zonas periféricas de Italia, en las grandes ciudades, y en general en las capitales de provincia. Se había acentuado el apoyo juvenil al partido, aunque a diferencia de 1976 ya no se trataba sólo de jóvenes universitarios de clase media y media-alta, sino también de jóvenes de extracción obrera. En cuanto a la procedencia política de los votos, en el Norte y en el Centro las ganancias radicales correspondían a zonas donde el PCI había registrado pérdidas significativas, lo cual representaba una novedad respecto al origen predominante socialista de los votos de 1976. Por fin, la personalización observaba en las elecciones de 1976 en torno a Marco Pannella había disminuido, como consecuencia de la aparición de nuevos líderes o la presencia en las listas de figuras como Sciascia. Aunque Pannella seguía benef

iciándose del porcentaje más alto de votos de preferencia, se habían acortado las distancias que le separaban del resto de los dirigentes del PR. El Partido Radical ya no era “el partido de Pannella”: “el electorado radical había reconocido - comenta Piero Ignazi -, tras la sólida figura del lider carismático, una nutrida representación de radicales a los que entregar el mandato y la confianza” (49).

Bajo el estímulo de este considerable avance electoral, en 1989 se puso en marcha una nueva campaña de recogida de firmas para la celebración de diez referéndums. Los temas reproducían en parte objetivos de las campañas anteriores: la supresión de los Tribunales militares y la anulación de los delitos de opinión del Código Penal, la eliminación de algunos artículos restrictivos de la ley sobre el aborto, la desaparición de la cadena perpetua, la legalización de las drogas blandas, o la derogación del llamado “decreto Cossiga” sobre orden público, que recortaba la libertad de expresión o el derecho a la defensa de los acusados. En cambio, otros recogían temas nuevos: así los referéndums contra la caza o las centrales nucleares, reflejo del creciente interés radical por la problemática ecologista; y los referéndums contra el derecho a llevar armas o contra la militarización de la Guardia de Finanzas, nueva formulación de los postulados clásicos antimilitaristas y no-violentos del PR (50). El llamamiento del XX

III Congreso Extraordinario, de marzo de 1980, en favor de estos “diez referéndums de defensa de la vida, de la paz, del derecho y de la ley constitucional”, y la propuesta de unidad de acción de la izquierda en torno a ellos, tuvieron una repercusión claramente superior a la de los intentos anteriores: en los meses de marzo a junio se había superado la cifra de cinco millones de firmantes, gracias en parte a la colaboración del PSI en la gestión de tres referéndums; e incluso la dirección del PCI, en especial después del abandono de la estrategia del compromiso histórico, en noviembre de 1980, ha dejado de lado su total oposición anterior a las propuestas radicales para adoptar una postura más matizada. Aún así, la decisión del Tribunal Constitucional, a comienzos de febrero de 1981, sólo ha considerado aceptables cinco de los diez proyectos de referéndums, a la vez que ha admitido también un referéndum contra el aborto, presentado por los mismos sectores clericales que a comienzos de la década de 1970 prov

ocaron la celebración del referéndum contra el divorcio.

Junto a al actuación en el Parlamento y las campañas de referéndums, cuya importancia fue ratificada en la moción del último Congreso radical, de noviembre de 1980, en los últimos años se han multiplicado las iniciativas radicales con otra serie de terrenos. En 1975 se había creado la Lega socialista e non violenta dei detenuti, cuyo objetivo era “la conquista de reformas y de derechos civiles a partir de la experiencia carcelaria”, y cuyas primeras reivindicaciones incluían el reconocimiento del derecho de voto a los detenidos, el fin de los traslados inmotivados de reclusos y la desaparición del trabajo negro en las cárceles. Dos años después, en enero de 1977, Adelaide Aglietta, Gianfranco Spadaccia y otros militantes del PR realizaron un ayuno de más de setenta días para conseguir la reforma del sistema penitenciario, la discusión inmediata e un proyecto de ley radical sobre amnistía para un gran número de delitos y el establecimiento de un decreto-ley que desmilitarizara y permitiera el derecho a la sin

dicación de los agentes de vigilancia de los establecimientos penitenciarios.

