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"Entre la agonía y el espectáculo", Gregorio Morán

Quizá hemos perdido la sensibilidad, y como la verdad es que perdimos tantas cosas apenas se nota. ¿Alguien podía imaginar una escena tan patética como la competición entre tres presuntos políticos por hacerse con la secretaría general del PSOE? Uno responde al nombre de Pedro Sánchez, conocido en su casa a la hora de comer, del que aseguran que incluso es diputado. El otro es un buen chaval de la margen izquierda de la ría del Nervión, Eduardo Madina, al que un mal día ETA le voló una pierna; me produce pena y conmiseración, pero no me lo imagino ni siquiera de subsecretario de Asuntos Sociales. Hay un tercero, un mindundi de los que se apuntan a todo, Pérez Tapias, como los que raspan los botes por si les sale algún premio.

¡Qué bestia!, ¿no? Este fue el partido que cerró la transición y que consiguió algo inédito en la historia de España, una mayoría absolutísima en octubre de 1982, que le consentía todo, incluso no hacer nada salvo garantizarse un futuro sin problemas. La historia será implacable con esa fauna insaciable que no sólo no cambió nada sino que consolidó todo aquello que creíamos había terminado con la dictadura. No queda ni uno de aquellos soberbios dirigentes salidos del arroyo o de la cuna con sonajero, pero que hoy están colocados en consejos de administración, asesorías, con beneficios suntuosos y que les da una higa lo que pasó y la mierda que dejaron. Ahora nos enteramos que hay 10.000 aforados en España. ¿Desde entonces? Y un diputadete catalán tiene el valor de decir que el gesto honroso de Rafael Ribó al renunciar a su aforamiento le parece "populismo", y que, además, estar aforado tiene inconvenientes. Tenemos la clase política más corrupta y desvergonzada de Europa occidental, incluida Italia, por supuesto. Aquí los Berlusconi se dan hasta en Castellón o Torredembarra.

Se nos fue Rubalcaba, aquel invento decidido por los capitanes del Titanic. Ya que nos hundimos, ¿quién mejor que uno de los veteranos? Entre lo que él sabe de nosotros y lo que nosotros sabemos de él, nos compensamos. El PSOE desde 1974 fue un partido que se inventaron los socialdemócratas alemanes porque no había dónde escoger. Un libro reciente y pasado en el silencio, escrito por un chico de estos de becas y licenciaturas, Antonio Muñoz Sánchez, con un texto deslumbrante en su involuntaria crueldad, frío como un libro de recetas: El amigo alemán. El SPD y el PSOE de la dictadura a la democracia (RBA, 2012). Ahí está todo lo que necesitaban saber y no sabían a quién preguntar.



Es una afirmación temeraria pero inevitable. En este momento tiene más interés Mariano Rajoy en mantener al PSOE vivo y con un cierto peso en la vida del país, que el propio Felipe González, de vuelta de todo lo que no sea la figuración y el numerario. ¿Qué haría ese PP exultante entre la mierda y la desfachatez si no tuviera su paralelo en el PSOE?

El PSOE nació en Suresnes en 1974 y fue como un sietemesino al que había que ayudar a convertirse en adolescente, porque la derecha española, de una ambición suicida, liquidó a Adolfo Suárez y se quedaron solos. Exactamente igual que ahora se ha quedado Mariano Rajoy, porque no queda nada, porque lo ha comprado todo, y lo que no, se ha postulado para que lo alquile. Pero no se puede quedar sin el PSOE, sería tanto como cerrar un ciclo y abrir otro inquietante. Si no hay izquierda oficial se la inventan; ese es ni más ni menos el objetivo de este pase de modelos paleto de tres candidatos sin otra oportunidad que la ausencia, el vacío y, sobre todo, su inanidad. Después de Zapatero hay que ser muy idiota para apostar por otra improvisación.

