Podemos, o la práctica de los significantes vacíos

Catalunya es el único escenario político de la península Ibérica en el que diez partidos tienen plaza asegurada en el Parlamento. Convergència i Unió. Partido Popular. Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE). Esquerra Republicana de Catalunya. Iniciativa per Catalunya Verds-Esquerra Unida i Alternativa. Ciutadans. Candidatura d'Unitat Popular y Podemos. Un mosaico parlamentario que puede llegar a tener once piezas, si los socialistas disidentes que acaban de formar el Moviment d'Esquerres acuden a unas próximas elecciones en coalición con ERC. Un país con once partidos parlamentarios no es monolítico, uniforme y unidireccional. Ni es regido por el pensamiento único. Puede ser, eso sí, un país difícil de gobernar.

El décimo pasajero de la política catalana se presentó ayer en sociedad y lo hizo con gran éxito de público en Barcelona. Podemos llenó con creces el pabellón de la Vall d'Hebron. Tres mil personas en el interior de la antigua instalación olímpica y otras tantas en el exterior, con ganas de escuchar a Pablo Iglesias, líder indiscutible de la nueva formación. El partisano Iglesias, antiguo militante de la Unión de Juventudes Comunistas de España, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, eurodiputado desde el pasado mes de mayo, forjado como personaje público en las rudas tertulias políticas de la televisión comercial española. Podemos está dejando de ser un ectoplasma. Ha perforado la barrera del 20% en las encuestas y cuenta con una base social movilizada. Todas las encuestas coinciden en señalar que Podemos es hoy una fuerza política en rotunda fase ascendente. Lo que UPyD y Ciutadans/Ciudadanos no consiguieron en las elecciones europeas de mayo -abrir una fuerte brecha en el bipartidismo imperfecto español-, lo está haciendo Podemos con un discurso fuertemente centrado en la crítica social y con un lenguaje irreverente que habla de la "casta" con mayor desdén que los partidos comunistas del siglo XX cuando se referían a la "burguesía". Lenguaje para una nueva polarización social. La teoría de los "significantes vacíos o flotantes", divulgada por Ernesto Laclau, fallecido sociólogo posmarxista argentino, autor, entre otras obras, de un ensayo titulado La razón populista. Significantes vacíos o flotantes: conceptos útiles para la crítica social que admiten más de un significado y cuya elasticidad facilita la articulación política del malestar. Ejemplo: la dicotomía entre casta y gente,

Podemos es el partido de la "nueva izquierda" por el que están mostrando interés electores de centro y de derecha profundamente disgustados con el fuerte deterioro político y social de España después de siete años de crisis. Las tablas del último barómetro del CIS indican que sus potenciales votantes viven en las grandes ciudades, poseen un buen nivel de instrucción (estudios universitarios y secundarios en su mayoría), son más jóvenes que ancianos, aunque muy repartidos entre los diversos grupos de edad, y muestran una gran transversalidad social.

No es una corriente obrerista. Su influencia en las zonas agrarias de la España meridional es reducida. El Partido de la Ira Urbana. Un partido dirigido por lectores de Antonio Gramsci (filósofo marxista italiano que prestó gran atención al concepto de hegemonía cultural), sin símbolos que remitan al pasado, sin hoces ni martillos, sin banderas republicanas -atención, sin banderas republicanas-, que amenaza con desbordar al PSOE, trasladando a España la nueva mitología griega. Syriza, la corriente anti-austeridad que propone una renegociación de la deuda con un lenguaje de choque con Alemania, después de haber desmochado al Pasok, fundado en los setenta por la dinastía Papandreu, hoy agotada.

Syriza, alejada del viejo partido comunista griego, parece haber leído todas las novelas de Petros Márkaris, autor de relatos policiales con fuerte carga social. Podemos, alejada del deshidratado Partido Comunista de España, rindió ayer homenaje en Barcelona a Manuel Vázquez Montalbán, novelista policial de éxito y referente de la izquierda catalana de los años setenta y ochenta. Un hombre del PSUC.

Podemos saja las encuestas, tiene al PSOE de los nervios y cada vez recibe más ataques del PP, interesado en partir en dos el electorado de izquierdas y reservarse el papel de polo moderado: "O nosotros o el caos".

Podemos se suma al mosaico catalán y acentúa la competición. PSC e ICV-EUiA le temen. Ciutadans, también. La CUP se ve obligada a defender su espacio. (Iglesias lanzó ayer una afilada pulla al simbólico abrazo de David Fernández y Artur Mas tras el 9-N). Y ERC ve cómo se le complica su penetración en el área metropolitana de Barcelona, imprescindible para convertirse en el nuevo pal de paller, en sustitución de CiU. Podemos acentúa el temor de ERC a la lista unitaria.

El décimo pasajero lo remueve todo y en CiU gana fuerza una reflexión: ¿Es este el momento de convocar elecciones si no hay lista unitaria?

22-XII-14, E. Juliana, lavanguardia