España y Reino Unido: un mismo deseo (el no a la secesión) y dos culturas políticas, civiles, opuestas

> las comparaciones son siempre odiables (por ejemplo, entre el Reino Unido y España)
> “España debería seguir el ejemplo del Reino Unido”, canal Bloomberg

El primer ministro británico, David Cameron (a la izda.), y su homólogo español, el presidente Mariano Rajoy.Dos gobiernos centrales (Londres y Madrid), dos deseos similares (el rechazo a la independencia), pero dos actitudes políticas completamente diferentes. Mientras el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, permanece enrocado en el rechazo a la consulta, el primer ministro británico, David Cameron, defiende con fervor la unión, justifica su postura con argumentos y dice que el debate incumbe a todos los habitantes del Reino Unido. Pero admite que la decisión final es sólo de los escoceses.

En su intervención más apasionada para evitar la ruptura, Cameron habló al país desde la Villa Olímpica de Londres, escenario de los Juegos del 2012, para evocar su espíritu de unidad y exhortar a los escoceses a que no se vayan en el referéndum del 18 de septiembre. "Queremos que os quedéis", les dijo. Aunque el no a la independencia sigue ganando claramente, las encuestas apuntan a un avance significativo de la causa soberanista, que habría recuperado hasta cinco puntos. Y todavía queda tiempo...

"Tenemos siete meses para salvar el más extraordinario país de la historia -señaló Cameron-. La decisión corresponde a los escoceses, pero a todos (ingleses, galeses, norirlandeses) nos incumbe intentar persuadirles de que se queden, por razones tanto racionales como sentimentales". El titular de Downing Street se ha negado sin embargo a debatir en televisión los pros y contras de la independencia con el premier escocés, Alex Salmond, gesto que este ha calificado de "cobardía".

"Me gustaría que el señor Cameron me explicase delante de las cámaras, y de paso a todos los escoceses, cuáles son para nosotros las ventajas de una política cada vez más restringida en materia de inmigración, del recorte del Estado del bienestar, de la privatización progresiva de la sanidad y la educación, de unas políticas económicas que favorecen a las élites y agrandan las diferencias entre ricos y pobres... Pero al parecer no se atreve", respondió.

El conservador David Cameron, en su discurso más elaborado hasta la fecha en lo que atañe a la independencia de Escocia, dijo que hay cuatro grandes argumentos a favor de la unión: las ventajas financieras de ser un país grande, la influencia internacional que ello conlleva (el escaño en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, etcétera), las "conexiones entre la gente" y el "impacto cultural". Explicó que su apellido es escocés y quiere decir "nariz torcida", y su identidad también lo es un poco (aunque sea percibido como un producto de las clases dirigentes inglesas, educado en Eton y Oxford). El primer ministro alegó que instituciones como el NHS (sanidad pública) o la BBC (radiotelevisión estatal) son parte del capital cultural común, y sería una pena desguazarlas. Sostuvo que Escocia saldría perdiendo si deja de formar parte de la OTAN y el G-8. Y mencionó a Sherlock Holmes y el whisky como parte del acerbo cultural común. "Juntos constituimos una marca internacional muy potente que a todos nos conviene preservar", dijo. Cameron quería que su intervención tuviera un tono positivo, de exhortación y no de amenaza, de modo que prescindió de advertir -como han hecho algunos de sus asesores o sostiene Madrid en relación con la cuestión catalana- que la independencia conllevaría la salida automática de la UE y la necesidad de presentar una nueva solicitud de ingreso que los otros miembros podrían vetar. La gran mayoría de analistas políticos británicos considera que si bien puede ser técnicamente cierto, en la práctica el interés general sería que dos regiones de tanto peso como Escocia y Catalunya siguieran formando parte de la UE y del mercado único. Y que la realpolitik suele imponerse.

El líder tory pidió a quienes se conforman con una mayor soberanía fiscal y transferencia de poderes a Edimburgo que voten no, sugiriendo que Londres atenderá sus demandas si la mayoría de escoceses rechazan la independencia en septiembre. Cuatro millones de personas a partir de 16 años (incluidos los nacionales de la UE residentes en Escocia) tienen derecho a voto en una consulta que tiene aún un considerable número de indecisos.

8-II-14, R. Ramos, lavanguardia

La pelea jurídica entre partidarios y detractores de la independencia de Escocia sobre cómo podría este territorio, en caso independizarse del Reino Unido, seguir formando parte de la Unión Europea se ha trasladado a Bruselas. Edimburgo asegura que sería posible acceder al club mediante un procedimiento simplificado e indoloro, mientras Londres -aunque no amenaza con vetar su ingreso- señala que la vía sería mucho más tortuosa y larga.

En un intento de aclarar qué artículo del tratado de la UE sería aplicable en caso de que un territorio que ya pertenece al club abandone al Estado con el que entró, la comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo ha decidido plantear la cuestión al servicio jurídico de la institución. La decisión fue adoptada el pasado 21 de enero por los coordinadores de esta comisión y viene impulsada por eurodiputados probritánicos, como el laborista David Martin, la conservadora Ashley Fox o el liberal Andrew Duff.

La pregunta se refiere a la pertinencia del artículo 48 del tratado de la UE para gestionar este proceso. Es decir, busca la opinión del Parlamento Europeo a la posibilidad de que la revisión de los tratados europeos necesaria para admitir a un nuevo socio se haga por la vía simplificada. Es lo que asegura Edimburgo y los defensores del concepto de "ampliación interna" del territorio comunitario la UE para acomodar a territorios que se han separado de sus estados originales. Precisaría sólo pequeños cambios al tratado que se resolverían en 18 meses, aseguran, y no se enfrentaría a la amenaza de vetos nacionales porque el territorio nunca habría dejado de pertenecer a la UE.

Londres, como los impulsores de la pregunta parlamentaria, sostienen en cambio que se aplicaría el artículo 49 del tratado, la vía prevista para gestionar toda demanda de ampliación, que en última instancia debe ser aceptada por todos los socios del club. La Comisión Europea, preguntada en multitud de ocasiones sobre el escenario al que se enfrentarían una hipotética Escocia o Catalunya independientes, coincide con la posición del gobierno británico. En varias ocasiones Bruselas ha expresado que el territorio escindido se convertiría en un Estado tercero respecto a la UE y se remite al artículo 49 para gestionar su ingreso, como cualquier otra solicitud de ingreso.

8-II-14, B. Navarro, lavanguardia