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"Cinco preguntas sobre Bankia", Manel Pérez

¿Cuál era el objetivo de la gran operación de engaño y maquillaje urdida en torno a la creación y la colocación en bolsa de Bankia? En términos generales, fabricar una falsa imagen de solvencia del sistema financiero español en plena crisis de la deuda en la eurozona, con la economía en caída libre y bajo amenaza de intervención. La operación acabó provocando el efecto contrario, hasta el punto de que dos meses después de la intervención de Bankia, el Gobierno se sacó de la manga una nueva y polémica iniciativa, la Marca España, para contrarrestar sus negativas influencias.

¿Quiénes se beneficiaban del éxito de la operación? En términos políticos había muchos actores interesados en encubrir sus responsabilidades. Comenzando por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que se había retratado en Nueva York con aquella presuntuosa frase de que el sistema financiero español era "el más sólido del mundo", a su ministra de Economía, Elena Salgado que aquel mismo verano recomendó a sus compañeros de gabinete que se tomaran tranquilos las vacaciones. Ella se fue a los Dolomitas a hacer senderismo y tuvo que volver corriendo. Pero también al entonces líder de la oposición, Mariano Rajoy, avalador, con la cúpula madrileña del PP, del insensato proyecto político de crear la mayor caja de España, que por fuerza debía estar en Madrid, uniendo unas entidades de ahorro que tenían en común estar carcomidas por los malos créditos y ubicar mayoritariamente su sede en comunidades autónomas gobernadas por los populares. Pero no solo ellos. Con la colocación bursátil, se salvaba también la estrategia frente a la crisis aplicada por el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, claramente cuestionada por los mercados y, más en general, la leyenda de supervisor riguroso y modelo de referencia para el mundo que tenía la institución. No es simple coartada el argumento de Rodrigo Rato de que en el juego estaban todos.

¿Por qué salió adelante pese a la evidencia de que Bankia estaba prácticamente quebrada? En primer lugar, por la fuerza de la gran coalición de intereses que presionaba para que así fuera: Gobierno y oposición, Banco de España, grandes empresas (temerosas del golpe reputacional que supondría dar marcha atrás). Los órganos reguladores, como la CNMV, o fiscalizadores, como la auditora Deloitte, acabarían después sometidos a esa presión, poniendo una vez más de manifiesto un rasgo estructural de la institucionalidad española: la mediocridad y debilidad de los encargados de tutelar que las cosas se hacen de acuerdo con lo que estipulan leyes y normativas.

¿Por qué pensaban que podrían dar el golpe perfecto, es decir, no ser descubiertos colocando mercancía averiada? En primer lugar, al frente de la compañía estaba uno de los políticos españoles más conocidos en el mundo, Rodrigo Rato, ex director del Fondo Monetario Internacional, y, según sus comilitantes del PP, creador del último milagro económico español. La colocación permitía ganar tiempo y esperar que la economía se recuperase, reduciendo la presión sobre la deteriorada cartera crediticia de la entidad. Como alternativas en caso de que la coyuntura empeorase siempre se podría volver a recurrir al dinero del Estado (ya había inyectado más de 4.400 millones en el 2010) o ensayar operaciones de fusión que diluyeran las dimensiones del problema (los devaneos con La Caixa de finales del 2011 a principios del 2012 así lo atestiguan).

¿Por qué fracasó finalmente y se desencadenó la intervención? En primer lugar, nunca hubo una gestión seria de la entidad, ni antes ni después de la salida a bolsa. Más parecía una nave de aventureros preocupados por sus prebendas que un equipo gestor. Además, la evolución de la economía no dio tiempo. En los días que Bankia desembarcaba en bolsa, la recesión volvía a hacer acto de presencia y el nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, exigió a las entidades más recursos para cubrir el alud de insolvencias que se acumulaban en los balances de las entidades. Rato y los suyos intentaron maquillar aún más las cuentas, pero esta vez ya no fue posible.

7-XII-14, M. Pérez, lavanguardia