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"Partido Podemos", David González

Podemos, la organización que lidera Pablo Iglesias, que cuenta con 5 eurodiputados y que ayer emergió en la encuesta de CIS como (posible) tercera fuerza política en unas generales, se va a convertir en un partido. Sí, como lo leen: Podemos será un partido. Quizás algunos de ustedes se esperaban algo más imaginativo. Pero no. Por lo visto, el brillante equipo que dirige la nueva formación inexistente hasta hace cuatro días ha llegado a la conclusión que no hay otra: que las asambleas están muy bien pero que, además de deliberar, lo cual es democráticamente y cívicamente muy sano, el día a día, ese eterno mientras tanto con el que tiene que convivir cualquier idea o proyecto que se precie, exige tomar decisiones e intentar implementarlas. O sea, proponer, evaluar y decidir entre diversas opciones. Pero ante todo, lo que exige el mientras tanto, es que alguien las tome, las decisiones.

Bienvenidos pues a la realidad: esto no va solo, esto -lo de todos- hay que moverlo, y, claro, requiere quien lo mueva y requiere unas reglas del juego. Esto requiere estructura y, ay, orden y concierto. O sea, aparato. Y cabeza que lo dirija. Así, Podemos va a tener una suerte de asamblea ciudadana que se reunirá cada tres años, como máximo órgano decisorio (como, digamos, el comité federal del PSOE); va a tener también un consejo ciudadano de 80 miembros (como, digamos, un comité ejecutivo ampliado de cualquier partido); va a tener también un portavoz que es quien más mandará (el equivalente al presidente del PP o al secretario general del PSOE; ¿adivinan a quién le va a corresponder el cargo?) y que será elegido por congreso o asamblea general (como suelen hacer todos los partidos). El portavoz propondrá al citado consejo ciudadano una lista de 10-15 personas que integrarán la dirección operativa (o sea, un sanedrín formado por los que, junto al líder, partirán y repartirán la pana; lo cuál también es propio de todos los partidos conocidos). Todo el que se apunte, siempre que sea mayor de 16 años, podrá votarlo todo directamente, lo cuál es una tendencia a la que, con excepciones y no sin resistencias, también se van apuntando los partidos de todos conocidos. ¿Y los famosos "círculos", esas asambleas espontáneas, que han ido extendiendo la buena nueva de la nueva política entre tantas gentes justamente hartas de tantas cosas en ciudades, barrios y pueblos? Esos "círculos", el equivalente -ya lo habrán adivinado- a las juntas o agrupaciones locales de los otros partidos, continuarán siéndolo, para promover el debate y la relación con la sociedad, lo cuál, como decíamos, hace falta. Ahí se acabará su cometido.

Algunos de ustedes pensarán que, al final, Podemos será como todos, que caerá en los mismos vicios y se desinflará. Ojo: la lógica Iglesias dice que para batir al adversario -el bipartidismo, la "casta", el sistema- hay que combatirlo con sus mismas armas. El precio a pagar -ser un partido "normal"- es alto, pero más lo es el objetivo a alcanzar: el poder. Cuidado porque al final se trata nada más que de poder.

5-VIII-14, David Gonzéz, lavanguardia