la ingeniería lingüística de la Generalitat valenciana arremete contra la Academia, contra la Filología

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El lunes se supo que el acto de presentación del flamante Diccionari normatiu de la Acadèmia Valenciana de la Llengua -que iba a celebrarse el martes- quedaba cancelado. Oficialmente, los motivos eran unos problemas técnicos en la web, pero todo el mundo sabía que la realidad era otra. El diccionario no ha gustado al presidente valenciano, Alberto Fabra, que ha dicho que no lo acepta porque hay "ciertas cuestiones que no son compartidas con el espíritu establecido en el Estatut de Autonomia de la Comunidad Valenciana". Sería sorprendente que un político antepusiese sus gustos políticos por encima de la filología si no fuese que, de los políticos del estilo de Fabra, ya no sorprende nada. Un montón de estudiosos se han pasado doce años y han hecho doscientas reuniones hasta completar el Diccionari normatiu y eso, para el presidente, no tiene ningún valor porque él esperaba otra cosa y porque, según él, lo que importa es lo que dice el Estatut. La entrada que le escuece es la de valenciano. Traduzco: "Lengua románica hablada en la Comunidad Valenciana, así como en Catalunya, las Islas Baleares, el departamento francés de los Pirineos Orientales, el Principado de Andorra, la franja oriental de Aragón y la ciudad sarda de l'Alguer, lugares donde recibe el nombre de catalán". Es una definición magistral: dictamina que la lengua es la misma en todos esos territorios y clava un sopapo a los promotores de la incultura.

El miércoles por la tarde, en la web, el diccionario ya se podía consultar. Me pasé horas, descubriendo maravillas: "tindre molta fusta al cap", "veges si talla, ganivet de fusta esmolat amb palla", "ser els set paquets", "tindre la figa girada", "campanar de bajoques"... Como compartía los hallazgos por Twitter, a última hora de la tarde un par de tuiteros me hicieron llegar una acepción de llençolada que no he oído nunca en el Principado. Traduzco: "Juego erótico en el cual un grupo de hombres se sientan en torno a una mesa, de forma que la parte inferior del cuerpo quede tapada por una sábana grande, y después una persona situada debajo de la mesa practica una masturbación a uno de los participantes, que tiene que hacer creer a los otros que no es él quien recibe la estimulación genital". Acostumbrados a que el diccionario del Institut d'Estudis Catalans, impulsado a principios del siglo XX por señores con corbatín y actitudes más bien puritanas, dejase de lado buena parte de la riqueza del léxico sexual catalán, el diccionario del AVL es una feliz herramienta compensatoria.

Entiendo la indignación de Alberto Fabra. En 1998 no se sacaron de la manga la Acadèmia Valenciana de la Llengua para que, ahora, el Diccionario normativo valenciano remarque la unidad del idioma. ¿Para llegar a eso se han pasado doce años redactándolo? Malditos filólogos que los peperos creían obedientes a su diktat y que ahora les vienen con ese despropósito catalanista. Les ha salido el tiro por la culata.

7-II-14, Quim Monzó, lavanguardia