El PSOE tiene su pequeña historia de 40 años, que va de Suresnes a Gas Natural, donde aquel líder que encandilaba a las señoras de bata guateada y a los intelectuales de bodeguilla, abrevó por última vez. Por cierto, Gas Natural está siendo investigada en Italia por sus conexiones con la Mafia. ¡Pero en Italia, nada de que preocuparse, aquí todos son impecables políticos aforados! Y en 40 años ha quedado esto, restos de un emporio que manejó las arcas del Estado y que le dejó al Partido Popular un terreno amplio para hacer lo mismo. Quizá uno podría llegar a la conclusión de que la competición más encendida entre PP y PSOE está en ver quién esquilmaba con menos efectos secundarios las arcas del Estado: tú Valencia, yo Andalucía, tú Castilla-La Mancha, yo Asturias... Evitar a ser posible las comunidades históricas, Euskadi y Catalunya, porque los partidos nacionalistas tienen sus derechos históricos de fondos y repartos.

¿Cómo hemos llegado a esto? Entrar en el modo y la forma y las justificaciones, nos llevaría muy lejos y ocuparía demasiado espacio. Resumiendo: sencillamente porque los partidos, que siempre son un tejido de intereses, en este caso se excedieron en su exceso de celo. Robaron más de la cuenta y luego, como las cuentas no salían, reivindicaron la mano negra del enemigo y las burbujas inmobiliarias en las que ellos fueron sus mayores beneficiados. Este país, España, sin límites ni vanidades locales, es un basurero. A todos esos caballeros que recién han descubierto a Cánovas y hasta a Sagasta -ay, me acuerdo de un viejo suscriptor de La Vanguardia que cada vez que yo me burlaba de la supuesta cultura de Sagasta, salía en su defensa, le añoro-. Nada que ver con lo que hay. Un líder no lee, no sólo porque no tiene tiempo sino porque no lo necesita; es perjudicial para su electorado.

Salvo en Sicilia, ese espejo de nuestra cotidianidad, no es normal que los jueces cesen a un ayuntamiento por corrupción generalizada, como ha ocurrido recientemente en Santiago de Compostela o en Torredembarra, con la nota de color de que Convergencia ha salido en defensa de los inculpados, que ya es tener las cosas claras. Son incólumes, indestructibles y sobre todo con una jeta fraguada en cemento armado, como esos letrados de altos vuelos, que no debo citar por autocensura, que aseguran que la justicia es igual para todos. Lo que no precisan es a partir de qué provisión de fondos la justicia se iguala.

En resumen, no se sabe muy bien quién tiene más prisa porque el PSOE arregle sus miserias internas, si el propio partido o el PP. Encontrarse en la situación de vivir cómo se mueren los partidos e irte al garete porque no tienes adversario que te permita regodearte, es un drama electoral. Para Rajoy lo más temerario sería tener que enfrentarse con esos chicos de Podemos, que no saben lo que cuesta hacer una oposición a registrador de la propiedad, y que incluso no deben creer en ¡la propiedad! Es verdad que jamás podrían ganarle pero le pondrían en un brete, porque a partir de ese momento todo el poder estaría cuestionado y lo que caracteriza los cuarenta años de democracia, corrupta hasta el hedor, es que nadie ha puesto en duda que la casta se renueva, pero tiene una continuidad que le permite ser la más consolidada de esta parte de Europa. Aforados todos.

No son conscientes de que si alguien hiciera fotocopias de las facturas que recibe de gas, agua y electricidad, bastaría para que les explotara en la cara un sistema muy rentable pero basado en la sumisión y la extorsión. Como el expresidente González que se aburre en los consejos de administración y ha decidido vender sus acciones. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esto y además lo cuente como si fuera un gesto altruista? El tránsito de los líderes del PSOE y del PP a los consejos de administración de las mismas empresas que ellos controlaron cuando gobernaban es un ejercicio de impudicia que nació de los dos ideólogos más notables que tuvo la España contemporánea: el socialista Solchaga y el pepero Zaplana.

Nos gobiernan entre Madrid y Barcelona los gobiernos más reaccionarios y corruptos desde los tiempos del cólera. El tiempo dirá si confirmamos o no la brutal frase de la economista franco-norteamericana Susan George: "Los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse".

5-VII-14, Gregorio Morán, lavanguardia