España cañí -141: que te toque 7 veces la lotería no es cuestión de suerte...

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Los estados fracasan por muchas razones, pero la corrupción es una de ellas. Daron Acemoglu y James A. Robinson han escrito un libro ( Por qué fracasan los países) en el que explican que las instituciones políticas se convierten en enemigas del desarrollo y de la prosperidad (“extractivas” las llaman) en muchas naciones de África, Asia y Sudamérica. De acuerdo con su tesis, las élites en el poder manipulan las reglas de juego para beneficiarse de ellas en detrimento de la mayoría en determinados países, y sólo la transparencia de las instituciones, el fortalecimiento de la democracia y la libertad de los ciudadanos permite conseguir un progreso social.

El ensayo cuenta uno de los casos de corrupción más increíbles de la historia del mundo. Corría el mes de enero de 2000 en Harare (Zimbabue) y el maestro de ceremonias Fallot Chawawa tenía que elegir el billete que ganaría la lotería nacional organizada por un banco, el Zimbank, que era propiedad, en parte, del Estado. La rifa estaba abierta a todos los clientes con cuentas superiores a cinco mil dólares zimbabuenses. El redactor del boletín del Zimbank escribió: “Cuando Chawawa sacó el billete para el premio de los cien mil dólares, no podía creer lo que veían sus ojos, pues se dio cuenta de que estaba escrito el nombre de su excelencia el presidente Robert Mugabe”.

El hecho de que Mugabe pudiera ganar incluso la lotería si le apetecía es una muestra del control que este personaje ha ejercido sobre todos los asuntos de su país, que es un Estado colapsado por su ruinosa y despótica gestión hasta el punto que ha dejado de prestar servicios públicos básicos.

Salvando todas las distancias, la suerte con la rifa de este personaje sólo es comparable a la de Carlos Fabra, recientemente condenado a cuatro años de cárcel por defraudar a Hacienda. Fabra, que pertenece a una familia que gobierna desde hace siglo y medio la Diputación de Castellón, ha logrado que le tocara siete veces la lotería en el siglo XXI. Los peritos de Hacienda dudan que lo suyo sea buena estrella y se inclinan a pensar que se ha tratado de compra de décimos premiados para blanquear dinero.

Esta semana la oenegé Transparencia Internacional ha publicado su ranking de percepción de la corrupción y España es el segundo país donde más crece: ha pasado del puesto 30 al 40, por culpa de casos como el de Fabra. Por cierto, Zimbabue figura en el 157 de 177 países analizados. Es evidente que el alto número de escándalos registrados (Gürtel, Bárcenas, ERE, Palau...) que afectan a los grandes partidos ha provocado la indignación de la opinión pública que considera que deben explorarse otras formas de ejercer la política y el control sobre los políticos. El problema es que quienes deben regenerar el país andan con los papeles mojados. Y con ellos es imposible hacer buena letra.

8-XII-13, Màrius Carol, lavanguardia