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MSF vuelve a advertir de los defectos y malas prácticas de las ONGs

El informe de MSF pretende activar un debate de cara a la Cumbre Mundial Humanitaria que se celebrará en Estambul, en el 2016.

El informe de Médicos sin Fronteras (MSF) ¿Dónde están todos? caerá como un vaso de agua fría sobre muchas cabezas. Pero era necesario. Sus demoledoras pero valientes afirmaciones invitan a reflexionar sobre el papel de la gran e imperfecta maquinaria humanitaria. Cuando el objetivo de oenegés y agencias de la ONU es salvar vidas no se pueden hacer concesiones a la incompetencia ni a la burocracia.Y es de eso de lo que habla MSF, de un sector que en parte ha quedado encallado en el pasado, que no ha evolucionado al mismo ritmo que las demandas de los millones de personas atrapadas injustamente en guerras y hambrunas. El documento debe actuar como revulsivo para que el sector abra un periodo de reflexión que lleve a renovar el cada vez más complejo engranaje de la industria humanitaria; que sea más ágil y profesional.

En las emergencias más graves, cuando la asistencia es vital, los trabajadores humanitarios internacionales son rápidamente evacuados o se someten a un periodo de hibernación y los proyectos son suspendidos", diagnostica Joanne Liu, presidenta internacional de Médicos sin Fronteras (MSF), en el demoledor informe "Where is everyone?" (¿Dónde están todos?). MSF ha lanzado este documento, en el que afirma que agencias de Naciones Unidas y oenegés pecan de burocráticas y tienen aversión al riesgo, para abrir un periodo de reflexión que lleve a cimentar una ayuda humanitaria de más calidad.

MSF concluye que la acción de oenegés y ONU falla, no tiene impacto y, en líneas generales, es ineficaz, en base al estudio de tres crisis: la de Maban, en Sudán del Sur, entre el 2011 y el 2012; la de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo, en el periodo 2012-2013, y la gestión de los refugiados que llegaron a Jordania desde Siria entre julio del 2012 y junio del 2013. Para ello ha entrevistado a 116 personas, trabajadores en el terreno y en los cuarteles generales de organizaciones de este sector,

"Tenemos más recursos que nunca pero en los últimos años ni Naciones Unidas, ni oenegés, ni los donantes (gobiernos, Unión Europea...) han priorizado la respuesta a las emergencias y nosotros nos incluimos, no somos perfectos", indica Enrica Picco, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF, actualmente en la sede de Barcelona pero con experiencia en diferentes países de África Central.

Naciones Unidas está en el centro de todas las disfunciones por su falta de agilidad y por jugar un "triple rol: el de donante, coordinador y ejecutor, lo que causa conflictos de intereses". En Maban, Acnur (la Agencia de la ONU para los Refugiados) no interpretó "demasiado bien" ninguno de estos papeles: se dio cuenta tarde de la dimensión de la crisis y tuvo enormes dificultades para movilizar a personal cualificado.

En cuanto a las oenegés, MSF lamenta que no hayan sabido atender como se merecían a las víctimas de guerras y catástrofes naturales: "Ahora hay muchos más actores pero no se han adaptado a los cambios de las emergencias. Las oenegés han perdido capacidades técnicas, especialmente en salud, agua y saneamiento, no realizan propuestas rápidas, ni de calidad", añade Enrica Picco.

MSF se muestra muy crítica con la querencia de bastantes oenegés por buscar "objetivos" fáciles, sin complicaciones, lo que deja a las poblaciones más inaccesibles abandonadas a su suerte. "Parece que en Maban muchas agencias encontraron la emergencia demasiado dura. Hay escasez de organizaciones deseosas y capaces de hacer el trabajo difícil", subraya el informe.

Enrica Picco afirma que, por ejemplo, en los campos de desplazados de la región de Maban se habrían salvado muchas vidas si las cosas se hubieran hecho mejor: "Las tasas de mortalidad fueron altísimas, llegaron a 1,79 muertes por 10.000 habitantes por día y en el caso de los menores de cinco años a 2,84 fallecimientos, cuando el umbral de la emergencia está en una y dos muertes, respectivamente." El Programa Mundial de Alimentos no pudo suministrar raciones completas de alimentos hasta varios meses después de que estallara la emergencia.

En los tres casos, el sistema de recaudación de fondos fue "inflexible y burocrático. En Kivu del Norte, estimamos que los recursos tardaron tres meses en llegar, eso no se puede considerar una "respuesta de emergencia". Asimismo, reivindican que las agencias de la ONU presten ayuda a quien lo necesite, a los más débiles, independientemente de su estatus jurídico, para evitar que se repitan situaciones como las detectadas en Kivu del Norte, donde la atención que recibieron las personas alojadas en campos oficiales fue mucho mejor que la que tuvieron las que estaban en otros campamentos.

4-VIII-14, R.M. Bosch, lavanguardia