España cañí -151: ese país de "hecha la ley..."

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El viernes por la mañana, a la hora de desayunar, observaba las nuevas vinagreras que desde hace una semana hay en Can Vilaró, en previsión de que llegase el 1 de marzo, día en que entraba en vigor la norma que hace que las aceiteras tengan que ser de ahora en adelante irrellenables. Veo que en muchos restaurantes han aprovechado para cambiar también las de vinagre, que también son irrellenables aunque la ley no lo exija. Así pues, estaba en la barra mirando las vinagreras y se me acercó Vicenç Ferrer, mi aceitunero preferido. Me preguntó qué miraba, se lo dije y me contestó:

  -Todo eso es una chorrada. Si un restaurante quiere, puede seguir usando aceiteras rellenables. Basta que dentro del aceite ponga unos granos de pimienta, o una guindilla, y diga que es un aceite especial, creación de la casa. Con eso no pueden decirte nada. El aceite se consume rápido y los granos de pimienta o la guindilla no alteran su sabor. ¿Crees que los restaurantes italianos dejarán de lado las botellas con aceite y especias, y hierbas y guindillas y ajos, que tienen para que los clientes añadan un chorrito a las pizzas y así sean más picantes?

Lo de las botellas de aceite picante de las pizzerías me hizo dudar, pero no pensé más en ello. ¡No podía ser que los redactores del decreto hubiesen sido tan descuidados y los restauradores les pudiesen colar ahora ese gol! Pero entonces -oh, sorpresa-, al día siguiente, sábado, leí en el digital MallorcaDiario.com un artículo que confirmaba punto por punto lo que el día antes me había dicho el aceitunero. Según se explica, la junta directiva de la Federación Nacional de Hostelería ha encontrado una fisura en el real decreto 895/2013 (el que prohíbe rellenar aceiteras en bares y restaurantes). La fisura permite hacer una trampita que "consiste en introducir algún condimento en el recipiente contenedor -por ejemplo, un ajo, tomillo o una hoja de laurel- y etiquetar el envase con total claridad, informando de que se trata de un 'aderezo para ensaladas'". Pilar Carbonell, presidenta del sector de restauración de la Confederación de Asociaciones Empresariales de Balears, explica la estratagema: "De este modo no estamos sirviendo aceite, ya que no contiene sólo aceite, pero a la vez tampoco cambiamos radicalmente su sabor, ya que, para que eso pase, ha de impregnarse bastantes días, algo que no ocurrirá dado el margen de tiempo que el aceite dura en una aceitera".

Llegados a este punto me maravilla la incapacidad de los legisladores por no haber previsto que en el texto que preparaban -y no deprisa- había esa brecha. Los restauradores que están en contra de utilizar botellitas de aceite irrellenables tendrían que enviarles una cesta por Navidad, con un jamón bien grande, para darles las gracias. Hay que ser burro, francamente.

5-III-14, Quim Monzó, lavanguardia