España cañí -160: Papá Estado te prohíbe incluso la propia firma

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Un chico de dieciséis años ha enviado un escrito al diario Ara en el que explica que el viernes pasado, en Sabadell, fue con su madre a renovarse el pasaporte porque quiere viajar a Estados Unidos el mes que viene y le dijeron que su firma no era correcta. Explica el chico: "Todo iba perfectamente hasta que hago mi firma. En aquel momento el funcionario se la mira y nos dice que no se pueden hacer símbolos, que lo que yo había hecho era la senyera". El chico les explicó que las cuatro rayas que rematan la firma por la parte de abajo no representan los cuatro palos de la bandera catalana, y para demostrar que no ha tenido nunca problemas con esa firma les mostró el carnet de identidad, donde esas cuatro rayas aparecen sin que eso le haya comportado ningún conflicto. Dice el Ara: "Pero la persona que los atendía seguía negándose a validar la firma. La presencia de un superior que se presentó poco después no resolvió nada. El joven se tuvo que marchar sin haber podido renovar el pasaporte y tuvo que quedarse a la espera de que la Policía Nacional en Sabadell haga la consulta a niveles superiores para saber si puede autorizar esa firma".

¿Cuatro rayas bajo el nombre de la persona y un garabato indescifrable son ahora una declaración política? Si las rayas hubiesen sido dos o tres en vez de cuatro, ¿ese chico, Anthony Corey Sánchez Alberto, habría tenido algún problema? Yo he visto muchas firmas con rúbricas donde aparecen un montón de rayas, rectas y no rectas. Y si no tuvo ninguna dificultad para hacerse el carnet de identidad, ¿por qué ahora la tiene? Todos hemos visto, a lo largo de la vida, firmas que son un delirio de chafarrinadas. Las hay que parecen barrillas -esas bolas rodadoras que, en las películas del Far West (y en ciertas zonas de Catalunya también), el viento empuja por las zonas desérticas- y que te hacen pensar: menudo nudo mental tendrá esta persona. No hay que ser un experto en grafología para ver que muchas firmas muestran, con más nitidez que ninguna declaración de principios, la personalidad y las virtudes o contradicciones de quienes las hacen. La firma de Sánchez es bastante desconcertante, porque parece hecha a trozos. Hay una parte central donde se lee "A C Sánchez". Encima, un garabato medio trapezoidal y, debajo, las cuatro rayas. A mí me parece francamente fea pero, caray, es su firma, es aquella con la que él se identifica. El chico tiene dieciséis años y con el paso de los lustros su firma evolucionará, como pasa con todas. Y si por aquellas cosas de la vida no evolucionase, pues no pasaría nada: es la expresión de su manera de ser. Ya veo que pronto tendremos que presentar una instancia para pedir que nos autoricen nuestra firma. Crearán la Brigada de Investigación Grafológica y colocarán a un funcionario-grafólogo en cada oficina de expedición de pasaportes.

26-VI-14, Quim Monzó, lavanguardia