padres y maestros, contra la libertad y el respeto entre sexos

Muchos se han sorprendido: el 33% de los jóvenes consideran aceptable o inevitable controlar a la pareja, hasta el punto de impedirle que vea a su familia o amigos, no permitir que trabaje o estudie, o decirle las cosas que puede hacer o no. Los datos salen de un estudio que ha elaborado el CIS sobre la violencia de género y la adolescencia y la juventud...

Diría que ni los sociólogos, ni los pedagogos, ni los tecnólogos tienen la respuesta que puede sacarme de la profunda inquietud que me provoca pensar que el nuevo cavernícola es un adolescente de 16 años que, móvil en mano, se dedica a controlar los chats de la novieta de turno y a prohibirle que se conecte. Es la inquietud de comprobar que determinados mensajes positivos que remarcan valores de igualdad y respeto (y sobre los cuales el consenso social es casi unánime) no llegan a una parte de las nuevas generaciones, que asume valores reaccionarios y rancios, multiplicados gracias a las tecnologías de la comunicación de más moderna factura. ¿Qué impide que determinados jóvenes españoles del siglo XXI no sepan todavía que la pareja no debe vivir enjaulada?

Salgamos de las escuelas un momento. Salgamos también de los medios, que siempre son el chivo expiatorio fácil cuando algo chirría. ¿Qué hacemos en las familias, cada día, para evitar esta nueva estupidez? ¿Qué hacemos, padres y madres, para anticiparnos al surgimiento del nuevo machista 2.0? ¿Sabemos transmitir actitudes que traduzcan un sentido vivido de libertad, igualdad y respeto o dejamos que el azar modele el futuro? ¿Somos capaces de detectar a tiempo los actos tóxicos y destructivos entre los que precisamente más queremos?

30-I-15, Francesc-Marc Álvaro, lavanguardia