Igualmente, desde 1976 comenzaron a funcionar el Comitato per la libertá di espressione e comunicazione (CLEC), cuyas protestas y acciones de desobediencia civil ante los secuestros de periódicos y la censura de películas han confluido finalmente en el referéndum contra las normas sobre delitos de opinión el Código Penal; el Colectivo Abolizione Regolamenti Manicomiali (CARM), con el fin de luchar “contra las absurdas y anticuadas disposiciones legislativas todavía en vigor sobre los manicomios, a través de las cuales se expresa el carácter represivo no sólo de la psiquiatría institucional, sino también de toda la sociedad, a través de sus instrumentos de poder”; y el Fronte Radicali Invalidi (FRI), para combatir “toda forma de marginación de los disminuidos físicos en esta sociedad que está construida a la medida de los sanos, en lugar de a la medida de los seres humanos”(51). Y en los años siguientes, algunos grupos ecologistas, en especial de la Federación de Amigos de la Tierra, se unían al PR en la luch

a antinuclear o a favor el medio ambiente, cuyo resultado final hasta el presente es la proposición de los dos referéndums mencionados sobre estos temas.

Pero la iniciativa más importante de los últimos años corresponde, sin duda, a la campaña contra la política mundial de armamentos y el exterminio por hambre de millones de personas en el Tercer Mundo. Lanzada por Pannella en 1979, se concretó inicialmente en un debate provocado por el grupo parlamentario radical para conseguir una intervención urgente del gobierno italiano, siguiendo las recomendaciones de las Naciones Unidas, que ya en 1979 había solicitado que los países industrializados dedicaran al menos el 0.70 por ciento de us producto nacional bruto para ayuda al desarrollo del Tercer Mundo. El escaso resultado de la iniciativa en el Parlamento no fue obstáculo para que el Congreso Extraordinario de marzo de 1980 otorgara un carácter prioritario a este problema, y llegara a reclamar “el proceso por crímenes contra la humanidad de los responsables de la política de armamento y exterminio”.

A comienzos de 1981, en el momento en que concluimos esta introducción, y al margen de las nuevas iniciativas radicales en torno al terrorismo, y en especial en relación con el secuestro del juez d’Urso y la situación en las cárceles italianas de alta seguridad (suficientemente conocidas por su repercusión en los medios de comunicación españoles), los dos objetivos prioritarios del PR siguen siendo la lucha por el triunfo en los diez referéndums y el combate a través “de las supremas formas de lucha no-violenta” del derecho a la vida; es decir de la obligación, que a todos nos incumbe, de “crear vida y paz”, en vez de “contribuir a provocar muerte y guerra”. El desafío supera, como es habitual, las escasas fuerzas del Partido Radical, que ha previsto un nuevo proceso de refundación para el verano de 1982, con el fin de encontrar los cauces organizativos adecuados para potenciar la actividad del “área radical” no sólo en Italia, sino en toda Europa. Y no parece excesivamente arriesgado afirmar que el triunfo

o fracaso de esta nueva apuesta del PR no sólo afectará a la vida política italiana, sino también a todos los que aún creen posible superar el hambre y la muerte y crear una civilización que no se base en el terror, sino en la esperanza:

Manuel Pérez Ledesma

Notas:

(1) Tempo Illustrato

(2) Marco Pannella: “La fantasia come necessità” (prólogo al libro de Andrea Valcarenghi: Underground pugno chiuso. Arcana Editrice, 1975); recogido en Quaderni Radicali, nº 1, enero de 1978, pàgs. 18-28, y en el capítulo III de esta obra.

