Qatar financia el terror de Estado Islámico (¡impunemente!)

Es hora de proclamarlo sin ambages. Qatar financia al terrorismo. Después de que el ministro alemán de Ayuda al Desarrollo, Gerd Müller, acusara al opulento y minúsculo emirato del Golfo de haber financiado a los yihadistas del Estado Islámico, Doha ha publicado un edulcorado comunicado condenando la decapitación del periodista estadounidense James Foley en Siria por las hordas de Abu Bakr al Bagdadi.

The fruit of a western education: Sheikh Hamad bin Khalifa Al-Thani, Emir of Qatar / ITUPictures, used under Flickr Creative Commons licenseSu ayuda a los bárbaros del islam es un secreto a voces. El exprimer ministro qatarí Hamad Ben Yasin El Thani, uno de los artífices de las primaveras árabes, confirmo el año pasado que su gobierno -junto al de Arabia Saudí y de ciertos países occidentales- armaban a los yihadistas sirios en campos de entrenamiento en Jordania y Turquía, con la cooperación de los servicios de inteligencia estadounidenses y franceses.

Varias son las razones de esta política. La primera de ellas es que en la familia reinante de una sociedad tan conservadora como la qatarí hay profundas tendencias salafistas o islamistas. Otra es que el gobierno de Qatar, al financiar los grupos radicales islamistas, actúa en connivencia con Estados Unidos y Europa.

Este imbroglio diplomático, con todas sus contradicciones, ya fue hace un tiempo muy bien desnudado en la propia prensa estadounidense: Estados Unidos es aliado de Iraq, que a su vez es aliado de Irán, que apoya al régimen sirio de Bashar el Asad, al que Estados Unidos desea derribar. Estados Unidos es también aliado de Qatar, que ayuda a los palestinos de Hamas a combatir a Israel. Pero, además, Estados Unidos es protector de Arabia saudí, que financia a los salafistas que arman a los yihadistas que quieren matar a los estadounidenses... Lo único indiscutible de todas estas intrigas y maquinaciones es que sus víctimas son los inocentes pueblos del Levante.

El emirato de Qatar es un escándalo en medio de la comunidad internacional, mantenido por su inmensa riqueza, con la que compran almas y cuerpos. Gracias al hundimiento de los pueblos árabes, al que tanto ha contribuido Qatar a través de su política subversiva en Libia, en Egipto y sobre todo en Siria, con sus ayudas a la cofradía de los Hermanos Musulmanes y a otros grupos más retrógrados y violentos, debido a la crisis económica de Europa, Qatar se ha impuesto como el anhelado Eldorado que todos necesitan.

El hábil emir Hamid Ben Jalifa, que el pasado invierno abdicó en favor de su hijo, el príncipe Tamin, creó su poderosa televisión Al Yazira, que hasta hace poco tiempo encandiló amplias audiencias árabes desde el Atlántico hasta al Golfo, y trenzó una increíble red de relaciones internacionales con Estados Unidos e Israel por una parte, e Irán, los palestinos, Hamas y las naciones europeas por otro. En Doha, los talibanes afganos también cuentan con su oficina de representación.

Con la diplomacia del talonario, Qatar ha logrado nombrar un secretario general de la Liga Árabe, de tradicional ineficacia, para dictarle sus consignas sobre Siria. Testigos presenciales han contado como el príncipe Hamid Ben Yasin el Thani, anterior primer ministro y ministro de Exteriores, trató de sobornar con un sobre al jefe de la diplomacia rusa para que no ejerciese el derecho de veto en el Consejo de Seguridad en el tema de Siria. "La Liga Árabe -dice un diplomático egipcio- está secuestrada por los qataríes".

Durante mi estancia a finales del pasado año en Doha, invitado a una conferencia sobre el futuro de la causa palestina, no podía apartarme de la mente, cuando deambulaba por los salones del suntuoso hotel, o visitaba los lujosos barrios de flamantes rascacielos, con sus paredes de cristal iluminadas de noche, las imágenes del horror de la guerra siria, de los atroces combates entre el ejército y los rebeldes estipendiados con petrodólares, que han destruido ciudades de gloriosa historia como Alepo, ensangrentando y devastando un país pobre.

La peligrosa intervención qatarí en Siria ya le costó en marzo un grave enfrentamiento diplomático con su gran vecina Arabia Saudí, que, atemorizada por las consecuencias de fomentar el casos en aquel desgraciado país, corazón de Oriente Medio, declaró a los yihadistas del Estado islámico y del Frente Al Nusra "organizaciones terroristas". La tardía decisión saudí trata de evitar que el retorno de los fanáticos combatientes, como ocurrió tras la guerra de Afganistán contra los soviéticos, provoque acciones subversivas que pongan en entredicho la dictadura monárquica de Riad.

Qatar, confiado, poderoso, pero frágil, juega con fuego...

La brutalidad de la decapitación removió las conciencias de algunos líderes occidentales. El primer ministro británico, David Cameron, suspendió las vacaciones tras admitir el inequívoco acento británico del verdugo de Foley y considerando que la situación afecta a la seguridad nacional (véase recuadro en la página anterior). El presidente francés, François Hollande, propuso celebrar una conferencia internacional sobre la seguridad en Iraq, advirtiendo que el peligro que supone EI es mayor que el que representaba Al Qaeda en el 2001. "No podemos bloquearnos con el debate sobre si hay que intervenir o no", declaró Hollande, dijo.

Alemania e Italia se han mostrado dispuestos a suministrar armamento a las fuerzas kurdas e iraquíes que combaten a Estado Islámico, aunque la intervención más sorprendente vino del ministro alemán Gerd Müller: "Hemos de preguntarnos quién está armando y financiando las tropas de Estado Islámico", señaló, y él mismo respondió sin ambages: "La palabra clave es Qatar". La acusación no podía ser más directa y menos comprometida para los países, las organizaciones de países occidentales que sucumben a la tentación de los petrodólares.

Estado Islámico, la organización, liderada por Abu Bakr el Bagdadi, fusionada con Al Qaeda de Iraq ha reclutado miles de yihadistas, algunos procedentes de Europa y Estados Unidos...

22/21-VIII-14, T. Alcoverro/J. Barbeta, lavanguardia