Pedro Sánchez o la democracia de espectadores (y, encima, el espectáculo es malo)

En su gira mediática, Pedro Sánchez no deja de repetir que, además de guapo, es doctor y profesor de economía, que ha estado en paro y que dejó temporalmente la política abrumado por sus corruptelas y la generación tapón que impedía el relevo generacional. La otra noche aseguró en El hormiguero que ha regresado a ella para "cambiar la política". Es encomiable la elevada aspiración del flamante secretario general de PSOE, más cuando hoy difícilmente logramos cambiar una coma de nosotros mismos. El punto fuerte de Sánchez ha sido su intrepidez para lanzarse a la arena. ¿El débil? su inconsistencia. Podría ser un estilo Suárez -apuesto, amable, educado- pero para eso tendría que desmontar el viejo PSOE como Adolfo finiquitó el franquismo.

En un mundo en el que los conceptos aspiración y cercanía han trascendido sus propios límites, hay que sustituir la metáfora por un rostro. El pasado miércoles, mientras Pablo Motos entrevistaba a Sánchez, en la pantalla de detrás aparecían imágenes de Pablo Iglesias, consiguiendo un plano superpuesto de ambos. Es evidente que el socialista ha aprendido la lección del profesor Iglesias: hay que estar en todos sitios a todas horas, lograr que el ciudadano de a pie conozca al menos tu cara, si no tu discurso. Ya sea entrando en directo para condenar el toro de la Vega en Sálvame -con una media de millón y medio de espectadores- o aguantando bromitas de las marionetas de El hormiguero -más de dos millones-. La nuestra es una democracia de espectadores, así que, hoy más que nunca, hay que tener a los medios como aliados cuando la poderosa empatía ha suplido al contenido ideológico. Los asamblearios de Podemos siguieron a pies juntillas el mandato leninista de infiltrarse en los medios y aprovecharse de ellos para lanzar un "mensaje populista" que, según Sánchez, da "soluciones falsas a problemas reales". En su caso, la lógica de convertir el puerta a puerta en share a share se construye sobre una relectura de McLuhan: El personaje es el mensaje.

20-IX-14, J. Bonet, lavanguardia