(3) Salvatore Sechi: “Radicali e comunisti: due logiche politiche e culturali”, Quaderni Radicali, nº 8-9, enero-junio de 1990, pág. 64-65.

(4) Massimo Teodori: Las nuevas izquierdas europeas (1956-1976). (Ed. Blume, Barcelona 1978, 3 vols. 866 págs.). En el volumen II (pág. 731-37), Teodori incluye una breve descripción de la historia del PR. El mismo Teodori reconoce que la denominación “nueva izquierda” se refiere a “un conjunto de fenómenos de diverso orden y naturaleza” (vol.1. pág. 47-48), por lo que decide emplearla en plural.

(5) Rodolfo Calamandrei: Lógica del radicalismo italiano (Florencia, 1985); citado por Fabio Morabito: La sfida radicale. Il Partito Radicale da Pannunzio a Pannella (Sugarco Edizioni, Milán 1977, 220 p|gs.), pág. 15).

(6) Morabito: La sifida radicale, págs. 42-47-

(7) Citado por Morabito: op.cit., pág. 79.

(8) Morabito: op.cit. pág. 88.

(9) “Esquema de declaración sobre la política exterior, el desarme atómico y convencional, sobre la política por la paz”, presentado por Marco Pannella y Giuliano rendi a los Consejeros Nacionales del PR, en noviembre de 1960; recogido en Quaderni Radicali, nº 5-6, enero-junio de 1979, págs. 243-45, y en el capítulo I de esta obra.

(10) Citado en Massimo Teodori, Piero Ignazi, Angelo Panebianco: I nuovi radicali. Storia e sociologia di un movimento politico (Arnoldo Mondadori editore, Milán 1977, 384 págs.), pág. 39.

(11) Umberto Eco: “Controinformazione radicale”, en La stampa italiana del neocapitalismo (ed. de Valerio Castronovo y Nicola Tranfaglia) (Ed. Laterza, Bari, 1976), págs. 141-43.

(12) Tal es la opinión de Massimo Teodori, para quien la separación entre el primer PR y los nuevos radicales, que llevaría a los primeros al “moderantismo laico-liberal”, y a los segundos a la defensa de “la revolución democrática y liberal”, se debió a la adopción por estos últimos de “una nueva hipótesis política: nueva en la estrategia, nueva en los métodos y en el mismo modo de hacer política, aunque los objetivos políticos hacia los que se dirigía la nueva acción eran en muchos aspectos los mismos de la precedente tradición liberal democrática y radical” (I nuovi radicali, pág. 25.)

(13) Según Teodori, el éxito de la UGI “influyó probablemente en la convicción de los nuevos radicales de que podrían repetir en el conjunto del país, depués de diez años, lo que se había realizado en la Universidad: es decir, afirmar un vigoroso movimiento laico, y no sólo una posición laica” (I nuovi radicali, pág. 30).

(14) El contacto de los radicales italianos con estas nuevas experiencias fue muy directo: desde 1959 a 1962, Marco Pannella, líder del grupo de “Sinistra Radicale”, vivió en Paris como corresponsal de un periódico italiano, y participó intensamente en las luchas del PSU contra la guerra de Argelia.

(15) Massimo Teodori: Las nuevas izquierdas europeas (1956-1976). vol. I, págs. 82-83.

(16) Henry David Thoreau: la Désobeissance civil. Paidoyer pour John Brown (Jean-Jaques Pauvert, editeur. Utrecht 1968, 166 págs.), págs. 79 y 146.

(17) Ibidem, pág. 137.

(18) Martin Luther King: “Carta desde la cárcel de Birmingham” (de 16-IV-1963), recogida en M. Luther King, James Baldwin, Malcom X: La protesta negra (Ed. Era. México 1965, 144 págs.) págs. 29-40.

