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"El sistema educativo aborrega a la población", Luis Iván Cuende

Luis Iván Cuende, innovador tecnològic. Tengo 18 años. Nací en Oviedo y vivo en Madrid. Tengo el título de la ESO. Mi política es la libertad. A la mayoría de nosotros nos importa muy poco nuestra libertad, vivimos en un sistema muy opaco y tenemos una falsa sensación de control. Suelo ser ateo.

Desde que a los 12 años decidió crear su propio sistema operativo no ha dejado de emprender. Por el camino ha aprendido del éxito y el fracaso sin rendirse. Hoy es un joven con una visión agridulce pero muy realista de nuestra sociedad que expone en Tengo 18 años y ni estudio ni trabajo: ¡monto empresas y vivo haciendo lo que me gusta! (Gestión 2000). "Entendí que llevaba años siendo alienado por un sistema educativo totalmente obsoleto que minó mi creatividad e ilusión durante años; que los valores comúnmente inculcados en nuestra sociedad ya no valen para este siglo". Es premio al mejor programador joven de Europa (2001) en Berlín y asesor de la vicepresidenta de la CE.

Cuándo montó su primera empresa?

A los 12 años.

¿Quería ser mayor?

Supongo. Mi infancia fue triste. Recuerdo el desagradable sentimiento de tener que acatar lo que me decían y cierta marginación: no me gustaba el fútbol ni la programación infantil de la época, no tenía tema de conversación.Mis intereses eran otros. Pero no daba guerra, me reprimía y tiraba para delante.

¿Y qué montó?

Asturix, un sistema operativo libre y gratuito. Quería que el Gobierno de Asturias se ahorrara millones de euros, y aunque mi idea compite hoy con Microsoft y Apple y circula por veinte países, se rieron de mí.

Creía que el Gobierno promovía a los emprendedores.

Yo también, pero ni siquiera conseguí que alguien me recibiera. Ninguna institución publica me ayudó. La segunda empresa la monté con 15 años, se llamaba Holalabs, un escritorio en el que podías tener sincronizadas todas las aplicaciones sin tener que depender de ningún servidor. Pero salió mal.

¿Por qué?

El tema se me subió a la cabeza.

A los 17 lancé, con un amigo, una tarjeta de fidelización a través de móvil, Cardwee, que finalmente vendimos a una empresa de marketing. Y un banco de moneda virtual por internet que se ha quedado en el aire. En noviembre lanzaré una nueva plataforma.

¿Ha pedido algún crédito?

No. Mis padres me daban dos euros por semana. Ahorrando pude comprar un par de dominios.

¿Qué le revienta?

La pasividad de la sociedad, la poca importancia que se da, por ejemplo, al hecho de que nuestros propios gobiernos nos espíen. Y el sistema educativo, aunque quizás han conseguido lo que querían: aborregar a la población.

¿Qué recuerda de las aulas?

El aburrimiento, la sensación de pérdida de tiempo. Cualquiera que esté un par de horas en la gran mayoría de las aulas de este país se dará cuenta del lamentable estado del sistema educativo.

Hábleme de su experiencia.

La creatividad no se valora en las escuelas, impera la pasividad de la memorización. No hay comunicación entre profesor y alumnos: el adulto habla y el niño escucha y asiente... ¡Así no se crean mentes libres!

Tiene usted razón.

¿Tiene sentido ceñirse hoy día a un ente estático (un libro, un programa) para algo tan dinámico como debería de ser la educación? Es como las asignaturas, los colegios progres hacen ver que conectan unas con otras. Pero no. Y ya sabemos que para innovar es necesario conectar conocimientos.

¿Qué me dice de la tan cacareada educación personalizada?

Falso. Al diferente, al que se sale de los esquemas, lo desechan. El sistema quiere formar trabajadores que ejecuten, sigan la vía trazada, y no piensen ni creen.

¿Ha descartado ir a la universidad?

Sí, porque hoy día la inmensa mayoría de los profesores no pueden enseñarte más que internet si tu búsqueda es activa.

¿Cuál es su filosofía de vida?

Intento hacer lo que quiero, aprender y compartirlo. Me interesan proyectos como el bitcoin, la moneda digital, técnicamente impecable, pero sobre todo su faceta ética: que la gente pueda tener su propia moneda sin depender de bancos y gobiernos.

Entiendo.

La libertad es el valor al que aspiro. Creo que, si somos libres, tenemos la posibilidad de ser felices.

Su primera charla la dio con 13 años.

En la Universidad de Oviedo. Me chocó que hombres de treinta vinieran a escucharme para reírse de mí. Tengo mi club de trolls, gente que me odia, y eso me demuestra que algo hago bien.

Defíname hacker.

Somos personas creativas que pensamos que si sabes cómo funcionan las cosas, puedes mejorarlas, en especial el software. La información y el conocimiento deben ser libres. De hecho, soy un defensor de Julian Assange, lo considero un héroe. Wikileaks nos abrió los ojos de este sistema alienante.

Lo está pagando caro.

No deberíamos permitirlo. Lo que hizo Edward Snowden al publicar los programas de vigilancia masiva de la NSA fue un acto de valentía que deberíamos agradecerle, pero permitimos que lo consideren un criminal. ¿Cuántos genios revolucionarios han sido avalados por el sistema?

Con los años los reivindican.

Sí, como a Darwin, que no paran de hacerle homenajes, pero en su día se rieron de él.

Le veo muy derrotista.

Vivimos bajo la autoridad del 1% de la población, en algunos países preferimos pensar que tenemos democracia: no es cierto, trabajamos para unos pocos que se enriquecen de manera vergonzosa. Pero ya nos está bien, tenemos el fútbol y el consumo.

¿Cómo se imagina a los 50?

Libre.

1-X-14, Ima Sanchís, lacontra/lavanguardia