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"ActiviZzzZzzmo", Xavier Aldekoa

¿Es más poderosa la esperanza o la desesperanza? ¿Quien no tiene nada que perder vence a quien cree aún en el milagro? Mientras hay vida, hay esperanza, dice el dicho. Vaya mala jugada, a veces.

Horas después de que Boko Haram secuestrara a más de 200 chicas nigerianas en una escuela del norte de Nigeria, sus madres salieron a la calle a protestar por la inacción del gobierno. Nadie escuchó al principio. De su grito desgarrado –“Devolvednos a nuestras chicas”, repetían con la furia encarada hacia el palacio presidencial–, brotó semanas después un lema que se convirtió en mundial. Algunos padres y hermanos, espoleados por esa esperanza (o, ay, por la desesperanza), se adentraron en el bosque de Sambisa, bastión del grupo extremista, en una misión suicida para recuperar a las niñas. Esta semana, las negociaciones con la banda para liberar a las chicas se han estancado y desde la alta política nigeriana ya se filtra otro mensaje con la esperanza (ésta de otro tipo, la suya) de que cale en la gente: algunas de las niñas jamás volverán. Vayamos haciéndonos a la idea.

En el 2012, la red miró a África con ojitos de arcángel con la campaña “Stop Kony”, para detener al líder de la milicia ugandesa Ejército de Resistencia del Señor. Sólo sirvió para retuitear hashtags gandhinianos, vender camisetas y que su fundador acabara delirando en pelotas por la calle. Kony sigue a lo suyo. Haríamos bien en no confundirnos: aquel activismo de sofá tenía el ombligo en Occidente y su objetivo era jugar a ser Superman. Uganda se sintió tan amada como cuando en el Starbucks a usted le ponen su nombre en la taza. En el caso de las niñas de Nigeria, el milagro de hashtags y solidaridad que creamos entre todos dio esperanzas a sus familias. Les hicimos creer que importaban. La semana pasada, 91 mujeres y niños fueron secuestrados por Boko Haram en otra aldea del norte de Nigeria. Los asaltantes asesinaron y saquearon sin que el ejército nigeriano se atreviera a acercarse. No hay nadie buscando a esas chicas. Tampoco hubo estómago para hashtags.

¿Es más poderosa la esperanza o la desesperanza? Voy a tuitearlo, a ver.

26-VI-14, Xavier Aldekoa, lavanguardia