(19) Este carácter moralista y cuasi-religioso se refleja en los textos de Gandhi, y llevó a Luther King a distinguir entre la técnica de la acción directa y la filosofía de la no violencia: “La primera es un método de acción: la acción directa por medio de la no-violencia es un método de acción para rectificar una situación social injusta, e implica un compromiso con una técnica práctica, que nulifica el uso de la violencia y que requiere constantemente la no violencia. Es decir, no se debe usar la violencia física contra el opositor. En cambio, la ética del amor es otra dimensión que lleva a la aceptación de la no violencia como un modo de vida. Hay muchas personas qeu aceptarán la no violencia como la técnica más práctica para ser usada en una situación social, pero que no llegan al punto de ver la necesidad de tener la no violencia como un modo de vida. Ahora bien, yo las tomo juntas. Creo que la resistencia a través de la no violencia es el arma más poderosa de que disponen los pueblos oprimidos en su l

ucha por la libertad y la dignidad. Es un medio para desarmar al opresor. Desenmascara sus defensas morales. Debilita su moral y al mismo tiempo actúa sobre su conciencia, creándole un conflicto; lo he visto una y otra vez durante nuestra lucha en el Sur. En cuanto al amor o a la ética del amor, pienso que es tan importante porque el odio daña lo mismo al que odia que al que es odiado” (“Entrevista con Martin Luther King”, por Kennet B. Clark; en La protesta negra, pág. 44).

(20) Citado por Teodori: I nuovi radicali, pág. 53.

(21) “Storia del partito radicale attraverso i documenti. Il convegno di Faenza dell’ottobre 1966”, Quaderni Radicali, nº 7 de octubre-diciembre de 1979, págs. 151-177, y nº 8-9, enero-junio de 1980, págs. 390-406 (La cita procede del nº 7, pág. 159). En el capítulo I de esta antología hemos recogido una selección de las intervenciones en dicho Coloquio.

(22) “Radicali: bilancio di un congresso”, entrevista a Marco Pannella.

L’Astrolabio, 21-V-1967, págs. 15-16; recogido en Aghina-Jaccarino: Storia del partito radicale, págs. 43-44. Los estatutos del PR aprobados en 1967, y las modificaciones posteriores, se encuentras recogidas en el capítulo II de esta antología.

(23) Desde 1962, el puesto de secretario nacional ha sido desempeñado sucesivamente por: Vicenzo Luppi, Luca Boneschi y Marco Pannella (1962-1963); Marco Pannella (1964); Gianfranco Spadaccia (1967); Mauro Mellini (1968), Angiolo Bandinelli (1969), Roberto Cicciomessere (1970), de nuevo Angiolo Bandinelli (1971 y 1972), Giulio Ercolessi (1973), Gianfranco Spadaccia (1974 y 1975), Adelaide Aglietta (1976), Jean Fabre (1978), Giuseppe Rippa (1979), Francesco Rutelli (1980). La fecha entre paréntesis corresponde al momento de su elección, que a partir de 1967 coincide con los primeros días de noviembre, en los que se celebra el Congreso anual. Muchos de estos secretarios nacionales llegaron a este puesto en plena juventud: Ercolessi tenía 20 años en 1973, cuando fue elegido primer secretario; Cicciomessere tenía 24 años en 1973; Rutelli tenía 26 años en 1980; Mellini tenía 31 en 1968; Spadaccia, 32 en 1968, la primera vez que ocupó el cargo de secretario; Pannella tenía 34 en 1964, y Aglietta 36 en 1976. El más

“anciano” era Bandinelli, que cuando ocupó este puesto por primera vez tenía 42 años. Como veremos, esta rotación en el puesto de secretario nacional, y los cambios similares en el cargo de tesorero y en los demás puestos de la Secretaría Nacional, el Consejo Federativo o la Junta de Tesorería, no son obstáculo para que los antiguos miembros de la izquierda radical de los años 50 convertidos en “dirigentes históricos” del nuevo PR en la década siguiente, hayan mantenido una gran influencia en el seno del partido: el caso de Pannella es, en este terreno, paradigmático. Por fin, conviene destacar que, de acuerdo con la previsión estatuaria de permitir el ingreso en el PR de no italianos, uno de los secretarios nacionales, Jean Fabre, era un francés refugiado en Italia por su negativa a realizar el servicio militar en su país.

