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"Redes sociales: vigilancia, censura y propaganda", Ievgueni Morozov

Evgeny Morozov no destaca por su cordialidad. Rehúye la mirada y cuando se discrepa con él se exalta y grita. Su carácter agrio trasluce en sus escritos, tanto personales como profesionales. En su cuenta de Twitter ha dejado este epígrafe: "Hay tontos útiles, mira a tu alrededor", y acusa a los que le siguen de no captar el "sarcasmo latente" de sus ingeniosos comentarios. Pero este bielorruso de sólo 30 años parece ser un gruñón necesario, afirman incluso sus más acérrimos detractores. Pese a que la mayoría de los artículos que publica en diarios de todo el mundo son pequeñas variaciones del mismo discurso, ha conseguido construir una teoría que desmonta los mitos sobre internet y el negocio de la tecnología.

El jueves estuvo en Barcelona, donde participó en el ciclo de conferencias Futur(s), organizado por el Ateneu Barcelonès y la Obra Social La Caixa. ¿Y cómo es el futuro según Morozov? Distópico, una sociedad controlada por la "mafia" de Silicon Valley, donde los regímenes totalitarios acrecientan su poder gracias a la conexión y las redes sociales y la población sucumbe ante tontadas tecnológicas. Alienados pero felices. Menos él.

"El problema es la estructura de la red, la manera en la que ahora está establecida internet y en como hemos decidido organizar la comunicación, implicando a empresas de Silicon Valley que lo saben todo sobre nosotros, cómo hablamos, cómo nos reunimos, pronto cómo conducimos o cómo cocinamos. Ahora Google ha pasado al campo de los coches inteligentes, detectores de humos inteligentes en tu baño o cocina y gafas inteligentes. Ellos quieren estar presentes en todos los aspectos de la realidad, y lo hacen buscando su único beneficio económico. Quieren saberlo todo sobre nosotros. Toda nuestra vida está en venta". Morozov acaba la frase mirando al infinito.

Este investigador de las implicaciones políticas y sociales del uso de la red ha plasmado sus análisis en dos libros. En The net delusion (2011) refuta la creencia extendida de que las redes sociales fomentan el cambio político en todo el mundo. Al contrario, afirma, contribuyen a la construcción de una suerte de Stasi digital donde los mayores beneficiarios son los regímenes opresores. "Si hay protestas y manifestaciones, esto amenaza al régimen. Y entonces limitan el acceso a la red o a la información para cortar la protesta. Pero una vez la rebelión se diluye con la ayuda del ejército, el estado o el régimen quieren controlar a esta masa de gente que amenaza el estatus quo. Y el flujo de información que se produce a través de las redes sociales proporciona una cantidad ingente de datos sobre ellos". Espiar, pues, nunca resultó tan fácil. El discurso oficial define las redes sociales como un instrumento que permite la organización desde la base y la presión al poder. Morozov sólo ve herramientas que facilitan la santa trinidad del autoritarismo: vigilancia, censura y propaganda -él tiene una cuenta en Twitter; en Facebook, no-. El ocaso de las primaveras árabes o la fallida "revolución" iraní del 2009 -bautizada como revolución Twitter- sustentarían esta tesis, según sus seguidores. ¿Qué cambios políticos o sociales han provocado realmente las redes sociales? ¿Dónde está su efecto liberador?

Otro episodio que reforzaría su discurso es el del espionaje masivo perpetrado por la NSA. Y aquí entra en juego su blanco predilecto: Google y empresas del estilo. En su segunda obra -To save everything, click here (2013)- sigue con su crítica del sistema internet y ataca todo lo que sale de Silicon Valley. El leitmotiv del libro: creerse que internet o las tecnologías lo solucionarán todo es de tontos, si no perverso. Aparte de los grandes buscadores, redes sociales y otros negocios, destroza conceptos como las smartcities, el crowdfunding, la gamificación o las conferencias TED -pese haber participado en ellas-. "Internet no es un fenómeno con su propia lógica, sino que se acomoda a las relaciones sociales y políticas preexistentes". señala. Por lo tanto, no mejora nada per se.

Y en este contexto, empresas como Google sacan provecho, fagocitando el valor de otros modelos de negocio con la complicidad -por pasivos- de sus usuarios. ¿Qué hacer? Aparte de ser escéptico y ejercer de troll tecnológico, Morozov no propone soluciones o alternativas. Quizás se podría empezar cambiando de buscador -arriba, ideas-.

28-IX-14, M. Gutiérrez, lavanguardia