"realities": una apología de la ignorancia de devastadoras consecuencias políticas
El dato era en sí mismo noticia. Gran Hermano VIP, publicitado como GH VIP, lograba el pasado jueves ser el programa de televisión más visto de la jornada, con una cuota de pantalla del casi el 30% y unos cuatro millones de espectadores. No era una excepción, pues desde que Telecinco ha vuelto a poner este reality en antena es uno de los espacios con más audiencia. Otro reality como Adán y Eva, de Cuatro, ha logrado durante su emisión (se prepara ya un casting para una segunda temporada) superar también la barrera del 15% de cuota de pantalla. Más ejemplos: ¿Quién quiere casarse con mi hijo? (12,4%), de Cuatro, o Mujeres, hombres y viceversa (14,5%), de Telecinco, mantienen el tipo en la parrilla de programación.
Una primera lectura confirma que no sólo este tipo de programas que explotan la, digamos, parte más morbosa y vulgar de los protagonistas, siguen arrasando; sino que, en casos como GH VIP, parecen incluso recobrar fuelle, resucitar, a pesar de sus muchos años en antena. Y a continuación es obligado preguntarse ¿cómo es posible?, ¿cuáles son las claves de su éxito?Gloria Saló, experta en formatos de televisión y autora del libro ¿Qué es eso del formato?, señala que "la televisión es evasión, y que no hay mayor evasión que ver a unos cuántos personajes en su día a día prefabricado". Razona que es esta mezcla entre "voyeurismo e hipnotismo con morbo" atrae a un público ávido de "olvidarse de los problemas, de distraerse". Y concluye que el reality es un género que hace de la realidad "un espectáculo televisivo, muestra a los personajes participantes con sus grandezas y sus miserias, y el espectador es un privilegiado que puede mirar a través de la cerradura sin ser visto". Gerard Imbert, catedrático de Comunicación Audiovisual de la UCM, profundiza en la idea: "hay una demanda en la audiencia de reconocimiento, de confirmación de las identidades, obviamente de identidades prestadas, engendradas por y desde el medio, de acuerdo con los imaginarios actuales, en particular todo lo que gira en torno a la ostentación del cuerpo y su utilización como signo de identidad".
Los especialistas también se remiten al origen de los realities para ofrecer más razones de este "resurgimiento". Estos programas, como género, llegaron a España en la década de los años 90, pero fue en el año 2000, con la aparición de Gran Hermano, cuando se confirmaron como alternativa a los otros géneros televisivos. Hubo un momento, como señala Gloria Saló, en el que llegó a hablarse del "final de la ficción" por el empuje de los realities. Pero no fue así. Lo que sí es cierto es que el mercado internacional de la no ficción anda escaso actualmente de ideas y de presupuestos, y este tipo de programas no son tan costosos como la ficción y, como GH VIP, suelen ser fórmulas ensayadas.
Mariola Cubells, experta en televisión y autora del libro ¿Y tú qué miras? apunta a que a la audiencia, en los últimos años, "se la ha educado en este formato, a aceptar como normal ver ligar a desconocidos, perder el tiempo en una casa, desnudos; de tal manera que una parte importante de la audiencia se ha acostumbrado a la mirada de un determinado formato". Y añade que "son programas fáciles de ver, que no requieren esfuerzo intelectual". Pero advierte que depende mucho de cada cadena: "Hace tiempo que lo vengo diciendo, las cadenas generan costumbre y un determinado tipo de público. En el caso de TV3, por ejemplo, no le hace falta recurrir a lo vulgar para tener audiencia".
El análisis teórico de estos programas no es nuevo, y existe abundante literatura académica que ha intentado explicar cómo el ser humano puede entretenerse viendo a otras personas existir, es decir, sin ofrecer nada más que conductas primarias: dormir, lavarse, comer, ligar, relacionarse, etcétera. La catedrática de lingüística de la UV y experta en neurolingüística Beatriz Gallardo Paúls observa, al respecto, que estos espacios intentan dar naturaleza de espejo "a lo que no deja de ser una mentira, un simulacro, por rescatar un término que Baudrillard desarrolló hace décadas". "Lo que también está claro es que al telespectador dejó de importarle la mentira hace ya muchísimo tiempo (ni en la política), lo que importa es formar parte del mundillo, de la realidad (televisada)", añade. Y alerta que estos espacios son un instrumento de perpetuación "de modelos estereotipados, especialmente los negativos sobre relaciones interpersonales, sobre el retroceso en igualdad y los valores machistas tranquilamente asumidos por nuestros niños y adolescentes". Mariola Cubells, en esta cuestión, es contundente: "Estos programas hacen apología de la ignorancia". Razona esta experta que "es muy peligroso y perverso que lo vulgar triunfe". Porque, añade, lo vulgar "adquiere un valor" y, además, "se paga muy bien": "Es terrible -añade- que un personaje pueda ganar en una semana más que el presidente del Gobierno; y encima la gente lo aplaude". "Hay comportamientos, expresiones, actitudes, que directamente atentan contra valores fundamentales de nuestra sociedad, pero eso parece importar poco". Y recuerda los comentarios racistas y homófobos de Los Chunguitos en GH VIP. Gloria Saló añade que con el reality "lo soez se transforma en simpático, lo cutre en curioso y lo vulgar en extravagante".
Todos los consultados reconocen, finalmente, que hay otro elemento que ayuda a reactivar este tipo de programas: las redes sociales. Impert comenta que "las nuevas tecnologías generan en este tipo de espacio una ilusión participativa". Es decir, la creencia que con un mensaje, un tuit o un comentario en Facebook alguien puede estar "colaborando", por ejemplo, a la conducta de Belén Esteban en GH VIP o a criticar a uno de los participantes en Mujeres, hombres y viceversa.
2-II-15, S. Enguix, lavanguardia