(24) La moción aprobada en este Congreso, y las de los Congresos posteriores hasta 1975 están recogidas en Il partito dell’autogestione socialista e libertaria. Le lotte radicali attraverso i documenti congressuali e lo statuto (A cura del Partido Radicale, 1976, 46 págs.). En el capítulo I de este libro, hemos recogido las mociones más importantes, entre ellas la de 1967.

(25) Citado por F. Morabito: La sfida radicale, pág. 122.

(26) Morabito: op. cit., pág. 123.

(27) M. Teodori: I nuovi radicali, pág. 91.(28) Teodori: op. cit., págs. 93-94.

(29) La declaración de objetivos del MLD está recogida en el capítulo II de esta obra.

(30) La campaña de autodenuncia pública, comenzada por Macciocia, fue apoyada de inmediato por un llamamiento del MLD: “A todas las mujeres que han sufrido penas psíquicas y físicas por haber realizado abortos clandestinos en condiciones desastrosas y traumatizantes, a todas las personas que han estado próximas a ellas, ayudándoles a realizar el aborto, y que han sufrido con ellas, [las invitamos] a romper este muro de hipocresía y autodenunciarse como reos y cómplices, desafiando a la justicia a llevar a cabo hasta el final el deber que les impone la ley” (Morabito: La sfida radicale, pág. 158-59).

(31) Il partito dell’autogestione socialista e libertaria, pág. 32.

(32) Il Partito dell’autogestione…, págs. 15-16.

(33) Morabito: La sfida radicale, pág. 45.

(34) prueba de este cambio fueron las nuevas tesis aprobadas por el Congreso de 1974 de Avanguardia operaia, en las que se afirmaba: “Rechazando la tendencia inicial de la izquierda revolucionaria a confundir las reformas con el reformismo … el Comité Central ha recogido las valiosas experiencias brindadas durante los últimos años por toda una serie de luchas, tanto las dirigidas por los sindicatos tradicionales como las protagonizadas por las fuerzas revolucionarias, y ha considerado necesario resaltar la importancia de las reformas para la lucha revolucionaria, siempre y cuando se enfoquen dese el punto de vista e su naturaleza intrínsecamente antagonista, irreconciliable con los modelos interclasistas y abstractos típicos del revisionismo” (Citado por Teodori: Las nuevas izquierdas europeas, tomo II, pág. 572-573).

(35) Il partito dell’autogestione …, pág.29.

(36) “Los referéndums radicales” (Entrevista con Emma Bonino, recogida en el capítulo II de esta obra).

(37) Il partito dell’autogestione …, pág. 40.

(38) Pasolini, que hasta entonces había apoyado la mayoría de las propuestas radicales, se mostró en desacuerdo, en cambio, en el tema del aborto: “Estoy a favor de los ocho referéndums del Partido Radical, y estaría dispuesto a una campaña, incluso inmediata, a favor de ellos. Comparto con el Partido Radical en el ansia de la ratificación, el afán de dar cuerpo formalmente a realidades existentes; tal es el primer principio de la democracia. En cambio, me siento traumatizado por la legalización del homicidio (…). A propósito del aborto, es el primer, y el único caso, en el que los radicales, y todos los abortistas demócratas más puros y rigurosos, han optado por la realpolitik … ” (Corriere della Sera, 19-I-1975). En respuesta a su crítica, afirmaría Pannella: “Ninguna ley impedirá más la interrupción voluntaria de la maternidad. No tiene razón Pasolini cuando piensa que queremos despenalizar el aborto por realpolitik. Durante diez años hemos sido los únicos, junto a Gigi de Marchi, que hemos luchado a

favor de una sexualidad libre y responsable, a favor de la instrucción sexual, a favor del control de nacimientos y de una política de responsabilización demográfica. Continuamos esa lucha” (L’Espresso, 19-II-1975).

