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"Escenas de carnaval", Gregorio Morán

Resultat d'imatges de carnaval valle-inclánCómo hemos pasado de lo lúdico a lo ridículo es un proceso lleno de incógnitas que exigirían una explicación. Nos ayudaría a entender la estupidez dominante de lo político y socialmente correcto. Si yo observo perplejo una fila interminable de niños de parvulario, formados en parejas, cruzando las calles del Eixample barcelonés, ataviados con un mocho de fregona amarillo haciendo las veces de sombrero o postizo de cabellera, con caras de susto y enmarcados por supuestos profesores, maestros o pedagogos de pro, modernos por supuesto, lo primero que se me ocurre sería denunciarles por manipuladores de una de las fiestas más complejas de nuestra civilización. Los carnavales. ¡Qué cojones pintan los niños disfrazados de idiotas para regocijo de la estulticia de padres y maestros! Quizá la pedagogía se ha convertido en un juego perverso de adultos irresponsables.

No haría falta apelar a don Julio Caro Baroja para recordar que el carnaval fue históricamente la única fiesta cívica que sobrevivió desde la antigüedad. La única ventana de libertad frente a las instituciones religiosas y políticas. Lógico que fueran prohibidas por las autoridades franquistas desde el primer día y que a pesar de ello se consiguiera, a partir de subterfugios, que algunas sobrevivieran en condiciones de pálidos reflejos de los que habían sido. Ahora los carnavales los patrocinan los ayuntamientos, que como es sabido hasta ayer han sido las instituciones más corruptas de nuestra sociedad.

¿Para qué demonios necesitamos los carnavales en España si vivimos en un carnaval permanente?

21-II-15, Gregorio Morán, lavanguardia