shopping interruptus (o la estupidez del prohibicionismo a medias)
Bajar persianas a las 6 de la tarde es difícil cuando hay clientes mirando ropa o teléfonos portátiles, o cualquier otra mercancía. La experiencia, nueva en Barcelona, de abrir comercios los domingos de verano con horario limitado, no podía transcurrir sin problemas. La normativa pactada entre el gobierno municipal, el grupo del PP y amplios sectores comerciales chirría, y hay algunos establecimientos que la incumplen abiertamente.
La Guardia Urbana ya se ha dejado caer en las tiendas de zonas turísticas que los domingos por la tarde siguen abiertas después de su horario oficial de cierre. Normalmente, los agentes se limitan a advertir del incumplimiento e instar a bajar persianas. Pero en algunos casos la advertencia ya ha dado paso a la denuncia que puede acabar en multa. Solo en el domingo 20 de julio, según datos oficiales, se hicieron 26 advertencias y tres denuncias, en locales de Ciutat Vella y Eixample.
"Lo de las 6 de la tarde es duro. Tienes la tienda llena y has de convencer a los clientes de que vayan saliendo...", explica Javier Cottet presidente de Barnacentre, una asociación que agrupa establecimientos de una de las zonas comerciales donde rige desde julio la libertad de abrir en domingo. Libertad limitada entre las 10 y las 18 horas. En otoño, cuando se haga balance de la experiencia, los partidarios de una mayor liberalización, entre ellos el PP, volverán a insistir en abrir más horas y más domingos.
A partir de otoño Ayuntamiento y comercios harán balance...
Muchos comercios que se han acogido a la liberalización no abren hasta el mediodía -no están obligados a ceñirse al horario- pero otros, incumpliendo la ordenanza de los horarios, mantienen la tienda abierta mientras haya compradores cerca de las 21 horas, incluso. Además, están los comercios que por su dimensión (menos de 150 m2) no están sujetos a la limitación horaria...
Lo cierto es que muchos comerciantes se quejan de que justo cuando las tiendas están mas llenas, a media tarde, han de cerrar su negocio porque lo manda la regularización horaria.
Para estos comerciantes es un contrasentido. Gabriel Jené, presidente de Barcelona Oberta. "El mercado está poniendo las cosas en su sitio -razona-. El horario hasta las seis de la tarde es insuficiente y antieconómico. No tiene sentido -subraya Jané- que tengamos que cerrar las tiendas cuando están llenas de gente".
Javier Cottet, presidente de Barna Centre, se pronuncia en el mismo sentido y admite que, como otros comercios de la zona centro de la ciudad, ya ha recibido la visita de la Guardia Urbana, instándole a cerrar cuando había superado el horario límite, pero insiste en que "la tienda a las seis de la tarde está llena". Y aún así hay que cerrar. A las grandes superficies comerciales del centro de Barcelona les ocurre algo parecido y, de hecho, ya en los primeros días de aplicación de la liberalización se quejaron de lo que para ellos es un absoluto contrasentido.
Visto lo visto, la liberalización horaria de los comercios este verano no acaba de convencer a nadie, ni a los comerciantes que se resistían a abrir ni a los que querrían abrir más. El malestar de unos y otros anticipa el debate de los próximos meses cuando el Ayuntamiento prevé renegociar el acuerdo de liberalización.
12-VIII-14, Ll. Sierra, lavanguardia
Cuando Barcelona opta por abrirse a visitantes de todo el mundo, su forma de vida sufre modificaciones inexorables. El debate de los horarios comerciales se ha precipitado con el boom turístico, aunque los hábitos de la población -que sufre la tendencia a alargar la presencia en el puesto de trabajo y la escasez de tiempo para compaginar quehaceres cotidianos- ya reclamaban cambios.
Miles de turistas deambulan los domingos por el centro de Barcelona sin poder saciar su ansia consumista, que no es poca. Entre quienes desean satisfacer esa demanda y quienes se resisten en aras de la conciliación familiar, el Ayuntamiento ha elegido una vía intermedia que se ha revelado ineficaz. Muchas tiendas abren y, cuando tienen al cliente en paños menores en el probador... ¡dan las seis en el reloj!, y hay que echarlo del local. El horario comercial no es cuestión menor. Afecta a la economía, al botiguer, al reparto del ocio, a las familias, al paisaje urbano, a la movilidad... Todos esos factores deben conjugarse para que la ciudad no pierda personalidad, pero sin anclarse en el pasado. Si el ordenador y el móvil han modificado los horarios laborales (a veces favorecen el teletrabajo, otras alargan la jornada en casa), el comercio no puede ser ajeno a las nuevas formas de organizar el tiempo. Al fin y al cabo, la compra on line no deja de crecer. ¡Si muchos hallan el amor por internet, cómo no van a encontrar unos pantalones! La gran diferencia es la experiencia física. Y esta debe ser lo más satisfactoria posible...
12-VIII-14, M.D. García, lavanguardia
