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"Cinismo: fin de recorrido", Rafael Arencón

Charles James Fox (1749-1806) fue un campeón del radicalismo británico. En un tiempo en que los liberales se habían domesticado hasta ser sólo conservadores partidarios del libre comercio, Fox y sus amigos batallaron por causas como la abolición de la esclavitud, la independencia de las colonias o la defensa de la Revolución Francesa. Fue un whig consecuente con su tiempo, nada acomodaticio, siempre en la vanguardia de los cambios que la sociedad necesitaba.

Pero si así fue en su vida pública, en su vida privada también resultó todo un personaje. Lo explica con detalle Walpole en sus Memorias sobre la vida de Carlos Fox, ministro de Inglaterra. Una biografía llena de anécdotas relacionadas con carreras de caballos, duelos y encuentros galantes. 

Una de las más cercanas amigas de Fox fue Miss Armstead, cortesana con la que llegaría a casarse, enamorados ambos, provocando gran escándalo. De ella escribió Walpole: "Hacía unos gastos extraordinarios, tenía dos coches y muchos criados. Convidaba a comer a toda la juventud más brillante de la corte y de la ciudad, y sin embargo no estafó a nadie".

Parece que Walpole quisiera criticar aquí con sorna la aceptación de la corrupción por la sociedad de la época. 

La vida de las clases privilegiadas en ese tiempo se presuponía corrupta, por eso la moralidad de Miss Armstead era digna de ser destacada. Ella compartía con su marido, en palabras del propio Walpole, "aquella filosofía que prefiere la perfección ideal a las cosas que la experiencia ha demostrado son convenientes".

Viendo hoy las noticias sobre el procesamiento de Cristina de Borbón pienso que por muchos años en este país todo el mundo se ha dedicado a hacer lo que le convenía, sin miramiento ni escrúpulo alguno, al amparo del socorrido "todos lo hacen ..." 

Quizás sea llegada la hora de poner fin a tanto cinismo y recuperar todos la virtud, de acuerdo a la concepción que de ella tenía Aristóteles (tan estimado por Fox): un hábito que arraiga al ser practicado.

 Pongámonos en marcha y que de verdad cada palo aguante su vela.