(39) Citado por Aghina-Jaccarino: Storia del partito radicale, pág. 112.

(40) En la campaña electoral, Pannella afirmó que 2las únicas cosas positivas de la anterior legislatura han sido el voto a los dieciocho años, el nuevo derecho de familia y la nueva ley sobre la droga. Y esto se debe a las batallas realizadas hasta ahora por los radicales” (Morabito: La sfida radicale, pág. 191-92).

(41) Morabito: La sfida radicale, pág. 197.

(42) Angelo Panebianco: “Il voto radicale nelle elezioni del 20 giugno 1976”, en M. Teodori, P. Ignazi y A. Panebianco: I nuovi radicali, pp. 226-290.

(43) Piero Ignazi: “I militanti radicali: composizione sociale e atteggiamenti politici”, en I nuovi radicali, pp. 213-265.

(44) Robert Michels: Los partidos políticos (Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna) (Amorrutu editores, Buenos Aires, 1979), vol. 1, pág. 175.

(45) Sobre la estrategia parlamentaria de los diputados radicales, véase Ernesto Bettinelli “Quattro radicali a Montecitorio: primo bilancio di una stagione parlamentare per la rivoluzione democratica”, Argomenti Radicali, nº 1, abril-mayo de 1977, pp. 114-127.

(46) Según Teodori, el éxito de la campaña radical de 1977 se debió sobre todo a esta oposición al inmovilismo del momento: “En ausencia de acción en la izquierda, y mientras se consumaba la larga negociación para conseguir acuerdos programáticos, en la que participaba directamente el PCI junto a los otro cinco partidos del llamado arco constitucional (DC, PSI, PRI y PLI), la propuesta radical representada a los ojos de la opinión pública una intervención activa en sentido opuesto, antes y por encima de los contenidos específicos del paquete de normas que se pretendía abrogar” (Teodori: I nuovi radicali, pág. 191).

(47) Marco Pannella: “Ai nostri compagni violenti”, Notizie Radicali, 24-III-1977, pág. 3. En el capítulo II de esta selección hemos incluido algunos extractos de este texto, que corresponde al discurso pronunciado por Pannella el 13 de marzo ante el Comité organizador de los referéndums.

(48) Los resultados de los restantes partidos fueron los siguientes: DC, 38,3 por ciento de los votos, y 361 escaños; PCI, 30,4 por ciento, y 201; PSI, 9,8 por ciento, y 62; MSI, 5’3 por ciento, y 31; PSDI, 3’8 por ciento, y 21; PRI, 3,0 por ciento, y 15; PLI, 1’9 por ciento, y 9; PDUO, 1’4 por ciento, y 6; NSU, 0’8 por ciento, y ningún escaño; otras listas, 1’2 por ciento, y 6 escaños. De acuerdo con estos resultados, el PR se convirtió en el sexto partido italiano por el número de votos, tras los demócratas-crisitanos, comunistas, socialistas, misinos y socialdemócratas, y por delante de los partidos laicos tradicionales (republicanos y liberales) y de las organizaciones o coaliciones de la nueva izquierda marxista.

(49) Piero Ignazi: “Elezioni 1979. Una analisi del voto radicale”, Argomenti Radicali, nº 12-13, abril-septiembre 1979, pp. 130-158. El mismo número de esta revista recoge los resultados electorales detallados (pp. 159-192).

(50) Sobre esta campaña de referéndums, èueden verse los artículos de Viviani, Mottola, Ramadori, Pratesi, Pergameno y Mellini, recogidos en Quaderni Radicali, nº 8-9, enero junio de 1980; y la entrevista con Emma Bonino, incluida en el capítulo III de esta obra.

(51) Teodori: i nuovi radicali, pp. 355-360.