9N, el termómetro del secesionismo catalán

9N 2014 Tu participes Tu decideixesEl 9-N puede ser muchas cosas: un desahogo social, un proceso participativo, una consulta informal, un simulacro político... Pero también puede convertirse en un involuntario e imprevisible termómetro de la verdadera fuerza del soberanismo ante cualquier proceso electoral legal cuyo dilema básico se ciña a la relación entre Catalunya y España. Sobre todo si esa hipotética cita con las urnas fuese un referéndum, cuyo resultado no sufriría las distorsiones del sistema electoral.

Dicho de otro modo: contar votos es más fácil que contar manifestantes. Y justamente eso es lo que podría permitir la consulta virtual del próximo 9 de noviembre, pese a las distorsiones en el censo y al carácter informal del procedimiento. Algo así como una excursión al futuro para conocer la exacta dimensión electoral del independentismo en las urnas. Y, de hecho, no hay que olvidar que en las anteriores consultas soberanistas de ámbito local, más del 90% de los votos emitidos se pronunciaron a favor de la independencia de Catalunya.

En consecuencia, lo previsible es que el próximo 9-N también acudan mayoritariamente a las urnas aquellos ciudadanos que apuestan por la ruptura con España. Ciertamente, esa circunstancia lleva a prever unos índices de participación bastante por debajo de los que se han registrado en los diversos comicios celebrados en Catalunya, incluido el último referéndum estatutario, que no alcanzó siquiera a movilizar al 50% de los catalanes en edad de votar (sobre un censo de alrededor de cinco millones y medio).

Ahora bien, en el caso del 9-N no todas las cifras de participación por debajo del 50% deberían considerarse un fracaso para el movimiento soberanista. Al contrario: incluso una participación ligeramente por debajo del 40% -teniendo en cuenta que la abrumadora mayoría de los inscritos apostaría por la independencia- sería un verdadero éxito para el soberanismo. Y algunas proyecciones lo reflejan con bastante claridad a partir de una pregunta clave: ¿cuántas papeletas afirmativas necesita cosechar el independentismo el 9-N para afrontar con garantías de victoria una cita electoral posterior?

La respuesta está supeditada a la tasa de participación que se produjera en esa futura cita con las urnas celebrada dentro de la legalidad. Por ejemplo, en un proceso electoral legal que registrase una participación superior al 55% (más de tres millones de electores) el voto soberanista difícilmente sería mayoritario si la consulta informal del 9 de noviembre movilizase a menos del 30% de los potenciales electores (por debajo del millón y medio de ciudadanos).

En cambio, si el 9-N lograse movilizaciones superiores al 35% de los ciudadanos en edad de votar, la extrapolación de los presumibles votos afirmativos (nueve de cada diez) sobre un proceso electoral legal ya vislumbraría posibles mayorías independentistas. Por supuesto, la clave sería siempre la participación en esa posterior cita electoral constitucional, pues hay que suponer que los votantes que se movilizaran entonces y no lo hubiesen hecho el 9-N, lo harían en su mayoría para rechazar la secesión.

A partir de ahí, las proyecciones son sencillas (ver gráfico). Por ejemplo, una movilización del 35% del censo (casi dos millones de personas), el próximo 9 de noviembre, brindaría al independentismo claras opciones de victoria en una cita electoral posterior con niveles de afluencia a las urnas ligeramente por encima de la media de las elecciones catalanas (60%). Pero si la participación creciera aún más (por ejemplo, hasta el 70%, lo que significaría una concurrencia a las urnas cercana a los cuatro millones de electores), el soberanismo sólo podría superar el listón del 50% de los votos si la consulta del día 9 movilizara a más de dos millones de ciudadanos (es decir, a casi el 40% del censo).

Finalmente, frente a índices de participación superiores al 75% en unas elecciones legales (como en las generales de 1993, 1996 y 2004, y que supondría más de cuatro millones de electores), la consulta del día 9 debería congregar a casi dos millones y medio de personas en edad de votar para que el independentismo se asegurase la victoria en ese futuro escrutinio legal. En realidad, con tamaña movilización, la independencia se impondría con más del 51% de los sufragios, incluso aunque fuese a votar el 80% del electorado, algo que sólo ha ocurrido en los trascendentales comicios de 1977 y 1982.

La excursión participativa del 9-N ofrecerá pistas sobre la magnitud de ese sueño catalán.

26-X-14, C. Castro, lavanguardia